Tenemos un visitante, y se llama 3I/ATLAS. Lo que se presume es un cometa interestelar les presenta a los astrónomos la infrecuente oportunidad de estudiar un objeto que nació hace mucho tiempo en un muy, muy lejano sistema de estrellas. Sin embargo, un nuevo trabajo cargado en el servidor pre-publicación arXiv, formula una pregunta intrigante: ¿Es tecnología extraterrestre?
Para el astrónomo de Harvard y coautor del trabajo Abraham Loeb, este no es el primer sondeo interestelar. En 2018 Loeb propuso que el objeto interestelar ‘Oumuamua podría ser una sonda alien. Y ahora lo hizo de nuevo, junto con los coautores Adam Hibberd y Adam Crowl de la Iniciativa para Estudios Interestelares de Reino Unido, al preguntar lo mismo respecto de 3I/ATLAS.
El equipo esencialmente afirma que 3I/ATLAS podría ser tecnología extraterrestre, y tal vez lo más alarmante, que es algo que en realidad podría implicar un riesgo existencial para la humanidad. Suena a locura total, pero es un tema que vale la pena explorar y no arrojar directamente al cesto de papeles.
Casi con certeza, es un cometa
Desde el momento en que se lo detectó, el 3I/ATLAS – tercer objeto interestelar que se haya detectado en nuestro sistema solar – se convirtió al instante en la mayor noticia astronómica del mes, si no del año. Los astrónomos están aprovechando esta infrecuente oportunidad de estudiar el objeto en todo el detalle posible, utilizando los mejores instrumentos que hay. Va surgiendo una imagen clara del objeto, que sugiere que muy probablemente sea un enorme cometa helado, considerablemente más antiguo que nuestro sistema solar. Los cálculos preliminares sugieren que tiene 1,2 kilómetros de largo, y que su antigüedad sería de 7 mil millones de años.
El viajero interestelar pasa muy velozmente por nuestro sistema solar, a 60 kilómetros por segundo. Es tan extrema su velocidad que saldrá de nuestro sistema solar y desaparecerá de la vista más adelante este año, escapando de la influencia gravitatoria de nuestro sol. Por eso los astrónomos tienen muy poco tiempo para entender todo lo posible sobre el 3I/ATLAS, objeto que se originó en algún sistema planetario o protoplanetario}
Dicho esto, los astrónomos ya avanzaron mucho en los bosquejos de ciertos detalles del 3I/ATLAS, y producen trabajos sobre la antigüedad, tamaño, velocidad, rotación y – lo más importante – origen de este visitante, basándose en las observaciones. Según la investigación que se dio a conocer esta semana, el objeto es una mezcla de moléculas orgánicas, silicatos y minerales con base en el carbón, lo que lo ubica en la categoría de asteroides de similar composición, que están entre Marte y Júpiter.

Basándose en los datos actuales, que en gran parte provienen del equipo del nuevo Observatorio Vera C. Rubin con quienes trabajan los investigadores – el 3I/ATLAS pasaría por el cinturón de asteroides que hay entre Marte y Júpiter en el otoño de nuestro hemisferio norte, llegando a su punto más cercano al sol hacia finales de octubre. El calor del sol debería sublimar una cantidad de hielo suficiente para que la coma y la cola del cometa brillen aún más.
El cometa de Occam
Basta decir que las investigaciones actuales de los astrónomos confirman mayormente que el 3I/ATLAS es un cometa vagabundo. Al igual que otros cometas que se han visto, el 3I/ATLAS probablemente surgió de procesos naturales, y alguna interacción gravitacional lo arrojó al espacio interestelar, como tal vez podría suceder por un encuentro cercano con un planeta gigante o una estrella. Es importante señalar, aunque sea extraño, que en el nuevo trabajo de Loeb hay afirmaciones infundadas ya que no hay indicación alguna de que el 3I/ATLAS no sea un objeto natural formado por procesos naturales.
Sin embargo, eso no detuvo a Loeb y sus colegas, que hicieron caso omiso a la evidencia que hay. Además, han violado el principio de Occam, central al método científico. A los científicos se les dice que la explicación más simple suele ser la mejor, cuando se enfrentan a fenómenos que confunden. En este caso, la explicación más simple por la evidencia que existe es que el 3I/ATLAS es un cometa. A menudo, cuando los astrónomos detectan algo inusual o inexplicable en el espacio, surgen las teorías de influencias extraterrestre.
