En una pequeña localidad del delta del Nilo, un agricultor salió a trabajar en la parcela situada frente a su casa. Era una jornada aparentemente normal, hasta que su herramienta chocó con algo demasiado grande y extraño para ser una simple piedra. Al observarlo con más atención, descubrió que tenía grabados y decidió avisar a las autoridades.
Lo que ocurrió después fue mucho más extraordinario de lo que podía imaginar. Un equipo de arqueólogos egipcios acudió al lugar y comenzó a excavar. Bajo aquella parcela aparecieron los restos de dos estatuas monumentales de más de 3.000 años de antigüedad, una de ellas identificada como una representación de Ramsés II, uno de los faraones más importantes del antiguo Egipto.
El descubrimiento fue anunciado por el Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto el 13 de octubre de 2026. Además de las esculturas, los investigadores encontraron un bloque de granito rosa con inscripciones jeroglíficas que podría aportar nuevas pistas sobre la historia de aquella región.
Todo comenzó con una piedra que no debía estar allí

El hallazgo ocurrió en Behbeit el-Hagar, una localidad de la gobernación de Gharbia situada al norte de El Cairo. Su entorno es conocido por albergar importantes vestigios arqueológicos, especialmente los relacionados con el antiguo culto a la diosa Isis.
El agricultor, identificado por la prensa egipcia como Khaled Khalil, encontró la pieza mientras preparaba su terreno para cultivar. En lugar de intentar extraerla por su cuenta, informó a la inspección arqueológica local.
Los especialistas confirmaron que se trataba de material antiguo y organizaron una excavación de rescate bajo la supervisión del Consejo Supremo de Antigüedades.
La primera gran sorpresa fue una cabeza colosal de aproximadamente 1,60 metros de altura. La escultura representa a Ramsés II con la doble corona egipcia, símbolo de su autoridad sobre el Alto y el Bajo Egipto. También se recuperó parte del pilar posterior de la estatua, donde una inscripción conserva uno de los nombres reales del faraón: su nombre de Horus, Hor Ka Nakht Mery Maat.
A partir de las dimensiones de la cabeza, los investigadores estiman que la escultura completa, incluida su base, pudo alcanzar los 8,5 metros de altura. No obstante, se trata de una reconstrucción aproximada y no de una estatua recuperada íntegramente.
Una segunda escultura y unos jeroglíficos que todavía tienen mucho que contar

Las excavaciones revelaron otro conjunto de restos igualmente sorprendente. Los arqueólogos encontraron una parte de una segunda estatua real de aproximadamente 2,40 metros de longitud. Aunque había perdido las piernas y la base, conservaba buena parte del rostro, con rasgos semejantes a los de la primera escultura.
La figura también presenta el nemes, el característico tocado utilizado en las representaciones de los faraones. Por esas similitudes, los investigadores consideran probable que represente nuevamente a Ramsés II. Sin embargo, su identificación todavía es provisional. Cerca de los restos apareció otro elemento importante: un bloque de granito rosa de aproximadamente 1,30 metros con inscripciones jeroglíficas.
Según la información difundida por el Consejo Supremo de Antigüedades, las inscripciones incluyen títulos reales de Ramsés II, entre ellos Nesu-Bity, que significa rey del Alto y Bajo Egipto, y Sa-Ra, hijo de Ra.
Estos elementos proporcionan información sobre el contexto real de las esculturas, aunque todavía no permiten determinar dónde estuvieron instaladas originalmente ni si todas las piezas pertenecían a una misma estructura monumental.
El descubrimiento podría revelar un capítulo desconocido del delta del Nilo
Ramsés II gobernó Egipto aproximadamente entre 1279 y 1213 a. C., durante la XIX dinastía. Su reinado estuvo marcado por grandes construcciones, expediciones militares y monumentos destinados a proyectar su autoridad por todo el territorio. Sin embargo, el lugar donde aparecieron estas piezas tiene una historia más compleja.
Behbeit el-Hagar es conocido especialmente por los restos de un templo dedicado a Isis, asociado a una etapa muy posterior de la historia egipcia, particularmente a los últimos siglos de la época faraónica y al periodo ptolemaico. La presencia de monumentos vinculados a Ramsés II plantea nuevas preguntas sobre la ocupación del lugar, la posible reutilización de materiales antiguos y la evolución arquitectónica de la zona. Por ahora, los arqueólogos no han confirmado que las esculturas formaran parte del santuario de Isis. Tampoco han establecido si fueron trasladadas allí desde otro lugar.
El ministro egipcio de Turismo y Antigüedades, Sherif Fathy, destacó que las investigaciones permitirán ampliar el conocimiento sobre la importancia histórica y cultural del yacimiento. Los trabajos continuarán para buscar más fragmentos y estudiar la relación entre los objetos recuperados.
El hallazgo también deja otra lección: algunos de los grandes descubrimientos arqueológicos no comienzan con expediciones monumentales, sino con alguien que reconoce algo extraño bajo sus pies y decide avisar. Más de tres milenios después de su reinado, Ramsés II vuelve a aparecer en un lugar inesperado. Y es posible que aquellas dos estatuas todavía no sean todo lo que esconde la tierra de Behbeit el-Hagar.