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Un mar borrado del mapa y resucitado de golpe. Así fue el megaflujo que inundó el Mar Rojo y reescribió su historia geológica

El Mar Rojo vivió uno de los eventos naturales más extremos de la Tierra: primero se secó hasta desaparecer, luego fue resucitado en una inundación súbita que lo conectó al Índico. Las cicatrices de aquel megaflujo todavía se leen en su fondo, recordando cómo un mar entero puede morir y renacer en un parpadeo geológico.

Durante un instante geológico, el Mar Rojo dejó de existir. Lo que hoy es un mar joven y dinámico se convirtió hace 6,2 millones de años en un desierto de sal sin vida ni conexión oceánica. Poco después, un torrente del océano Índico rompió su barrera natural y lo inundó de golpe. La nueva investigación, basada en datos sísmicos y microfósiles, reconstruye un cataclismo que cambió la región para siempre.

El día en que desapareció el Mar Rojo

El día en que el Mar Rojo dejó de existir: se secó por completo y un torrente del Índico lo devolvió a la vida en un cataclismo geológico
© Unsplash – Alexander Mils.

Los científicos de la Universidad KAUST han demostrado que, hace 6,2 millones de años, el Mar Rojo se secó por completo. No fue una simple bajada de nivel: el lecho marino quedó al descubierto, se erosionó, y enormes capas de halita y anhidrita lo cubrieron. La cuenca se transformó en un “valle de la muerte” geológico, aislado y sin posibilidad de albergar vida marina.

El torrente que lo devolvió a la vida

El resurgir llegó desde el sur. El estrecho de Bab el-Mandeb, bloqueado por una barrera volcánica, cedió ante la fuerza de un megaflujo oceánico. El torrente del Índico esculpió un cañón submarino de 320 kilómetros —aún visible hoy en el fondo marino— e inundó la cuenca en menos de 100.000 años. En términos geológicos, fue una resurrección instantánea.

Huellas grabadas en la geología

Las pruebas están en los sedimentos. Justo encima de un nivel de erosión conocido como “S-reflector” aparecen microfósiles marinos de ambientes abiertos, fechados en 6,2 millones de años. Debajo, solo capas estériles de sales. En las imágenes sísmicas se observan superficies truncadas, estructuras de arrecifes superpuestas a depósitos evaporíticos y señales inequívocas de que un mar muerto volvió a la vida de manera súbita.

Un laboratorio de extremos

El día en que el Mar Rojo dejó de existir: se secó por completo y un torrente del Índico lo devolvió a la vida en un cataclismo geológico
© Unsplash – Clément Rémond.

El Mar Rojo no es solo una reliquia del pasado. Su fondo marino sigue expandiéndose, su corteza es joven y sus márgenes están cargados de estructuras salinas inestables. Hoy, es un laboratorio natural para estudiar la apertura de océanos. Sin embargo, sus arrecifes de coral, entre los últimos ecosistemas vírgenes del planeta, enfrentan una amenaza distinta: no tectónica, sino humana, ligada al calentamiento global y al estrés ambiental.

Cuando la Tierra cambia de golpe

El episodio del Mar Rojo fue tan espectacular como el “Diluvio Zancliense” que reabrió el Mediterráneo, aunque ocurrió casi un millón de años antes y con una dinámica distinta. Ambos recuerdan que la Tierra puede transformar paisajes enteros en lapsos mínimos. La historia del Mar Rojo es un recordatorio de que nuestro planeta no solo cambia lentamente: a veces, lo hace de forma abrupta y definitiva.

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