Todos hemos pasado por eso: escuchar una canción una sola vez y que su ritmo se quede repitiendo en la cabeza durante horas, incluso días. Los científicos llaman a ese fenómeno “earworm” o gusano auditivo. Y ahora, un nuevo estudio de la Universidad de St. Andrews, en Escocia, asegura haber encontrado la clave detrás de esa misteriosa pegajosidad musical.
El equipo de investigación creó una ecuación que combina varios factores: la receptividad del oyente, el equilibrio entre previsibilidad y sorpresa, la fuerza melódica y la repetición rítmica —multiplicada por un factor de 1,5—. Según los autores, esta fórmula permite medir la capacidad de una canción para permanecer en la mente humana.
“El patrón rítmico tiene un papel tan importante como la melodía. Si eliminamos las notas y dejamos solo el ritmo, las canciones más pegajosas siguen siendo reconocibles”, explicó Bede Williams, responsable principal del estudio.
El trabajo, publicado tras años de análisis, buscó determinar qué grupos musicales y qué composiciones logran activar mejor esa respuesta cerebral universal: la de no poder dejar de tararear una canción.
Los resultados del ranking: una banda que marcó el ritmo del mundo

Tras analizar miles de temas, los científicos identificaron una agrupación británica cuyo repertorio ocupa tres de los diez primeros lugares del ranking global de canciones más recordadas. Entre ellas, una pieza minimalista con solo dos golpes de percusión y una línea vocal contundente se coronó como la canción más pegadiza jamás creada, una que ha sonado en estadios, películas y anuncios durante casi medio siglo.
También figuran en el podio un himno de victoria que millones de personas entonan tras cada logro deportivo y una composición teatral de seis minutos que mezcla rock, ópera y drama. La combinación de ritmo, dramatismo y emoción habría sido, según los investigadores, la fórmula perfecta.
Y es que la banda en cuestión no solo dominó las listas de ventas, sino que también redefinió el concepto de espectáculo en el siglo XX. Queen, liderada por Freddie Mercury, se consagró así como la agrupación más “pegajosa” de todos los tiempos, al menos desde el punto de vista científico.
Por qué sus canciones siguen sonando como si fueran nuevas
El estudio señala que la pegajosidad de las composiciones del grupo británico se debe a varios factores:
- Arreglos distintivos y producción moderna, adelantada a su tiempo.
- Ritmos fácilmente reconocibles, que pueden identificarse incluso sin melodía.
- Melodías con picos emocionales, capaces de generar una respuesta inmediata en el oyente.
Además, los investigadores remarcan el papel de la fusión entre la ópera, la música clásica y el rock, un sello que la banda integró de forma pionera y que influyó en generaciones enteras de músicos.
“Lo extraordinario es cómo lograron mantener la sofisticación musical sin perder accesibilidad. Son canciones que cualquier persona puede cantar, pero que esconden estructuras rítmicas complejas”, añade el informe.
Un legado que resiste el paso del tiempo
Décadas después de la muerte de Freddie Mercury, las canciones de Queen siguen encabezando rankings, listas de reproducción y bandas sonoras. Su música continúa conectando con nuevas generaciones y su impacto cultural no muestra señales de agotamiento.
“Estos temas forman parte del repertorio emocional del planeta. Todos, sin importar edad o país, reconocen esos primeros compases”, señala el estudio.
Quizás por eso, aunque haya nuevas tendencias, nuevos géneros y nuevas estrellas, el ritmo de “We Will Rock You”, los coros de “We Are The Champions” y la extravagancia de “Bohemian Rhapsody” siguen vibrando en la memoria colectiva del mundo. Una prueba más de que la ciencia, esta vez, solo vino a confirmar lo que todos ya sabíamos: algunas canciones nacen para no ser olvidadas.
[Fuente: Infobae]