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Ciencia

Salvar una especie o proteger todo un ecosistema: el dilema científico que podría decidir qué animales sobrevivirán a la extinción

Ante la pérdida acelerada de biodiversidad, los científicos enfrentan una decisión difícil: invertir recursos en rescatar especies amenazadas o proteger ecosistemas completos. La ecología moderna utiliza criterios como la diversidad genética, el papel de cada organismo y la salud de los hábitats para determinar qué estrategias pueden evitar más extinciones.
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La biodiversidad del planeta atraviesa una crisis que obliga a los científicos a tomar decisiones cada vez más complejas. Con recursos económicos limitados y numerosas especies amenazadas, surge una pregunta fundamental: ¿es mejor salvar a un animal al borde de la extinción o proteger todo el ecosistema donde vive?

Durante décadas, importantes programas de conservación se concentraron en especies emblemáticas, como el panda gigante, el lince ibérico y el cóndor de California. Sin embargo, la biología de la conservación ha demostrado que proteger una especie no siempre garantiza su supervivencia si el entorno del que depende continúa deteriorándose.

Por eso, los investigadores utilizan diferentes criterios científicos para decidir cómo distribuir los esfuerzos de conservación y obtener los mayores beneficios posibles para la biodiversidad.

No todas las especies cumplen la misma función en la naturaleza

Uno de los factores más importantes es el papel ecológico que desempeña cada organismo.

Algunas especies son consideradas especies clave porque su desaparición puede provocar cambios importantes en el funcionamiento de un ecosistema. Un ejemplo conocido es el lobo en el Parque Nacional de Yellowstone, Estados Unidos.

Su reintroducción contribuyó a modificar las interacciones entre depredadores y herbívoros, con efectos sobre la vegetación y otras especies. Sin embargo, los cambios observados en el ecosistema también responden a múltiples factores ambientales.

Los científicos consideran que proteger organismos con funciones ecológicas importantes puede beneficiar indirectamente a numerosas especies.

Salvar una especie o proteger todo un ecosistema: el dilema científico que podría decidir qué animales sobrevivirán a la extinción
© Tarryn Grignet – Unsplash.

La genética puede determinar las posibilidades de supervivencia

Otro criterio fundamental es la diversidad genética de las poblaciones amenazadas.

Cuando quedan pocos individuos, aumenta el riesgo de reproducción entre parientes cercanos, pérdida de variabilidad genética y dificultades para adaptarse a enfermedades o cambios ambientales. Los especialistas utilizan herramientas como los análisis genéticos y los modelos de viabilidad poblacional para estimar el riesgo de extinción. Sin embargo, no existe una cantidad universal de individuos por debajo de la cual una especie esté inevitablemente condenada.

La supervivencia depende también de su capacidad reproductiva, las amenazas existentes y las posibilidades de recuperar su hábitat.

Proteger una especie puede salvar cientos de organismos al mismo tiempo

La conservación también utiliza el concepto de especies paraguas. Se trata de animales cuyas necesidades territoriales permiten proteger grandes extensiones de hábitat cuando se diseñan programas específicos para garantizar su supervivencia.

El jaguar, por ejemplo, necesita territorios amplios y conectados para mantener poblaciones saludables. Proteger esos corredores naturales también puede beneficiar a numerosas especies de plantas, aves, insectos y mamíferos que comparten el mismo ambiente.

Esta estrategia permite combinar la protección de una especie amenazada con la conservación de ecosistemas completos, aunque sus beneficios deben evaluarse en cada región.

Cuándo es más importante salvar el hábitat que una especie

Los científicos suelen priorizar la protección de ecosistemas cuando su degradación amenaza simultáneamente a numerosas especies.

La destrucción de un humedal, por ejemplo, puede afectar a peces, anfibios, aves migratorias y plantas acuáticas. Además, estos ambientes cumplen funciones esenciales para las personas, como almacenar agua, reducir inundaciones y capturar carbono.

En estas situaciones, proteger el territorio puede ofrecer beneficios ecológicos más amplios que concentrar todos los recursos en un único organismo. Sin embargo, existen especies tan amenazadas que necesitan intervenciones específicas, como programas de reproducción en cautiverio o recuperación genética.

La conclusión de la biología de la conservación no es que debamos elegir siempre entre especies y hábitats, sino que ambas estrategias deben complementarse.

El verdadero desafío consiste en identificar qué acciones tienen mayores posibilidades de preservar la biodiversidad antes de que las pérdidas sean irreversibles.

 

 

Fuente: Noticias de la Ciencia y la Tecnología.

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