En el corazón del cúmulo galáctico Abell 3667, los astrónomos han descubierto una estructura casi fantasmagórica: un puente de estrellas de un millón de años luz que enlaza dos colosos cósmicos. Más que una curiosidad visual, este fenómeno abre una ventana única para estudiar cómo interactúan la materia visible y la invisible en el universo.
El hallazgo que sorprendió a los astrónomos
El puente fue detectado gracias a 28 horas de observaciones con la Cámara de Energía Oscura del Observatorio de Cerro Tololo, en Chile. Su luz, extremadamente débil, forma parte de la llamada luz intracúmulo (ICL), compuesta por estrellas arrancadas de sus galaxias por intensas fuerzas gravitacionales.

El equipo, dirigido por Anthony Englert de la Universidad Brown, identificó que esta corriente conecta las dos galaxias más brillantes del cúmulo, BCG1 y BCG2. Todo apunta a que se formó tras un encuentro cercano en el que la gravedad de una extrajo material estelar de la otra, sin llegar a fusionarse por completo.
Un mapa invisible de materia oscura
La ICL no solo revela interacciones pasadas: también traza la distribución de la misteriosa materia oscura, que constituye el 80% de la masa del universo. Según el astrónomo Ian Dell’Antonio, seguir el rastro de estas estrellas permite “ver” indirectamente esa masa invisible que condiciona el movimiento de las galaxias.
Este hallazgo anticipa lo que podrá lograrse con el Observatorio Vera C. Rubin y su proyecto LSST, que cartografiará el cielo austral durante diez años con una precisión sin precedentes. La expectativa es que se descubran más puentes estelares y otras estructuras difusas en numerosos cúmulos.

Historias ocultas en la luz más tenue
En un extremo del puente se encuentra la galaxia lenticular IC 4965; en el otro, JO171, apodada “galaxia medusa” por sus filamentos de gas. Ambas muestran cómo las fuerzas del cúmulo moldean y transforman sus componentes, frenando la formación de nuevas estrellas y redistribuyendo materia.
Para detectar un brillo tan débil —μ ≳ 26 mag arcsec–2— fue esencial combinar observaciones de diferentes campañas, separando la señal del ruido cósmico y atmosférico. Este meticuloso trabajo abre la puerta a reconstruir la historia de Abell 3667 y a comprender mejor cómo evolucionan los cúmulos galácticos.
Fuente: Infobae.