Saltar al contenido
Ciencia

Un gigante de hielo europeo que supo dominar los Pirineos ahora se parte en tres, acelera su desaparición y ya está presentando sus últimos fragmentos

Una masa de hielo que dominó los Pirineos durante siglos está al borde del colapso. Nuevos datos muestran su fragmentación y advierten que la cuenta atrás para su desaparición podría ser más corta de lo esperado
Por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (0)

El mayor glaciar de España y del sur de Europa, el Glaciar del Aneto, ha sufrido en 2024-2025 graves pérdidas: más de un metro de espesor en promedio —y hasta cuatro metros en zonas concretas—, y se ha fragmentado en tres cuerpos separados.

Un gigante pirenaico al borde del abismo

Pirineos
© Fernando Puente – Unsplash

Tradicionalmente, el Aneto simbolizaba la majestuosidad de los Pirineos: una lengua de hielo que descendía desde el pico homónimo, moldeando valles, regulando ríos y alimentando ecosistemas de montaña. Pero esa realidad ya no existe. Esta temporada, los datos del equipo del Cryopyr (del IPE-CSIC) muestran una pérdida generalizada de grosor, con retrocesos extremos, y una fragmentación inédita: la masa principal se ha dividido, una de sus secciones deja de actuar como glaciar activo y pasa a ser considerada un helero (una acumulación de hielo sin capacidad de flujo).

Ese nuevo estatus significa que el glaciar ha dejado de trabajar como tal: ya no alimenta ríos ni moldea el paisaje. Se ha vuelto un cascarón inerte, un vestigio de lo que fue.

Más de 150 años de hielo que se evaporan en décadas

Aneto 2
© tolobalaguer.com – Shutterstock

Hace apenas unas décadas, los glaciares pirenaicos eran decenas; hoy quedan muy pocos. El descenso ha sido implacable: en el siglo XIX había alrededor de 52 glaciares en los Pirineos; actualmente quedan solo 14. El Aneto y sus pares no son inmortales: han perdido masa consistentemente desde que comenzaron los estudios sistemáticos. Pero lo registrado en 2024-2025 marca uno de los peores años desde que hay registros: la combinación de inviernos con poca nieve, veranos cálidos y continuadas olas de calor aceleran su declive.

Los investigadores advierten que, de mantenerse este patrón, podríamos quedarnos sin hielo en los Pirineos en menos de 10 años.

Un glaciar no es solo un bloque de hielo: es un sistema dinámico que regula caudales, nivela temperaturas, alimenta nacientes y conserva biodiversidad. Cuando un glaciar se fragmenta y deja de fluir, deja de cumplir esas funciones esenciales.

Para las montañas pirenaicas —y para las comunidades que viven de ellas— esto implica pérdida de ríos de deshielo, menos regulación hídrica, ecosistemas más frágiles y una mayor vulnerabilidad al cambio climático. Además, muchos valles perderán su nieve persistente, transformando para siempre su paisaje.

El caso del Aneto ya no es una alerta distante: es una advertencia presente. El hielo que alguna vez cubrió buena parte de los altos Pirineos agoniza, y su “muerte” redefinirá aquello que entendíamos como naturaleza alpina.

Por qué este colapso debería importar más allá de las montañas

Porque los glaciares funcionan como indicadores sensibles del clima. Su desaparición no solo dice lo que está ocurriendo arriba: anticipa lo que sufriremos en la llanura. Menos hielo montañoso significa cambios en los caudales, menor disponibilidad de agua en verano, erosión, cambios en la biodiversidad y un aumento del riesgo de desastres naturales.

Además, se borra una parte del patrimonio natural europeo: esos hielos son testigos de épocas geológicas, moldearon valles y alimentaron civilizaciones. Su pérdida es irreversible.

Hoy, decir que “el Aneto agoniza” no es hipérbole, es constatar una realidad tangible. Y si no se actúa urgentemente ante el cambio climático, mucho de lo que quedó detrás del hielo —rios, ecosistemas, paisaje— desaparecerá para siempre.

[Fuente: El País]

Compartir esta historia

Artículos relacionados