La longitud máxima de los nemertinos, gusanos acelomados no segmentados, con cuerpo alargado y algo aplanado, es de casi 55 metros. Eso equivale al largo de dos ballenas azules, o 720 gusanitos de los que se comen como golosinas. Pero resulta que además son longevos.
Durante más de veinte años el gusano Baseodiscus el Mayor (B, abreviado) de poco más de 1 metro de largo, fue más un “viejo conocido” que un experimento para Jon Allen, biólogo en William & Mary. Hasta que a Allen se le ocurrió estudiar la genética de B.
Los biólogos sospechaban que los nemertinos como B, conocidos también como gusanos de cinta por su nombre en inglés – ribbon worms –, pero los registros de laboratorio anteriores registraban que vivían como máximo tres años. Sin embargo, Baseodiscus el Mayor, fiel a su nombre, estaba vivo desde hacía unos 30 años y sigue viviendo. El relato detallado de la historia de vida de B se publicó recientemente en un trabajo, en Journal of Experimental Zoology.
“Lo que esperamos es que el trabajo que llevamos a cabo aquí muestre que los miembros de este filo de gusanos no tienen una vida corta ni es un miembro efímero del entorno marino”, le dijo Allen a Gizmodo en un e-mail. “Más bien, son habitantes de ecosistemas bénticos (en el fondo) que viven décadas. ¡Hay que prestarles más atención!”.
La historia de B

Allen, estudiante de doctorado, adoptó a B en 2005 junto a una pecera llena de invertebrados olvidados. Durante los siguientes 20 años B acompañó a Allen en todos sus emprendimientos académicos “sobreviviendo humildemente en el lodo, conformándose con alimentarse de gusanitos del maní y descansando en los calmos y frescos límites de su pecera”, según W&M News.
Una vez al año B aparecía brevemente en alguna de las clases de otoño que Allen usaba para mostrárselo a sus estudiantes como ejemplo de las criaturas que estaban analizando.
“Baseodiscus es encantador”, le dijo Allen a Gizmodo. “Tiene un hermoso color rojo, piel suave, es muy flexible y móvil. Tiene aproximadamente un metro de largo, aunque por cierto si lo desea puede estirarse mucho más, por lo que es un excelente espécimen para enseñar”.
Una de las exalumnas de Allen, Chloe Goodsell, le preguntó cuántos años tenía B. Goodsell, que ahora prepara su doctorado en la Universidad de California, Irvine, tuvo la iniciativa de averiguarlo al enviarle a un importante experto en genética de gusanos un diminuto trozo de tejido de B, según explicó Allen.
Los resultados confirmaron que B es un nemertino de la especie Baseodiscus punnetti y que tiene al menos 26 años. Es un cálculo conservador, aclararon porque “es probable que B ya fuera un gusano de varios años cuando lo recogieron”.
Larga vida al gusano

En general es infrecuente que los científicos logren calcular la edad de los nemertinos. Pero en el caso de B – compañero de Allen durante tanto tiempo – se pudo hacer un cálculo estimado.
Con B como referencia, la ciencia podrá estudiar especies similares, en particular las que tengan características biológicas y fisiológicas comparables con la edad. Goodsell dice que las criaturas como B contribuyen al “crecimiento del conocimiento de lo que constituye la longevidad”.
Allen no sabe con certeza cómo será el futuro de B como animal de investigación, aunque este otoño el anciano gusano volvió a aparecer en una de sus clases. “Mi esperanza es que siga viviendo una larga vida en su pecera”, le escribió Allen a Gizmodo.