Durante los últimos años, el género roguelite ha crecido a un ritmo enorme. Cada mes aparecen nuevos proyectos que experimentan con diferentes estilos visuales, sistemas de progresión o ambientaciones. Sin embargo, hay una mecánica que se ha vuelto casi inseparable del género: los disparos automáticos.
En muchos roguelite actuales, el combate se basa en personajes que disparan constantemente sin necesidad de apuntar manualmente. El desafío consiste en esquivar ataques, posicionarse correctamente y acumular mejoras que convierten al personaje en una máquina de destrucción progresiva. Es una fórmula eficaz, pero también ha provocado que muchas experiencias terminen pareciéndose demasiado entre sí.
Un nuevo proyecto independiente quiere romper esa tendencia. SLAMPUNKS apuesta por devolver todo el protagonismo al combate físico, al impacto directo y, sobre todo, a la cooperación impredecible entre jugadores.
Un roguelite cooperativo donde cada golpe importa
El enfoque central del juego consiste en eliminar los disparos automáticos que dominan buena parte del género. En lugar de confiar en ataques que funcionan casi de forma pasiva, aquí cada acción del jugador tiene peso real dentro del combate.
Golpear, embestir, deslizarse o rodar no son simples animaciones. Cada movimiento genera impulso y puede alterar el posicionamiento de enemigos, aliados y obstáculos en el escenario.
El sistema se basa en lo que sus creadores llaman “sinergias cinéticas”. En términos prácticos, significa que las habilidades no solo afectan a los enemigos, sino también a los compañeros de equipo.

Esto permite crear situaciones bastante caóticas durante las partidas. Un jugador puede empujar a otro hacia un grupo de enemigos, impulsarlo como si fuera un proyectil humano o iniciar cadenas de habilidades que desencadenan reacciones en cascada dentro del combate.
Las partidas están pensadas para equipos de hasta tres jugadores cooperando al mismo tiempo, aunque también es posible jugar en solitario. En ambos casos, dominar el movimiento y el uso del entorno será fundamental para sobrevivir.
Atracos rebeldes en un universo de chatarra y megacorporaciones
La ambientación del juego también apuesta por una propuesta distinta a la de muchos títulos del género.
La historia se desarrolla en un universo de ciencia ficción dominado por megacorporaciones gigantescas. Frente a ellas aparecen pequeños grupos rebeldes que sobreviven organizando atracos de alto riesgo contra instalaciones industriales y laboratorios tecnológicos.
Los jugadores forman parte de uno de estos escuadrones insurgentes. Cada partida funciona como una incursión donde el objetivo es infiltrarse en territorios controlados por las corporaciones, abrirse paso entre hordas de enemigos y escapar con todo lo que puedan robar.
El estilo visual refuerza esa idea de rebelión improvisada. El mundo mezcla tecnología avanzada con estructuras construidas a partir de restos industriales, maquinaria abandonada y materiales reciclados.
El resultado recuerda a una estética “junk-punk”, donde la chatarra, los cables expuestos y los neones dominan el paisaje. Este tipo de escenarios encaja con el ritmo frenético del combate y con el tono caótico que propone el juego.
A lo largo de cada incursión también aparecen jefes de gran tamaño que funcionan como momentos clave de la progresión. Estos enemigos cuentan con patrones de ataque complejos y obligan a los jugadores a coordinarse para superarlos.
Progresión caótica y partidas que terminan en puro descontrol
Como ocurre en muchos roguelite, la progresión juega un papel fundamental dentro de cada partida.
A medida que los jugadores avanzan por los distintos escenarios pueden obtener mejoras que transforman radicalmente sus habilidades. Pero en lugar de limitarse a aumentos simples de daño o velocidad, muchas de estas mejoras cambian la forma en que funcionan los ataques.
Algunas alteran la física de los golpes, otras amplifican los efectos de impulso y varias crean interacciones inesperadas entre los miembros del equipo.
La intención del diseño es clara: que cada partida comience con combates relativamente controlados y termine convirtiéndose en un espectáculo caótico donde los personajes se transforman en auténticas fuerzas destructivas.
Esa escalada de poder es una de las señas de identidad del género roguelite, pero aquí se combina con el sistema físico de interacción entre jugadores. El resultado puede convertir el campo de batalla en una sucesión impredecible de empujones, impactos y combos improvisados.
Detrás del proyecto se encuentra el estudio independiente HALE GAMEWORKS, que ya ha mostrado el primer tráiler de jugabilidad y ha confirmado sus planes de lanzamiento.
Si todo sigue el calendario previsto, SLAMPUNKS llegará durante el segundo trimestre de 2026. Mientras tanto, el equipo ha abierto el registro para pruebas anticipadas en Steam, donde algunos jugadores podrán probar antes que nadie este experimento cooperativo basado en movimiento, impulso y caos compartido.