A veces, el azar y la tecnología se combinan para abrir nuevas puertas al pasado. En 2024, un joven investigador dio con un hallazgo tan inesperado como trascendental: una ciudad maya oculta bajo la densa vegetación de la selva mexicana. Lo más sorprendente es que el descubrimiento no fue fruto de una expedición, sino de una simple búsqueda online.
Una megaciudad escondida a plena vista

Luke Auld-Thomas, estudiante de doctorado de la Universidad de Tulane, jamás imaginó que una tarde navegando por Google terminaría por revelar un misterio milenario. Al llegar a la página 16 de los resultados, se topó con un antiguo estudio láser (LIDAR) realizado por una organización de monitoreo ambiental mexicana. Lo que vio allí lo dejó atónito: un patrón claro de estructuras ocultas en el corazón de la selva tropical.
Así fue como salió a la luz Valeriana, una ciudad que abarca unos 16,6 kilómetros cuadrados y en la que se identificaron más de 6.700 construcciones. Entre ellas destacan pirámides, plazas ceremoniales, calzadas y un campo de pelota, todos rasgos emblemáticos de la arquitectura maya clásica.
Los arqueólogos estiman que entre 30.000 y 50.000 personas habitaron Valeriana alrededor del año 800 d.C., convirtiéndola en un núcleo urbano considerablemente más grande que muchas de las ciudades prehispánicas conocidas hasta ahora.
Un hallazgo que cambia la visión del mundo maya

Según explicó el propio Auld-Thomas en una entrevista con la BBC, uno de los sectores más impresionantes de Valeriana presenta todos los elementos de una capital política maya. Hay plazas cerradas, templos piramidales, un campo de juego de pelota y hasta un embalse artificial creado mediante la represa de un arroyo estacional.
Este descubrimiento pone en jaque una vieja hipótesis sobre el aislamiento de las ciudades mayas. Por el contrario, evidencia una red urbana interconectada, con Valeriana como posible eslabón entre centros como Campeche, Calakmul, Oxpemul y Becán. Se abre así la posibilidad de que muchas más ciudades estén aún ocultas bajo la vegetación selvática del sur de México.
Lo más asombroso es que todo esto comenzó con un clic. Una prueba de que, en la era digital, el pasado aún puede ser descubierto sin levantar una piedra.