Un intenso debate político y social acaba de desembocar en una decisión legislativa que ya está dando la vuelta al mundo. En un país donde religión, tradición y política suelen entrelazarse, el Parlamento aprobó una reforma que endurece drásticamente las sanciones por determinadas conductas privadas. El cambio no solo modifica el marco penal existente: también reaviva una discusión global sobre derechos, cultura y soberanía legislativa que lleva décadas generando tensiones dentro y fuera de África.
Una votación parlamentaria casi unánime
La Asamblea Nacional de Senegal aprobó un controvertido proyecto de ley que endurece las penas contra las relaciones entre personas del mismo sexo. La propuesta fue aprobada tras una larga sesión parlamentaria que se extendió durante casi diez horas y que culminó con una votación abrumadoramente favorable.
El resultado final dejó poco margen a la duda: 135 votos a favor, tres abstenciones y ningún voto en contra. Con esta decisión, el Parlamento respalda una reforma que eleva considerablemente las sanciones actuales.
Hasta ahora, el Código Penal senegalés contemplaba penas de entre uno y cinco años de prisión para quienes fueran condenados por mantener relaciones homosexuales. La nueva normativa eleva esas condenas a un rango mucho más severo: entre cinco y diez años de cárcel.

El proyecto modifica específicamente el artículo 319 del Código Penal, que ya criminalizaba las relaciones entre personas del mismo sexo. Con la reforma, cualquier persona que sea considerada culpable de cometer un “acto contra natura” podrá enfrentar esas nuevas penas ampliadas.
El texto legislativo todavía debe completar un paso formal clave: la promulgación por parte del presidente del país, Bassirou Diomaye Faye, quien asumió el cargo recientemente. Solo después de esa firma la reforma entrará oficialmente en vigor.
Durante el debate parlamentario, el Gobierno defendió la medida como una decisión basada en valores culturales propios. El ministro del Interior, Bamba Cissé, intervino ante los legisladores para explicar la posición del Ejecutivo.
Según argumentó, cada sociedad tiene derecho a definir sus normas morales y jurídicas sin interferencias externas. Para ilustrar esa idea, señaló que en algunos países occidentales se prohíbe la poligamia, mientras que Senegal, según su visión, puede establecer restricciones diferentes en materia de comportamiento sexual.
Multas mucho más altas y nuevas sanciones
El endurecimiento de las penas de prisión no es el único cambio incluido en la reforma. El nuevo texto legal también introduce multas considerablemente más elevadas.
Actualmente, las sanciones económicas pueden alcanzar aproximadamente 1,5 millones de francos CFA, una cifra cercana a los 2.300 euros. Con la nueva normativa, el límite máximo se multiplica de forma significativa: las multas podrán llegar hasta 10 millones de francos CFA, es decir, más de 15.000 euros.
Además, la ley amplía el alcance de los delitos al contemplar castigos contra quienes sean acusados de promover o defender públicamente las relaciones homosexuales. Esta disposición introduce un nuevo elemento en el marco penal del país.
La aprobación de la reforma llega en medio de un clima social particularmente tenso en torno a este tema. En las últimas semanas, varios arrestos por presunta homosexualidad (incluidos algunos que involucraron a figuras populares en redes sociales y en el ámbito del entretenimiento) han reactivado el debate público.
Este contexto ayudó a convertir la reforma en una de las principales banderas políticas del actual primer ministro, Ousmane Sonko, quien asumió el cargo en abril de 2024.
Desde entonces, Sonko había reiterado en distintas ocasiones su intención de reforzar las sanciones existentes. Al presentar el proyecto ante el Parlamento, denunció lo que describió como obstáculos que durante años habrían impedido cambios legislativos similares.
Según su discurso, esos obstáculos habrían provenido tanto de presiones internas como externas, incluyendo la influencia de grupos organizados que buscaban frenar reformas de este tipo.
Durante la defensa del proyecto, el primer ministro apeló a la legitimidad democrática y al respaldo popular para justificar la iniciativa. Su mensaje fue claro: incluso ante críticas internacionales, el Gobierno considera que su principal responsabilidad es responder a la voluntad de la población.
Un debate que trasciende las fronteras del país

La reforma también ha generado preocupación entre organizaciones de derechos humanos, tanto dentro de Senegal como en el ámbito internacional.
Diversos grupos habían advertido previamente sobre un ambiente cada vez más hostil hacia las personas LGBT en el país. Según estas organizaciones, en los últimos años han aumentado las campañas en redes sociales que exigen sanciones más duras contra la homosexualidad.
Este fenómeno no ocurre en aislamiento. A nivel global, más de 60 países mantienen leyes que criminalizan las relaciones entre personas del mismo sexo.
De ese total, aproximadamente la mitad se encuentra en África, una región donde muchas de estas legislaciones tienen raíces históricas en códigos legales heredados de la época colonial.
Sin embargo, el debate actual ya no se limita a la historia jurídica. En muchos países africanos, la discusión se ha convertido en una cuestión política y cultural que enfrenta visiones opuestas sobre derechos individuales, tradición religiosa y soberanía nacional.
La decisión del Parlamento senegalés vuelve a situar ese debate en el centro de la escena internacional. Y mientras la ley espera su promulgación final, el país se prepara para afrontar una nueva etapa en una discusión que, lejos de cerrarse, parece intensificarse.