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Imagen: Lucasfilm

Si había algo que querías ver en una película de Star Wars y aún no has visto, es muy probable que lo encuentres en The Rise of Skywalker. El nuevo film es una colección de 150 minutos de sorpresas diseñadas para agradar a cuantos más fans mejor. Suena bien, pero voy a tratar de explicar por qué no lo es tanto.

En el proceso de empaquetar todo ese fanservice, la película cojea un poco a la hora de desplegar la narrativa necesaria para contar una historia interesante, coherente desde el punto de vista temático, o que apueste por cosas con verdadero significado. Es una película diseñada para asombrar y agradar, con la esperanza de que ese asombro tape los numerosos puntos donde se queda corta.

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Esta crítica está libre de spoilers, pero en ella hablaremos de algunas generalidades de la trama que podrían ser consideradas como spoilers menores. Sigue leyendo bajo tu propio riesgo.

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La última vez que visitamos esa galaxia muy muy lejana, la Primera Orden había asestado un devastador golpe a la Resistencia. Un último gesto heróico llevado a cabo por el maestro Luke Skywalker fue la inspiración final para que el resto de la galaxia ayude a los pocos rebeldes que quedan. Pese a todo, poco ha cambiado desde entonces. La Resistencia parece haberse recuperado algo, pero siguen siendo muy pocos comparados con la Primera Orden. Por si fuera poco, ahora tienen un nuevo problema al que enfrentarse: el mismísimo Emperador Palpatine.

Sabemos por los tráilers que el Emperador Palpatine (interpretado de nuevo por Ian McDiarmid) ha regresado de alguna manera. De hecho, la película pasa bastante por encima a la hora de explicar cómo es esto posible. Hay una explicación lógica al respecto, pero algo me dice que no va a ser del gusto de todos. Y es un problema, porque la presencia de Palpatine anula casi por completo a la Primera Orden. Todo el poder que amasaron en las dos primeras películas no tiene mucho sentido ahora.

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Encontrar al lord sith no va a ser tarea fácil, y ese es precisamente el hilo conductor de la película. Rey (Daisy Ridley), Finn (John Boyega), Poe (Oscar Isaac), Chewbacca (Joonas Suotamo), y C-3PO (Anthony Daniels) se embarcan en una aventura por toda la galaxia para encontrar pistas sobre el emperador y acabar con él. Por alguna razón, además, tienen solo unos pocos días, lo que se supone que debería añadir tensión, pero no lo hace porque en Star Wars el paso del tiempo nunca ha sido una preocupación muy importante. ¿Alguien lleva relojes? ¿Por qué sol se guían exactamente para medir los días?

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Foto: Lucasfilm
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Un grupo de personajes buscando claves para encontrar a otro personaje de la antigua trilogía... De repente hemos vuelto a la estructura narrativa de The Force Awakens. Ese viaje lleva a los protagonistas por diferentes planetas repletos de droides, criaturas y otros personajes que añadir a la trama. Cada vez que aterrizan en algún sitio pasa algo emocionante (encontramos a un nuevo personaje, hay una batalla, se desentraña un misterio...) , pero esta estructura se repite hasta la saturación. Ahora aterrizan en un planeta, ahora en otro. Ahora van en una nave, ahora en otra. Hay alguien en peligro. No, ahora ya están a salvo. La película avanza a un ritmo vertiginoso, y a resultas de ello no hay tiempo para detenerse mucho en ninguno de los lugares o para conocer a los nuevos personajes que se van presentando. Todo se hace con tanta prisa que a veces parece que han embutido el contenido de dos películas en una sola.

Los pocos momentos en los que la película se detiene para, por ejemplo, añadir peso narrativo al arco argumental de Kylo Ren, suponen una mejora increíble. El caso de Leia es otro buen ejemplo. The Rise of Skywalker trata de rendir un sentido homenaje a Carrie Fischer, y Abrams logra añadir importancia al personaje de manera muy efectiva incluso con las limitaciones de la muerte de la icónica actriz. Seguramente es un papel mucho más pequeño que el que hubiera tenido si siguiera viva, pero los efectos y el montaje son tan buenos que hacen que hasta esto tenga poca importancia. Leia es, de hecho, la espina dorsal de la película, y su hijo es un personaje aún más fascinante y complejo de lo que era en las dos entregas anteriores. Desgraciadamente, todo va tan rápido que Kylo Ren no tiene suficiente tiempo como para desarrollarse o explicar sus motivaciones con propiedad. El resultado es que al final el personaje queda un poco plano. Hablar más de esto requeriría entrar en territorio spoiler, así que lo dejaremos para más adelante.

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Rey sigue siendo la protagonista absoluta de la película, y probablemente es su mejor parte. El personaje hace frente a toda clase de retos físicos, mentales y hasta espirituales, y Daisy Ridley sigue apañándoselas para hacer que todos esos retos parezcan fáciles. Sus primeros planos en algunos momentos especialmente dramáticos son maravillosos y nos recuerdan lo que Star Wars puede ser cuando está en plena forma. Algunos de esos momentos son tan hermosos que casi hacen olvidar el traqueteo del viaje que nos ha llevado hasta ellos.

