Durante mucho tiempo, la imagen era bastante simple: un bloque gigantesco de hielo apoyado sobre roca sólida, lento, pesado y relativamente estable. Pero esa imagen acaba de romperse.
Lo que hay bajo el hielo no es lo que parecía

Un nuevo análisis del subsuelo de Groenlandia ha revelado algo incómodo: en muchas zonas, el hielo no descansa sobre una base firme. Descansa sobre sedimentos. Y no cualquier sedimento, sino capas blandas, húmedas y deformables que pueden alcanzar hasta 200 metros de espesor.
Ese detalle cambia completamente la historia. Porque donde antes imaginábamos fricción y estabilidad, ahora aparece algo mucho más parecido a una superficie resbaladiza.
Un “talón de Aquiles” que no se veía
Estos sedimentos actúan como un lubricante natural. Reducen el contacto entre el hielo y el suelo, facilitando que el glaciar se deslice hacia el océano con mucha más facilidad de la prevista. Y ese deslizamiento no es uniforme.
Las zonas donde predominan estos materiales coinciden con glaciares que ya se mueven más rápido, lo que sugiere que esta debilidad estructural está directamente relacionada con la aceleración del flujo de hielo. Es, literalmente, el punto débil del sistema.
Cómo mirar bajo kilómetros de hielo sin perforar
El hallazgo no proviene de perforaciones directas, sino de una técnica menos evidente: el análisis de ondas sísmicas. Cuando se produce un terremoto, las ondas que viajan por el interior de la Tierra cambian su velocidad dependiendo del material que atraviesan. No es lo mismo pasar por roca sólida que por sedimentos blandos.
Aprovechando esa diferencia, los investigadores analizaron datos de 373 estaciones sísmicas repartidas por Groenlandia. El resultado fue un mapa detallado del subsuelo glaciar. Y lo que mostró fue una base mucho más irregular de lo que se pensaba.
El agua: el factor que lo empeora todo
A esta debilidad estructural se suma otro elemento clave: el agua de deshielo. Durante los meses más cálidos, el hielo superficial se derrite y parte de esa agua se filtra a través de grietas hasta la base del glaciar. Allí ocurre algo importante.
El agua aumenta la presión y reduce aún más la fricción, haciendo que los sedimentos se vuelvan todavía más inestables. Es un efecto doble: el suelo ya es blando, y además se lubrica. El resultado es un sistema que responde al calentamiento mucho más rápido de lo que se esperaba.
Lo que cambia en las predicciones

Hasta ahora, muchos modelos climáticos asumían que el hielo de Groenlandia descansaba sobre una base relativamente uniforme y sólida. Esa suposición simplificaba los cálculos. Pero también los hacía menos precisos.
Si una parte significativa del casquete glaciar está apoyada sobre sedimentos deformables, entonces su capacidad de desplazamiento aumenta. Y eso implica que puede contribuir al aumento del nivel del mar más rápido de lo previsto. No es un detalle menor. Es un cambio en cómo entendemos la estabilidad de uno de los mayores reservorios de hielo del planeta.
Un sistema más frágil de lo que parecía
El hielo de Groenlandia no está simplemente derritiéndose desde arriba. También se está deslizando desde abajo. Y ese movimiento, invisible durante décadas, podría ser una de las claves para explicar por qué algunos glaciares se comportan de forma más dinámica de lo esperado.
A veces, el problema no está en lo que vemos. Está en lo que sostiene todo lo demás.