La desaparición de los neandertales ha sido objeto de intensas discusiones científicas a lo largo del tiempo. Lejos de una extinción simple y repentina, la historia parece estar marcada por múltiples factores, cruces genéticos y procesos graduales. Sin embargo, una nueva hipótesis ha vuelto a sacudir el debate al mirar más allá del planeta y sugerir que un evento procedente del espacio pudo haber influido de forma decisiva en su destino.
Un fenómeno del espacio que cambia el enfoque
Con el avance de la investigación paleoantropológica, cada vez resulta más evidente que los neandertales no desaparecieron por una única causa. De hecho, parte de su legado sigue vivo en millones de personas actuales gracias a la mezcla genética con el Homo sapiens. Aun así, un estudio publicado recientemente en Science Advances decidió explorar un camino poco habitual: la influencia de un evento astrofísico en la historia humana.

El trabajo, liderado por especialistas en física espacial, plantea que hace unos 41.000 años se produjo una alteración extrema del campo magnético terrestre. Este episodio, conocido como evento Laschamps, habría debilitado la protección natural del planeta frente a la radiación cósmica y ultravioleta. Según los autores, ese cambio creó un entorno mucho más hostil para las poblaciones humanas que habitaban Eurasia en aquel momento, incluidas las comunidades neandertales.
La propuesta no afirma que el fenómeno fuera una “extinción instantánea”, sino un acelerador de procesos ya existentes. Un aumento sostenido de la radiación habría afectado a la salud, la fertilidad y la supervivencia a largo plazo. En ese contexto, cualquier ventaja adaptativa podía marcar la diferencia entre resistir o desaparecer gradualmente del registro arqueológico.
Adaptación, tecnología y una posible ventaja humana
Uno de los puntos más llamativos de la hipótesis es la explicación de por qué el Homo sapiens habría sobrevivido mejor a ese escenario extremo. Los investigadores sugieren que los humanos modernos contaban con recursos culturales y tecnológicos más eficaces para reducir la exposición a la radiación. Entre ellos, el uso de ropa más ajustada, pigmentos minerales con propiedades protectoras y un aprovechamiento más sistemático de cuevas y refugios naturales.
Estas prácticas, según el estudio, habrían funcionado como una especie de “escudo” improvisado frente al incremento de radiación. No se trataría de una inmunidad total, sino de una reducción del impacto acumulado a lo largo de generaciones. En poblaciones pequeñas y ya vulnerables, como las neandertales, ese estrés adicional podría haber tenido consecuencias significativas.
Sin embargo, este planteamiento abrió la puerta a críticas inmediatas. Muchos arqueólogos recuerdan que no existen pruebas concluyentes de que los neandertales carecieran de ropa compleja o de estrategias similares. Aunque las agujas de coser aparecieron más tarde, sí hay evidencias de que trabajaban pieles con herramientas especializadas, una habilidad clave para sobrevivir en climas fríos y extremos.

Las dudas que plantea el registro arqueológico
Las objeciones más sólidas no provienen de la física, sino de la arqueología. El registro fósil disponible no muestra señales claras de un colapso demográfico abrupto coincidente con el evento Laschamps. Si la radiación hubiera sido un factor decisivo y global, cabría esperar un aumento notable de la mortalidad también entre los grupos de Homo sapiens que vivían en regiones cálidas o con menor protección ambiental.
Además, algunos de los supuestos diferenciales culturales también se ponen en cuestión. El uso de pigmentos como el ocre no era exclusivo de los humanos modernos: se han encontrado restos de este material en yacimientos neandertales con más de 100.000 años de antigüedad. Esto sugiere que ambas especies compartieron tecnologías, espacios y conocimientos durante largos periodos, lo que dificulta establecer una línea clara de ventaja adaptativa.
Por todo ello, muchos especialistas siguen defendiendo una explicación más gradual. La combinación de poblaciones reducidas, competencia por recursos, cambios climáticos y la absorción genética por parte del Homo sapiens encaja mejor con los datos actuales. La hipótesis cósmica resulta sugerente y estimulante, pero, por ahora, carece del respaldo empírico necesario para desplazar a los modelos tradicionales.
[Fuente: National Geographic]