Un pequeño explorador robot atravesó las heladas y vastas aguas de la Antártida, incluso buceando bajo el hielo en algún momento. Y tras sobrevivir milagrosamente a todo eso, el robotito trajo recuerdos de regalo para los científicos.
En 2020 los investigadores de la agencia nacional de ciencias de Australia, CSIRO, desplegaron cerca del glaciar Totten en el este de la Antártida una misión de estudio con un flotador Argo, un instrumento robótico de libre flotación que recoge datos del océano. Para su sorpresa y desilusión, las caprichosas mareas antárticas enviaron al flotador más hacia el sur, donde reapareció y pronto se hundió bajo la plataforma de hielo Denman.
“Temíamos lo peor” admitieron los investigadores en un ensayo que escribieron para The Conversation. “Pero después de nueve meses volvió a la superficie… y había recogido datos de lugares que nunca antes se habían medido”.
En verdad, al haber buceado imprevistamente, el flotador recogió datos nunca antes logrados sobre temperaturas y salinidad del agua entre las plataformas de hielo Denman y Shackleton. El análisis de estos datos permitió que los investigadores pudieran entender en mayor profundidad la vulnerabilidad de las plataformas de hielo y su salud a medida que el cambio climático sigue afectando las regiones polares de la Tierra.
El trabajo que describe estos hallazgos se publicó recientemente en Science Advances.
Signos vitales del hielo
Las plataformas de hielo, gigantes y gruesas, actúan como paragolpes naturales entre los glaciares de la Antártida y el océano al prevenir parcialmente el derretimiento de estos glaciares cuya agua acabaría en el mar. Pero a medida que aumenta la temperatura del océano, el agua tibia se acumula debajo de las plataformas de hielo.
Eso va debilitando la base de las plataformas de hielo, lo que suma más hielo al océano y hace que se eleve el nivel del mar. Pero las plataformas de hielo pueden tener miles de metros de espesor, con lo cual para los científicos es increíblemente difícil estudiar exactamente cómo es que colapsan.
Un plan de buceo imprevisto
Así, el viaje del flotante ARgo debajo del hielo resultó ser un accidente increíblemente afortunado. Durante ocho meses el flotante midió la temperatura y salinidad del lecho marino a la base de la plataforma cada cinco días, “primera línea de mediciones oceanográficas bajo una plataforma de hielo en el este de la Antártida”, según explicaron los investigadores.
En total, recogió 195 perfiles a lo largo de 2,5 años, y gran parte de estos datos provienen de regiones del este de la Antártida de donde nunca se habían obtenido muestras.

“Con el trasfondo de la enormidad de esta región tan agreste esta es la asombrosa historia del pequeño flotante que lo logró”, dijo en declaraciones Delphine Lannuzel, oceanógrafa de la Universidad de Tasmania, Australia. Lannuzel no es autora de este trabajo pero había colaborado con los autores en un proyecto similar este mismo año.
El flotante perdió sus funciones de GPS al sumergirse, pero los investigadores encontraron la forma de inferir dónde había hecho las mediciones al notar las veces en que había golpeado contra la base del hielo.
“Cada vez que el flotante golpeaba su cabeza contra el hielo, brindaba la medición de la profundidad de la base de la plataforma”, explicó Steve Rintoul, autor principal del estudio y oceanógrafo del CSIRO, en las declaraciones. “Comparábamos esa medición del flotador con mediciones satelitales para poder calcular la trayectoria que seguía por debajo del hielo”.
Como resultado, pudieron confirmar que la parte norte de la plataforma de hielo Shackleton todavía no ha estado expuesta al agua cálida, aunque parece que el glaciar Denman ya se está derritiendo. El flotante también captó un sistema térmico delicado bajo las plataformas de hielo que parecería mantenerlo, al menos por ahora.
Flotantes en el mar
Con las inesperadas capacidades del flotante Argo los investigadores ahora esperan enviar varios más iguales al éste a regiones que se han explorado poco. Sin embargo, como admiten en su trabajo, el entorno general dentro y debajo de las plataformas de hielo no se conoce mucho y las mediciones del flotante no logran penetrar directamente la gruesa plataforma.
Con todo, sigue siendo mejor que la nada, añadieron los investigadores. “Las mediciones de los flotantes se usarán para mejorar la forma en que se representan estos procesos en los modelos computarizados, reduciendo la incertidumbre en proyecciones futuras del aumento del nivel de los mares”.