Saltar al contenido
Ciencia

Trajeron 20 castores para fabricar abrigos y hoy hay más de 200.000 diques en Tierra del Fuego

Sin depredadores naturales, superaron los 100.000 ejemplares y ya dañaron unas 30.000 hectáreas de bosque nativo. Argentina y Chile buscan erradicarlos
Por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (0)

En 1946 llegó a Tierra del Fuego una carga que parecía prometedora: 20 castores canadienses. La idea era sencilla. Los animales se reproducirían en los ríos fueguinos y darían origen a una industria peletera, con pieles valiosas para abrigos y sombreros. La industria nunca prosperó. Los castores, en cambio, sí.

Casi ocho décadas después, aquella veintena se convirtió en una población de más de 100.000 ejemplares, y el castor americano (Castor canadensis) es considerado uno de los principales transformadores de los ecosistemas del extremo sur del continente. Su huella se mide en diques, bosques muertos y ríos convertidos en lagunas.

Ingenieros sin enemigos

Castor Represa
© Ng Sze En – Unsplash

El castor es un ingeniero natural. Corta árboles con sus dientes y construye diques de troncos, ramas y barro para frenar el agua de los arroyos y crear estanques donde se refugia. En los bosques de América del Norte, esa actividad forma parte de un equilibrio que lleva miles de años: allí conviven con lobos, osos y otros depredadores que controlan sus poblaciones, y con árboles adaptados a su presencia.

En Tierra del Fuego no encontraron nada de eso. No había depredadores capaces de frenarlos, y los bosques de lengas y ñires, dominados por árboles del género Nothofagus, no evolucionaron para regenerarse después de ser talados por roedores ni de quedar inundados. El resultado fue una expansión explosiva: hoy los castores colonizaron alrededor del 95% de las cuencas del archipiélago.

Más de 200.000 diques vistos desde el espacio

Represa De Castor
© Patti Black – Unsplash

Para medir el problema, un equipo del Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC-CONICET), en Ushuaia, analizó imágenes satelitales de todo el archipiélago. El estudio, publicado en la revista PLOS ONE y liderado por Alejandro Huertas Herrera, identificó 206.203 diques: 100.951 del lado argentino y 105.252 del lado chileno. La cifra triplica holgadamente los más de 70.000 que se estimaban en relevamientos anteriores.

Más del 75% de esas construcciones está en la Isla Grande de Tierra del Fuego, y cerca del 80% se ubica en ambientes de bosque. “Los castores son considerados uno de los principales agentes de transformación de los ecosistemas fueguinos, y su invasión constituye una de las mayores amenazas para la conservación”, señaló Huertas Herrera.

Bosques inundados que no vuelven

Cada dique cambia el paisaje. Al retener el agua, el castor inunda el bosque ribereño; los árboles sumergidos mueren de pie y el ambiente se transforma en una laguna rodeada de troncos secos. Cuando el dique se abandona, el agua baja, pero el bosque no se recupera solo: en su lugar suelen crecer pastizales y especies herbáceas.

Según el Ministerio de Ambiente de Argentina, unas 30.000 hectáreas de bosque nativo están afectadas, una superficie mayor que la que se destinó a la explotación forestal desde la llegada de los colonos europeos. El organismo estima además pérdidas económicas cercanas a los 66,5 millones de dólares por año, por daños a caminos, alambrados, cursos de agua y recursos forestales.

Un plan binacional para erradicarlos

Como la invasión no reconoce fronteras, Argentina y Chile firmaron un acuerdo para restaurar los ecosistemas afectados y avanzar hacia la erradicación del castor. En el sector argentino de la Isla Grande se establecieron ocho áreas piloto donde se retiraron los ejemplares de forma intensiva. Los resultados fueron alentadores: se lograron zonas libres de castores donde los ecosistemas comenzaron a recuperarse, y los equipos ganaron experiencia para escalar el trabajo.

El desafío, sin embargo, es enorme. Erradicar a más de 100.000 animales repartidos en un territorio extenso y de difícil acceso exige años de trabajo coordinado entre ambos países. Y el tiempo apremia: los castores ya cruzaron el estrecho de Magallanes y se detectaron en el continente, del lado chileno, lo que abre la puerta a una expansión hacia los bosques patagónicos.

La historia de los castores fueguinos es hoy un caso de estudio en todo el mundo sobre los riesgos de introducir especies exóticas. Una decisión tomada para crear una industria dejó, casi 80 años después, una de las mayores transformaciones ecológicas de la Patagonia.

Compartir esta historia

Artículos relacionados