En ecología, una solución puede funcionar perfectamente y seguir provocando un problema. Eso es exactamente lo que ocurrió en el oeste de Estados Unidos cuando las autoridades liberaron escarabajos del género Diorhabda para frenar al tamarisco, un árbol eurasiático que se había apoderado de enormes extensiones de riberas.
Los insectos comenzaron a comerse sus hojas, debilitaron los árboles y redujeron la planta invasora. Era el resultado buscado. Sin embargo, en algunas cuencas el tamarisco ya no era únicamente una amenaza: se había convertido en el último refugio disponible para un pequeño pájaro protegido.
Los escarabajos hicieron exactamente aquello para lo que fueron elegidos

El programa estadounidense de control biológico comenzó formalmente en 2001, después de años de pruebas destinadas a comprobar que los insectos preferían los tamariscos y no destruirían cultivos o vegetación nativa. Las primeras liberaciones abiertas se realizaron en Texas y Colorado, seguidas por emplazamientos de California, Nevada, Utah y Wyoming.
El objetivo era contener una planta introducida en Norteamérica durante el siglo XIX como ornamento, cortavientos y herramienta contra la erosión. El tamarisco acabó formando masas densas, aumentando la salinidad del suelo, alterando algunos ecosistemas fluviales y desplazando a sauces, álamos y otros árboles autóctonos.
En 2006, gestores locales trasladaron escarabajos al río Virgin, cerca de St. George, en Utah. Cuatro años después ya avanzaban río abajo y defoliaban grandes extensiones. Las larvas pueden dejar un tamarisco sin hojas en pocas semanas; los ataques repetidos reducen su vigor y, en algunos casos, terminan matándolo en unos cinco años.
Nada de eso fue un fallo del control biológico. El problema fue lo que no estaba creciendo debajo.
El ave amenazada había encontrado refugio en el árbol equivocado

El papamoscas saucero del sudoeste (Empidonax traillii extimus) necesita vegetación densa junto a ríos, humedales o terrenos saturados para ocultar sus nidos. Históricamente utilizaba bosques ribereños de sauces y álamos, pero presas, extracciones de agua, bombeo de acuíferos, incendios, ganadería y desarrollo urbano degradaron buena parte de esos ambientes.
Cuando el tamarisco ocupó el espacio vacío, algunas poblaciones comenzaron a anidar entre sus ramas. El Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos reconoce que el ave puede reproducirse tanto en vegetación nativa como en masas de tamariscos, siempre que ofrezcan la densidad y humedad necesarias.
Se produjo así una paradoja incómoda. Eliminar la especie invasora era beneficioso para la recuperación del río a largo plazo, pero hacerlo antes de restaurar la vegetación autóctona podía dejar al ave sin ningún lugar inmediato al que trasladarse.
El 94% no corresponde a toda la especie, pero revela la magnitud del desfase
Un modelo elaborado por el Servicio Geológico de Estados Unidos comparó imágenes satelitales del tramo bajo del río Virgin entre 2010 y 2015. El resultado fue contundente: la defoliación provocada por los escarabajos redujo un 94,2% el hábitat potencial de reproducción identificado por el modelo. Solo permaneció un 5,8%.
La cifra no significa que desapareciera el 94% de todos los papamoscas ni de su hábitat en Estados Unidos. Describe una sección concreta del río y una caída en las zonas que reunían las condiciones adecuadas para criar. Aun así, muestra lo rápido que puede abrirse un vacío ecológico cuando la eliminación avanza por delante de la restauración.
Además de destruir la cobertura, la defoliación durante la temporada reproductiva deja los nidos expuestos a temperaturas más altas y a los depredadores. Por eso, las recomendaciones pasan por plantar sauces y álamos antes de que lleguen los escarabajos, recuperar el flujo natural de los ríos y mantener seguimientos prolongados.
La lección no es que debamos conservar todas las especies invasoras. Es más incómoda: en ecosistemas transformados durante décadas, arrancar una pieza problemática sin haber preparado su reemplazo puede derrumbar también aquello que se intentaba proteger.