La escena que vemos ocurri√≥ hace tres a√Īos, aunque podr√≠a ser perfectamente actual. Un delf√≠n moribundo se acerca a una zona en la costa de Taiji, Jap√≥n, donde varios turistas est√°n filmando con sus tel√©fonos El delf√≠n parece lanzarse a las rocas en un √ļltimo acto desesperado antes de que lleguen los cazadores.

En realidad, se el animal se acerca al tipo que est√° filmando la secuencia, Richard O‚ÄôBarry, Fundador y Director de Dolphin Project, asociaci√≥n para la protecci√≥n de los delfines en todo el mundo que, entre otras cosas, lucha desde hace a√Īos por terminar con la temporada anual de caza de delfines en Taiji, Jap√≥n.

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Cuenta O‚ÄôBarry que la escena ocurri√≥ despu√©s de que siete barcos en formaci√≥n empujaran a una manada de 12 delfines Risso a un √°rea conocida como la ‚Äúcala‚ÄĚ. Tres horas m√°s tarde, hab√≠an llegado a la desembocadura y los animales, agotados y aterrorizados, quedaron aislados del oc√©ano abierto.

En su desesperaci√≥n, la manada intent√≥ huir hacia la playa, nadando bajo las redes para tratar de escapar. Cuando Ric y su equipo se detuvieron en la costa, una hembra de delf√≠n Risso se postr√≥ frente a ellos, a solo unos metros del hombre. A pesar de los esfuerzos para devolver el delf√≠n a aguas m√°s profundas, el animal muri√≥ por el estr√©s. Seg√ļn cuenta el investigador:

Los impulsos son tan estresantes para los delfines que las hembras embarazadas pueden abortar sus crías y los más jóvenes no siempre pueden mantener el ritmo.

Sin embargo, esta escena tiene algo más desgarrador. En un momento dado, el delfín parece comenzar a golpearse la cabeza contra las rocas y moverse de forma desesperada, sufriendo una especie de shock.

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Cada a√Īo, desde el 1 de septiembre hasta el 1 de marzo, tiene lugar en Taiji una cacer√≠a de delfines, una que retrat√≥ con gran acierto el documental The Cove en 2009. Durante este per√≠odo, los cazadores de delfines ‚Äúconducen‚ÄĚ a los mam√≠feros a su captura o muerte a trav√©s de la violencia f√≠sica y la tortura ac√ļstica.

Lo cierto es que han pasado nueve a√Īos desde el estreno del film, y la obra que quiz√°s m√°s ha hecho por darle visibilidad a la situaci√≥n en un rinc√≥n aislado de la costa del Pac√≠fico de Jap√≥n, la matanza de animales para consumo humano o entretenimiento (venta posterior en delfinarios), no ha cambiado nada. Las im√°genes extremadamente gr√°ficas de la pel√≠cula, con delfines siendo asesinados con cuchillos y convirtiendo el mar en rojo, sorprendieron a la audiencia de todo el mundo.

Image: Wildlife

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Sin embargo, el pueblo de Taiji siempre se ha defendido de las cr√≠ticas explicando que se trata de su forma de vida. En esta comunidad sus residentes han refinado las t√©cnicas de caza desde el s. XVII. Seg√ļn le explicaba hace unos meses a The Guardian Yoshifumi Kai, alto funcionario de la cooperativa pesquera de Taiji:

Los activistas dicen que estamos ocultando algo porque sabemos que lo que estamos haciendo es inmoral, pero eso no tiene sentido. Nunca se ve el ganado u otros animales siendo sacrificados en p√ļblico. No es algo que haces abiertamente. Los activistas extranjeros nos preguntan por qu√© matamos a estos lindos animales, pero los vemos como una fuente vital de alimentos, incluso ahora.

Cuando era ni√Īo, un tercio de la poblaci√≥n sal√≠a a saludar a una ballena que regresaba a la costa, porque estaban desesperados por comer su carne. Agradecemos a las ballenas: queremos que los occidentales lo comprendan.

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As√≠ que esta mezcla de tradici√≥n y m√©todo de supervivencia que desde el exterior se observa como una barbarie, se repite cada a√Īo entre septiembre y abril. Para Taiji, todo se resume a un choque de culturas irreconciliable: entre el movimiento por los derechos de los animales, global y occidental, y las tradiciones locales, impregnadas de religi√≥n y culto a los antepasados. [Wikipedia, The Guardian]