Hablar en público provoca reacciones muy diferentes dependiendo de cada individuo, pero lo más habitual es sentir, como mínimo, algo de nerviosismo. Las piernas temblequean, el pulso se acelera, el rostro palidece y el estómago comienza a hacer de las suyas. ¿Por qué ocurre? Para entenderlo, curiosamente, hay que remontarse miles de años atrás, en…