Saltar al contenido
Ciencia

Riñón de donante vivo

Hay muchos que temen donar un órgano, pero algunos investigadores afirman que no hay que temer.
Por Ed Cara Traducido por

Tiempo de lectura 7 minutos

Comentarios (0)

¿Donarías un órgano de los que tengas dos, para salvarle la vida a alguien? Probablemente no, según indican los números, ya que son muy pocos los donantes vivos.

Se puede ser donante vivo de riñón y – más recientemente – de hígado. Nuestros cuerpos pueden funcionar perfectamente con un solo riñón, y el hígado se puede regenerar (para el trasplante, los médicos solo toman una porción).

Si bien hay algunos riesgos a corto plazo – como en toda cirugía – y las complicaciones potenciales son infrecuentes, hay estudios que muestran que el donante de riñón en promedio vive tanto como lo habría hecho normalmente, y con casi ningún efecto a largo plazo sobre su salud (aunque hay estudios que sugieren posibilidad de mayor riesgo de sufrir hipertensión o diabetes). Además, el riñón de un donante vivo suele sobrevivir más tiempo en el receptor en comparación con el de un donante cadavérico, en algunos casos llegando a más de 20 años de duración.

Cantidad reducida

Aunque han aumentado los donantes vivos, todavía la práctica no es tan común. En EE.UU. cada año hay solo unas 6.500 personas que donan un riñón, de los aproximadamente 25.000 trasplantes que se hacen en total.

En diciembre pasado los autores Mario Macis y Elizabeth Plummer publicaron un artículo en JAMA Internal Medicine, buscando cambiar esa realidad.Plummer es profesor especializado en políticas de salud e impuestos en la Universidad Cristiana de Texas, y Macis es economista de aplicación en la Facultad de Negocios Johns Hopkins Carey. Su trabajo es un ensayo personal, que detalla la experiencia relativamente sencilla de Plummer al donarle un riñón a su prima en enero de 2024. Pero además, es una exploración investigativa de factores que desalientan a que la gente done mientras está viva.

Hablamos con ambos sobre los mitos y barreras que rodean a la donación de riñón en vida, y de cómo convencer éticamente a más personas para que imiten lo que hizo Plummer. La conversación ha sido resumida.

G: ¿Qué los impulsó a publicar este artículo?

P: Jamás había pensado en donar un riñón y toda la experiencia de donarlo me abrió los ojos, desde el inicio mismo. Fue como ver un mundo que la mayoría ni siquiera sabemos que existe. Hay mucha gente que necesita diálisis tan solo para mantenerse con vida, y la necesidad de donantes vivos de riñón es inmensa. Fue una oportunidad para crear conciencia y para que se comprenda mejor. El conocimiento de Mario del proceso y el sistema de la donación es sobresaliente. Nos pareció que formábamos un buen equipo.

M: Como economista siempre me interesó entender los mercados en los que hay escasez de algo. Es lo que sucede con la donación de sangre en muchos países, y con la donación de órganos en todo el mundo. Una de las razones más importantes de esa escasez es que en estos contextos no se permite que participe el mecanismo del precio debido a consideraciones éticas. Aunque la prohibición de las transacciones económicas en estos mercados es para proteger valores morales y prevenir la explotación, también acarrea costos significativos tanto en términos de vidas humanas como de ineficiencias en lo económico.

En el caso de la donación de riñón, la prohibición de compensación económica significa que la cantidad de órganos disponibles depende completamente del altruismo, y eso no basta para satisfacer la demanda. Como resultado hay decenas de miles de pacientes que siguen en lista de espera, y muchos de ellos morirán, o su enfermedad empeorará y ya no podrán recibir un trasplante. Desde el  punto de vista económico la escasez también impone una gran carga en los contribuyentes. Sin trasplante, la alternativa es la diálisis, que además de ser físicamente agobiante para el paciente es extraordinariamente cara, aunque Medicare cubre una parte importante del costo. Cada trasplante de riñón le ahorra al sistema de salud unos U$ 150.000 aunque las políticas que no solucionan la falta de incentivo económico para el donante limitan la cantidad de trasplantes efectuados.

Si se eliminara la prohibición de compensación económica, y no fuera un pago directo por el órgano, habría más riñones para trasplante y al mismo tiempo se respetarían los intereses éticos. Lo que me interesa es explicar estos dilemas de cómo la ética limita y da forma al mercado, qué consecuencias trae, y cómo pueden diseñarse políticas que equilibren mejor los intereses morales y la urgente necesidad de salvar vidas.

G: ¿Cuáles son las principales barreras que la gente tiene para ser donantes vivos, en su opinión?

P: La mayoría piensa en el pasado, cuando la cirugía era “peor para el donante que para el receptor”. Pero ahora la cirugía de donación es laparoscópica y la mayoría de los donantes permanecen en el hospital 2 o 3 noches. Aunque la experiencia es diferente para cada uno, yo tuve poco dolor y una semana después regresé al trabajo. Quienes tienen empleos con exigencias físicas, por supuesto, tendrán más tiempo para recuperarse.