Algunos de los mejores momentos de la película se reducen a esto.
Algunos de los mejores momentos de la película se reducen a esto.
Foto: Lucasfilm
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La química entre Ridley y Driver también es excelente en todo el tiempo que pasan juntos en pantalla. Sin embargo, pasan tanto tiempo juntos que incluso llega a restar importancia al épico duelo que mantienen, como si ninguno de los dos personajes encontrara sentido ya a esa batalla. Esa pausa abre la puerta a nuevos ángulos narrativos, así que no se puede considerar un fallo total. Lo que se echa de menos es que hubieran tenido la oportunidad de conversar más.

Los demás personajes como Poe o Finn reciben más cariño en esta película. Hay un montón de diálogos divertidos entre ellos, algunos atisbos de sus respectivos pasados, e incluso se planta la semilla del romance, no entre ellos por supuesto, sino con otros nuevos personajes. Chewbacca tiene más importancia también, y hasta C-3PO juega un papel fundamental en la búsqueda. Hasta Lando (interpretado por Billy Dee Williams) tiene una especie de regreso triunfal. La que no tiene mucho que hacer es Rose Tico (Kelly Marie Tran) que apenas es una espectadora, echando por tierra todo el potencial que se puso sobre la mesa en la anterior película.

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La película se las apaña para presentar a nuevos personajes también. Zorii Bliss (Keri Russell) y Jannah (Naomi Ackie) son dos excelentes añadidos que se merecían mucho más tiempo en pantalla del que disfrutan. Lo mismo puede decirse de Babu Frik, que roba completamente las escenas en las que sale, o el droide D-0, que está ahí solo porque es necesario para la historia, pero sigue siendo adorable.

No, el principal problema con Star Wars: The Rise of Skywalker es que la película trata de hacer demasiadas cosas con demasiados personajes. Todos los momentos pasan tan rápido que es difícil saborearlos. La película está tan obsesionada por tachar su lista de tareas particular que para cuando te gustaría que un personaje salga más tiempo hace rato que se ha ido. Ese mismo problema afecta al guión. Los personajes pasan una hora solucionando un misterio solo para que lo suceda otro muy parecido que hace que ninguno de los dos tenga demasiada importancia, no ya para la película, sino para toda la saga.

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No esperes mucho de los caballeros de Ren.
No esperes mucho de los caballeros de Ren.
Foto: Lucasfilm

Todo eso drena terriblemente las expectativas de la película, que son muy altas. No hay que olvidar que esto es el Episodio IX, el final de una trilogía de trilogías. El film nos recuerda todo el rato que esta es la batalla final, la última oportunidad. El destino de la galaxia está en juego, pero Abrams no logra transmitir esa idea con el suficiente impacto o dramatismo. El conflicto se siente similar en importancia a los que ya hemos visto. Más grande, desde luego, pero igual.

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Como no entendemos bien la dinámica exacta entre el emperador y la primera orden, ni la historia del emperador que nos ha llevado hasta ahí, solo nos queda tener fe en que debe ser algo muy importante. Pero la película está demasiado ocupada en borrar tareas de la lista en lugar de en crear auténtica tensión. Las escenas que están pensadas para crear esa tensión (como la aparición de un masivo ejército de destructores imperiales) deja demasiadas incógnitas como para que resulten efectivas. ¿De dónde han salido? ¿Cómo han hecho eso? Todo lo que esas escenas provocan es rascarte la cabeza con desconcierto en lugar de sentir miedo o preocuparte por el destino de los héroes. Para hacer las cosas peores, a menudo sucede algo importantísimo solo para que la película lo cancele un poco después. Hay muy pocas cosas que se sientan como definitivas o inevitables, lo que socava mucho la confianza del espectador.

Con todo, esto es Star Wars. Incluso aunque la historia avance a trompicones o el objetivo general sea muy poco claro cada pocos minutos sucede algo asombroso. Al fin y al cabo la lista de cosas increíbles está ahí, y se cumple a rajatabla. Esa avalancha de excesos logra tapar el hecho de que algunos arcos argumentales no tengan mucho sentido, o que la historia sea repetitiva. Si lo que te importa es que haya grandes revelaciones y sorpresas al ritmo de la genial banda sonora de John Williams es muy probable que te guste incluso aunque la película no deje un poso aprovechable de ningún tipo. Star Wars logra la excelencia cuando su mensaje es inspirador, y The Rise of Skywalker no logra mucho este objetivo. Es un medio para lograr un fin que va a ser inevitablemente divisivo para los fans.

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De lo que no cabe duda es de que Star Wars: The Rise of Skywalker tiene de todo para todos. Es una dosis de Star Wars tan brutal que probablemente quieras volver a verla según salgas del cine. Desgraciadamente, se centra más en dar mucho, que en dar algo que realmente resuene. Para mucha gente es más que suficiente, pero no lo será para otros. The Rise of Skywalker no es el final ni mucho menos. Llegarán más películas en el futuro, y todas ellas tendrán que afrontar el legado que deja esta trilogía. El final de la saga es el principio de un debate entre los fans que no terminará jamás.

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