Musk. AP

Año 2014, Elon Musk llevaba un tiempo dándole vueltas a la idea. Sus cinco hijos acudían a la prestigiosa escuela Mirman de Los Ángeles, pero el hombre detrás de compañías como Tesla o SpaceX no estaba conforme con sus métodos. ¿Solución? Musk funda una misteriosa escuela para sus hijos.

Han pasado tres años desde entonces, y los detalles que se tienen sobre su escuela Ad Astra (“hacia las estrellas” en latín) situada en algún punto en el sur de Los Ángeles, siguen siendo escasos. Esta semana la BBC ha entrado en contacto con algunos miembros del centro, pero el secretismo y la información con cuentagotas sigue siendo la tónica.

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Volviendo al 2014, a Musk directamente no le gustaba la enseñanza en la escuela de sus hijos, así que teniendo dinero y medios, se hizo su propia escuela. Un año después, en el 2015, el CEO de Tesla dio una entrevista a Beijing Television y hablaba por primera vez abiertamente sobre la misma: 

Efectivamente, no hay calificaciones, en lugar de tratar a la escuela como una cadena de montaje, creo que tiene más sentido atender la educación para que coincida con tus aptitudes y habilidades. La escuela cuenta actualmente con 14 niños y aumentará a 20 en septiembre.

Algunas personas aman el inglés o los idiomas. Algunas personas aman las matemáticas. Algunas personas aman la música. Diferentes habilidades, diferentes tiempos.

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Musk explicaba entonces que por eso sacó a sus hijos e incluso contrató a uno de los profesores en Mirman para que comenzara en Ad Astra. “No vi a las escuelas regulares haciendo las cosas que pensé que debían hacerse”, comentó. Según el empresario, veía un defecto fundamental en la forma en que las escuelas enseñaban sobre la resolución de problemas:

Es importante enseñar a resolver problemas, o enseñar el problema y no las herramientas. Digamos que estás tratando de enseñarle a la gente cómo funcionan los motores. Un enfoque más tradicional sería decir: ‘Vamos a enseñar todo sobre destornilladores y llaves inglesas’. Esta es una forma muy difícil de hacerlo. 

Imagen: Wikimedia Commons

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En cambio, Musk comentaba que tenía más sentido darle a los estudiantes un motor y luego trabajar con ellos para desmontarlo. “¿Cómo vamos a desarmarlo? Necesitas un destornillador. Para eso está el destornillador”, explica Musk. “Y luego sucede algo muy importante: la relevancia de las herramientas se hace evidente”.

La entrevista finalizaba con el empresario comentando que “la escuela va bien hasta ahora, a los niños les encanta”, y a partir de entonces, silencio. Desde la entrevista de 2015, no ha hablado públicamente sobre Ad Astra, y las familias en la escuela se han mantenido igual.

Además, Ad Astra no tiene un sitio web público (hubo una web a la que solo podían acceder los padres de los alumnos, pero ya no está disponible), número de teléfono o referencia de los administradores y maestros que trabajan en ella.

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La web que existió solo para los padres de los alumnos. BBC

A mitad del año pasado, en 2017, Peter Diamandis, presidente de la X Prize Foundation, realizó una gira por Ad Astra y compartió algunas exclusivas con los medios sobre el “espíritu de la escuela”. El acceso exclusivo de Diamandis a Ad Astra probablemente se debió al hecho de que Musk formaba parte del consejo de administración de X Prize. Según explicó Diamandis en el Huffington Post:

Un elemento que es persistente en esa pequeña escuela de 31 niños es la conversación sobre la ética y la moral, una conversación que se manifiesta debatiendo escenarios del mundo real que nuestros hijos pueden enfrentar algún día.

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Luego pasó a dar un ejemplo sobre una pregunta que los profesores planteaban a los estudiantes:

Había hay un ejemplo del tipo de juego de rol que escuché en Ad Astra, una que podría implementarse en un módulo sobre moral y ética. Imagine una pequeña ciudad en un lago, en la que la mayoría de la ciudad es empleada por una sola fábrica. Sin embargo, esa fábrica ha estado contaminando el lago y matando a toda la vida.

¿Qué se hace? Se plantea que el cierre de la fábrica significaría que todos pierden sus trabajos. Por otro lado, mantener la fábrica abierta significa que el lago se destruye y muere. Este tipo de conversación/juego regular y rutinario les permite a los niños ver el mundo de una manera críticamente importante.

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Imagen: Wikimedia Commons

Con estas ideas Diamandis ofrecía más pistas sobre lo que Musk había ideado en el centro. En realidad, tiene su lógica, un tipo de cálculo moral y ético que se podría aplicar al propio Musk, quien ha hablado en más de una ocasión sobre la necesidad de pensar acerca de las ramificaciones éticas del avance de la tecnología. Por tanto, parece que Ad Astra tiene el mismo tipo de discusiones con sus estudiantes.

Esta semana la BBC pudo entrar en contacto con los responsables de la escuela, quienes accedieron a organizar una visita informal a cambio de que no ofrecieran la mayor parte de los detalles del encuentro. 

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Los periodistas pudieron constatar que la escuela existe y funciona. Al parecer, los niños no tienen que superar ningún test de coeficiente intelectual, como se ha insinuado en algunos medios. El método de admisión consiste en una visita donde interactúan con el personal, si el centro ve que el crío puede disfrutar y aprovechar el tipo de educación que dan, es admitido.

Por cierto, contrario a los rumores, los estudiantes que acuden a la escuela no son hijos de empleados de SpaceX. El resto de lo que ocurre en Ad Astra se mantienen en el más absoluto hermetismo. Musk ha dicho en más de una ocasión que todo lo que ha conseguido no tiene nada que ver con la escuela, “odiaba ir cuando era pequeño, era una tortura”. Así que es muy posible que exista algo de eso en la creación de ese centro hecho a la medida de sus hijos [Quora, BBC, Huffington Post]