La Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés) es la institución gubernamental responsable de coordinar la cooperación internacional estadounidense. Su misión es proporcionar asistencia humanitaria y promover el desarrollo en diversas áreas, incluyendo economía, salud, educación y democracia.
Fundada en 1961 por el presidente John F. Kennedy, USAID se creó para centralizar la ayuda exterior y reforzar la presencia de Estados Unidos en el mundo. A lo largo de más de seis décadas, la agencia ha trabajado en zonas de conflicto, crisis humanitarias y proyectos de desarrollo sostenible en más de 100 países.
¿Cómo funciona USAID?

El presupuesto de USAID proviene del Congreso de EE.UU., que cada año asigna fondos para programas de ayuda en el extranjero. En el año fiscal de 2023, manejó más de 40.000 millones de dólares, destinados a países como Ucrania, Etiopía, Jordania y Somalia.
La agencia canaliza su ayuda principalmente a través de Organizaciones No Gubernamentales (ONGs), organismos internacionales y entidades gubernamentales locales. Sus proyectos abarcan desde la entrega de alimentos en zonas de hambruna hasta el combate de enfermedades como el sida y la malaria.
Entre sus principales programas se encuentran:
- Asistencia humanitaria: entrega de alimentos, agua potable y refugio en zonas afectadas por conflictos y desastres naturales.
- Salud global: lucha contra enfermedades, formación de personal sanitario y provisión de medicamentos en países en desarrollo.
- Educación y democracia: distribución de libros de texto, fortalecimiento de instituciones y promoción de derechos humanos.
- Ayuda en conflictos: remoción de minas, asistencia a mutilados de guerra y reconstrucción de infraestructura.
Con más de 10.000 empleados, de los cuales dos tercios trabajan en el extranjero, USAID ha sido una pieza clave en la política exterior estadounidense, reforzando su influencia global y su cooperación con aliados estratégicos.
¿Por qué está en riesgo USAID?

Desde su regreso a la Casa Blanca, Donald Trump ha puesto en marcha un plan para reducir el tamaño del gobierno federal y recortar el gasto en cooperación internacional. Como parte de esta estrategia, ha cuestionado la eficacia de USAID y ha insinuado que la agencia podría desaparecer o ser absorbida por el Departamento de Estado.
Elon Musk, quien dirige el recién creado Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), ha calificado a USAID como una «organización criminal», aunque no ha presentado pruebas para respaldar esta afirmación. En su visión, el gasto en ayuda internacional debería ser redirigido a asuntos internos de Estados Unidos.
El secretario de Estado, Marco Rubio, confirmó que USAID será reubicada bajo su departamento y sufrirá una reducción de presupuesto y personal. Aunque aseguró que algunas de sus funciones seguirán activas, enfatizó que toda acción debe estar alineada con la política exterior del país.
Consecuencias del posible cierre

Si USAID desaparece o ve su presupuesto drásticamente reducido, el impacto se sentirá a nivel mundial. Estados Unidos es el mayor donante de ayuda humanitaria y cualquier recorte afectará la seguridad alimentaria, la asistencia médica y la estabilidad en regiones en crisis.
Organizaciones internacionales han advertido que esta medida podría poner en riesgo los derechos de millones de personas. Paul O’Brien, director de Amnistía Internacional en EE.UU., calificó la situación como un «terremoto» en el sector humanitario.
A pesar de la incertidumbre, Trump y Musk enfrentan un obstáculo legal: USAID fue creada por ley en 1961 y su estatus fue reafirmado en 1988. Para eliminarla completamente, sería necesario el respaldo del Congreso, lo que podría generar una disputa legal y política.
Por ahora, la agencia se encuentra en espera de la revisión de 90 días ordenada por Trump. Su destino sigue siendo incierto, y el mundo observa con atención qué ocurrirá con una de las mayores instituciones de cooperación internacional.