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Ciencia

Saltar para ganar hueso: la estrategia más simple contra la fragilidad en la edad adulta

Estudios recientes confirman que el entrenamiento con saltos puede aumentar la densidad ósea en adultos mayores y reducir el riesgo de fracturas. Aunque su efecto no reemplaza a los fármacos para la osteoporosis, expertos aseguran que, realizado con prudencia y progresión, es una herramienta poderosa para mantener huesos fuertes y activos.
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A medida que envejecemos, la pérdida de densidad ósea se convierte en un factor de riesgo que amenaza la movilidad y la independencia. Frente a ello, la ciencia propone un gesto tan sencillo como saltar. Investigaciones citadas por The Washington Post muestran que esta práctica, realizada de forma regular y controlada, estimula la formación de hueso nuevo en caderas y piernas, abriendo un camino accesible y efectivo para fortalecer el esqueleto.


Evidencia científica: pequeños saltos, grandes beneficios

Un meta-análisis con más de 600 participantes mostró que tras seis meses de entrenamiento regular con saltos, la densidad mineral ósea de la cadera mejoró en un 1,5%.
Otro estudio en mujeres premenopáusicas reveló que realizar entre 10 y 20 saltos dos veces al día, seis días a la semana, aumentó la fortaleza ósea en apenas cuatro meses.

Incluso en hombres de mediana edad con baja masa ósea, un ensayo de 12 meses comprobó que tanto el salto como el entrenamiento de resistencia aportaban mejoras significativas en densidad ósea.

Saltar para ganar hueso: la estrategia más simple contra la fragilidad en la edad adulta
© FreePIk

Recomendaciones prácticas

La profesora Pam Bruzina, de la Universidad de Missouri, recomienda entre 40 y 100 saltos por sesión, dos o tres veces por semana, alternando diferentes variantes: saltos en el sitio, desde una caja o laterales.
El secreto, según la especialista, está en las pausas: intercalar pequeños descansos maximiza la respuesta del hueso.

Antes de lanzarse a esta práctica, los expertos aconsejan fortalecer piernas, caderas y espalda con ejercicios de resistencia como sentadillas, zancadas o peso muerto. Este trabajo previo ayuda a absorber el impacto y protege las articulaciones.


Precauciones y contraindicaciones

El salto no es recomendable para todos. Personas con fragilidad, problemas de equilibrio o dolor articular deben evitarlo o realizarlo solo bajo supervisión.
En casos de osteoporosis diagnosticada, especialistas como Belinda Beck, de la Griffith University, insisten en que la práctica debe estar guiada por un profesional, ya que un mal aterrizaje puede suponer riesgo de fractura.

Quienes no toleren saltos pueden comenzar con alternativas de bajo impacto, como descensos de talón o ejercicios que imitan el gesto sin despegar ambos pies.

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Diferencias con otros deportes

Actividades como básquet, vóley o tenis, que implican saltos y aterrizajes constantes, generan un estímulo óseo mayor que caminar, nadar o andar en bicicleta.
Estas últimas son excelentes para el corazón y la resistencia, pero no aportan suficiente impacto para reforzar la densidad ósea.

Según la fisiológa Kerri Winters-Stone, lo ideal es combinar deportes de bajo impacto con sesiones específicas de saltos, para lograr un beneficio integral sobre el cuerpo.


Un esqueleto que nunca deja de aprender

Aunque la masa ósea alcanza su punto máximo en la juventud, los expertos coinciden: nunca es tarde para mejorarla.
La profesora Wendy Kohrt, de la Universidad de Colorado, asegura que el hueso mantiene siempre su capacidad de adaptación. Cada salto, incluso en la adultez, envía un mensaje claro al esqueleto: “fortalécete para resistir”.

Fuente: Infobae.

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