En un reciente trabajo de investigación se sugiere que los humanos tenemos una capacidad sorprendente: a veces podemos sentir un objeto físico antes de tocarlo.
En un estudio que se publicó en el pasado mes de octubre en la IEEE International Conference sobre Desarrollo y Aprendizaje, los investigadores encontraron que – de manera similar a la de algunas aves costeras – tenemos algo así como “tacto remoto”. Dicho de manera simple, cuando mueves tu mano por materiales granulares como la arena, puedes percibir que hay un objeto enterrado en ese material antes de tocarlo directamente.
“Esta es la primera vez que se estudia el tacto remoto en humanos, y cambia nuestra concepción del mundo de la percepción (lo que llamamos “campo receptivo”) en seres vivos, incluyendo a los humanos”, dijo Elisabetta Versace, coautora del estudio que encabeza el laboratorio Prepared Minds de la Universidad Queen Mary de Londres, en declaraciones.
Mejor que los robots

Versace y sus colegas les pidieron a 12 participantes del estudio que movieran sus dedos suavemente en la arena para encontrar un cubo escondido antes de tocarlo. Fue la forma en que se reveló que los humanos tenemos tacto remoto comparable al de algunas aves costeras como las agujetas y chorlitos, incluso aunque no tengamos las estructuras especializadas de sus picos, que son lo que les da ese sentido.
Es la primera vez que los investigadores documentaron esta capacidad táctil en humanos. ¿Cómo es que funciona? El equipo encontró que la mano humana tiene sensibilidad suficiente como para identificar objetos enterrados al percibir los más mínimos desplazamientos en la arena que los rodea. De hecho, los participantes tuvieron una precisión del 70,7% dentro del rango de detección esperable.
Los investigadores también analizaron el tacto remoto de un sensor táctil robótico (¿por qué no?). Si bien en promedio el robot pudo encontrar objetos que estaban a distancias levemente mayores, a menudo eran falsos positivos y su precisión general fue solo del 40%. Tanto los humanos como el robot lograron la sensibilidad máxima que predecían los investigadores. Es decir que, aunque los robots puedan hacer nuestras tareas, nosotros podemos hallar objetos enterrados en la arena con algo más de precisión.
Aplicaciones prácticas
El tacto remoto en los humanos es sorprendente aunque probablemente no muy útil por sí mismo. Sin embargo, “el descubrimiento abre posibilidades para el diseño de tecnologías y herramientas de asistencias que extienden la percepción táctil humana”, explicó Zhengqi Chen, coautor del estudio y estudiante del doctorado del Laboratorio de Robótica Avanzada de la Universidad Queen Mary de Londres.
“Son datos que pueden servir para el desarrollo de robots avanzados, capaces de operaciones delicadas, como ubicar artefactos arqueológicos sin dañarlos o explorar terreno granuloso o arenoso como el suelo marciano o el lecho de los océanos”, añadió. “En un aspecto más amplio, esta investigación prepara el camino para sistemas basados en el tacto que hacen más inteligente, segura y efectiva la exploración riesgosa o de lo que está oculto”.