Otro de los “mitos” es que hay que conocer al receptor y tienes que ser compatible. Pero no es así. Los centros de trasplante ahora pemitel la donación cruzada, una serie de trasplantes donde varios donantes y receptores participan. Por ejemplo, si mi riñón no hubiera sido compatible con mi receptor, podría haberlo donado a un desconocido y entonces mi prima habría recibido un riñón de un donante compatible. Los trasplantes cruzados pueden variar según el lugar, con lo que la cadena de donantes y receptores puede involucrar a varias personas. También puedes ser donante altruista, es decir, que no conoces a nadie que necesite un riñón. Solo quieres donar. Los centros de trasplante encuentran a un receptor compatible. Siempre habrá alguien.

También se cree que el donante tiene que ser joven. La gente de más de 60 años que está sana puede ser donante. De hecho, hay cosas a su favor. Muchos ya están retirados y no tienen que ocuparse de sus hijos. Sus probabilidades de enfermedad renal pueden ser más bajas que las de una persona más joven. Los equipos médicos para donantes evalúan con mucha atención si estás calificado para donar, pero la edad no necesariamente será un impedimento.

Y los equipos médicos que evalúan a los candidatos a donantes son independientes de los que evalúan a los receptores. Con eso se impide que haya presiones sobre el donante o su equipo médico. Varias veces el equipo médico me dijo que podía negarme a donar en cualquier momento y por cualquier motivo, y legalmente tienen prohibido difundir la razón por la que me negué.

G: ¿Qué pasos podrían dar quienes legislan, como el Centro de Asistencia al Donante vivo, para que haya más donantes vivos?

M: Eliminar las prohibiciones económicas a la donación en vida es algo esencial para aumentarla cantidad de trasplantes y reducir la escasez de órganos. Aunque para el receptor el seguro suele cubrir costos médicos y quirúrgicos, los donantes muchas veces tienen gastos como pérdida de ingresos, traslados, y cuidados posteriores. Son cargas económicas que pueden sumar decenas de miles de dólares, y desalientan a los potenciales donantes. Un sistema que fuera más abarcativo y eliminara estos desincentivos, haría que la donación de donantes vivos fuese un acto económicamente neutral que aseguraría que el donante vivo no tendría consecuencias económicas debido a su decisión.

Una reforma importante consistiría en ampliar los reembolsos y cubrir todo costo directo e indirecto de la donación, independientemente del nivel de ingresos del donante. Habría que ofrecer plena compensación por ingresos perdidos, cuidados posteriores y gastos de traslado sin restricciones según el nivel de ingresos (aunque podría excluirse a los donantes con muy altos ingresos). Aunque el pago directo por el órgano sigue siendo éticamente controvertido, reembolsar al donante los costos totales es algo que apoya tanto la comunidad de trasplantes como el público en general. Además, el donante debería recibir cobertura del seguro de salud que se extienda a futuras complicaciones relacionadas con la donación, protegiéndoles de la incertidumbre sobre los potenciales costos médicos (hay legisladores de EE.UU. que proponen que el donante tenga seguro de salud sin cargo de por vida).

Además, habría que reconocer otros aspectos como el dolor, la ansiedad, la incomodidad, tal vez con un crédito impositivo para reconocer el sacrificio personal. Los cálculos indican que cada trasplante de riñón les ahorra a los contribuyentes estadounidenses algo así como U$ 150.000. Si aumenta la cantidad de donantes vivos, se reduciría la cantidad de pacientes en diálisis, y eso llevaría a ahorros multimillonarios en Medicare, al tiempo de mejorar los resultados en la salud. Una política valiente que eliminara todo desincentivo económico mejoraría no solo las vidas de miles de pacientes que necesitan un trasplante, sino que les ahorraría dinero a los contribuyentes y fortalecería la eficiencia del sistema de cuidados de la salud. 

Y como hay acuerdo general en que el donante no debiera tener costos económicos, estos cambios estarían en línea con las consideraciones éticas y prácticas a la vez.

G: ¿Cómo está Elizabeth, y su prima?

P: Estoy perfectamente. Todo el proceso de donación parece haber sucedido hace mucho tiempo. Uno casi se olvida. No cambié mi estilo de vida, con excepción de que ya no debo tomar AINEs (p. ej. ibuprofeno o Aleve). ¡Y me encantaban! Y mi prima está perfectamente, o al menos su riñón lo está. ya no necesita diálisis, que le tomaba 12 horas cada noche y su esposo tenía que ayudarla. Se siente mejor y  más fuerte. Pero quienes necesitan un riñón suelen tener otros problemas de salud. Ella tendrá que tomar varios medicamentos por el resto de su vida (drogas para no rechazar el riñón, y antibióticos) y tiene consultas médicas con frecuencias para sus análisis. Pero hasta ahora, su cuerpo parece haber recibido bien el nuevo riñón. Y las dos estamos felices de que así sea.

 

Compartir esta historia

Artículos relacionados