Eso parece haber sucedido aquí, pero como veremos, los investigadores no se equivocan en las preguntas que formulan. En The Conversation, Sara Webb, astrofísica de la Universidad de Tecnología de Swinburne, escribió: “Los objetos como el 3I/ATLAS nos recuerdan que el espacio es vasto, extraño, y que está lleno de sorpresas. La mayoría tiene explicación natural. Pero vale la pena pensar dos veces ante los objetos más extraños”.
El Gran Silencio y la intrigante pregunta de Fermi
Loeb y sus colegas tienen razón en algo: tenemos que ser curiosos ante este objeto, y no suponer simplemente que es lo que pensamos que es. Además, el equipo advierte que este objeto – si es una sonda extraterrestre – presenta un potencial riesgo hostil para la humanidad. Eso se funda en fascinantes – y perturbadores – argumentos filosóficos que tienen que ver con nuestra fallida búsqueda de señales de inteligencia extraterrestre.
El primero es la Paradoja de Fermi, la sorprendente observación de que, a pesar del inmenso tamaño y extremada antigüedad de nuestra galaxia, todavía no hayamos visto señal alguna de que hay extraterrestres inteligentes. El físico italiano Enrico Fermi preguntó en 1950: “¿Dónde están todos?”. El acertijo, que se conoce como el Gran Silencio, no es fácil de ignorar porque virtualmente toda solución que se propone fracasa en dar una explicación a la conspicua ausencia de extraterrestres y tecnología extraterrestre en la Vía Láctea.
Esto hizo que cantidad de filósofos, astrobiólogos y autores de ciencia ficción propusieran soluciones un tanto frágiles a la Paradoja de Fermi, es decir que son soluciones que apuntan a una galaxia habitada pero sin civilizaciones que naveguen el espacio. El nuevo trabajo de Loeb invoca una de estas soluciones, una idea que se conoce como hipótesis del Bosque Oscuro, un término tomado del autor de sci-fi Liu Cixin, que escribió sobre esta posibilidad en su trilogía de The Three-Body Problem, específicamente en la novela del 2008 The Dark Forest.
En el universo imaginario de Liu, las civilizaciones inteligentes permanecen en silencio y ocultas porque toda interacción con otros seres podría ser fatal. Como es imposible conocer las intenciones de otras civilizaciones lo más seguro es eliminar todo riesgo potencial antes de que puedan actuar. De allí, el bosque oscuro, una galaxia en la que las civilizaciones avanzadas adoptan la forma de silenciosos cazadores.
Es un concepto general que no comenzó con Liu; David Brin, novelista de ciencia ficción y experto en SETI, ha estado evaluando la posibilidad de que haya sondas alienígenas asesinas desde 1983.
¡Alerta de peligro!
Loeb y sus colegas afirman en su nuevo trabajo que el 3I/ATLAS, si es artificial, poseería probablemente “inteligencia activa”. Si es así, el objeto podría ser amistoso, enemigo, o algo en medio de ambas cosas, proponen. Si es benigno podemos relajarnos, pero si es maligno, es causa de “gran preocupación”. Porque lo más probable es que la teoría del bosque oscuro resuelva la Paradoja de Fermi, “ya que explicaría con claridad la singular falta de éxito de la iniciativa SETI hasta este momento”, indican en su trabajo.
Es decir que la razón por la que todavía no encontramos alienígenas es porque son cazadores al acecho, y si este visitante interestelar es una sonda, probablemente venga de esa clase de civilizaciones. Y eso no es bueno para nosotros. Este argumento nos trae a la mente el concepto de la sonda Berserker, idea propuesta por otro escritor de ciencia ficción, Fred Saberhagen. Es un concepto simple y perturbador: la solución a la Paradoja de Fermi es que toda vida inteligente ha sido eliminada por máquinas que se auto-replican – las sondas Von Neumann – que metódicamente esterilizan a la galaxia impidiendo que haya inteligencia.
Todo lo que s dice de las sondas interestelares puede parecer extraño, pero hay que considerar algunas cosas. Ante todo que nuestra galaxia, con su historia de 13 mil millones de años, probablemente haya dado vida a numerosas civilizaciones avanzadas, muchas de ellas capaces de (antes, o ahora) lanzar sondas en misiones interestelares. En segundo lugar, que nosotros ya lanzamos tres sondas interestelares como resultado de nuestra exploración del entorno inmediato: las dos Voyager y la New Horizons.
Por eso no es ilógico suponer que por la Vía Láctea viajan sondas interestelares de tecnologías y antigüedad diferentes. Un día tal vez podamos detectar a alguno de estos artefactos alienígenas cuando pase por nuestro bosque celeste. Y esperemos que sea en son de amistad.