[Versión en español resumida del artículo original en inglés]
Cerca del ecuador el sol se oculta en el horizonte en cuestión de minutos y la oscuridad invade el bosque cercano. Hace casi 10.000 años, al pie de una montaña de África, las sombras de los participantes se alargan sobre el muro natural de piedra.
Rodean una fogata que está encendida hace horas y que se ve a kilómetros de distancia. Se huele el humo y durante generaciones la comunidad lo recordará. Estará en los registros de la arqueología.
Nuestro equipo de bioarqueólogos, arqueólogos y antropólogos forenses, junto a otros colegas, acaba de descubrir la evidencia más antigua de una cremación en África, en que un cuerpo queda reducido a cenizas y fragmentos de huesos en lo que constituye hoy el ejemplo más antiguo de una pira de cremación de adultos.

Jessica Thompson y Natural Earth
No es fácil encender y mantener una fogata tan fuerte como para quemar por completo un cuerpo humano. La cremación más antigua del mundo data de hace 40.000 años, y se halló en Australia. Allí, el cuerpo no se quemó del todo.
Resulta mucho más efectivo usar una pira, que es una estructura a propósito, hecha con material combustible. Hay registros de piras de hace 11.500 años, y el ejemplo más antiguo que se encontró es la de un niño cremado, hallado bajo el piso de una casa en Alaska.
Son muchas las culturas que practicaban la cremación, y los arqueólogos pueden estudiar los rituales funerales del pasado a partir de los huesos, las cenizas y otros residuos. Nuestro trabajo científico publicado en Science Advances describe un suceso espectacular de hace 9.500 años en Malawi, África sud-central, que cambia lo que se sabía sobre los cazadores-recolectores del pasado y sus rituales funerarios.

Jessica Thompson
El descubrimiento
A partir de indicios de cenizas, al ver que se ampliaba y hacía más profundo el rastro, de pronto uno de los excavadores se detuvo y señaló un hueso pequeño junto a un muro de 0,5 metros de ceniza arqueológica en el sitio Hora 1 en el norte de Malawi.
Era el extremo de un húmero humano, con parte del radio, huesos del brazo, con la articulación del codo quemada y fracturada, preservada en sedimentos llenos de residuos de la vida cotidiana de los cazadores-recolectores de la Edad de Piedra.
Las piras funerarias de ese lugar no son comunes. Y parecía imposible que se tratara de alguien cremado en la Edad de Piedra, porque no había evidencia de la práctica de tales comunidades en África. La evidencia más antigua en ese continente data de hace 7.500 años, pero el cuerpo no estaba quemado del todo y no había evidencia de pira alguna.

Jessica Thompson
Los primeros casos de cremación evidente datan de hace 3.300 años, de comunidades pastoriles del este de África. Sin embargo, la práctica no parecía frecuente, y en general se relaciona con sociedades agricultoras, no con cazadores-recolectores.
Encontramos más restos humanos carbonizados en un montoncito, y la capa de cenizas era del tamaño de una cama matrimonial. El fuego tiene que haber sido enorme.
Al analizar los restos con radiocarbono, nos impactó ver que databan de hace 9.500 años.
El rompecabezas
Un equipo de especialistas puso manos a la obra, y con técnicas forenses y bio arqueológicas se confirmó que todos los huesos eran de una única persona, cremada poco después de su muerte.
Se trataba de una mujer, tal vez, de baja estatura (1,5 mt), activa físicamente cuando estaba viva, con la parte superior del cuerpo robusta, pero con evidencia de una infección en el hueso del brazo que había sanado parcialmente. La edad se calculó mediana, por el desarrollo óseo y el inicio de artritis.

Jessica Thompson
Los patrones que dejó el fuego, las grietas y la decoloración indicaron que cuando la quemaron su cuerpo todavía tenía carne, y que el fuego llegaría al menos a 540 °C. El análisis microscópico mostró que tenía diminutas incisiones en los brazos y las piernas, lo que revela que quienes mantenían la pira encendida usaron herramientas de piedra para retirar carne y que el cuerpo se quemara.

Justin Pargeter
Entre las cenizas de la pira se hallaron puntas de piedra, que sugieren que se habían agregado herramientas al fuego. La forma en que estaban amontonados los huesos indicó que no se trató de canibalismo sino de otro tipo de ritual.
No se halló evidencia de la cabeza, y eso sorprendió porque los dientes y el cráneo son más densos y se preservan bien en las cremaciones. Por lo tanto, tal vez le hayan cortado la cabeza antes o durante la cremación, como parte del ritual.
Espectáculo para toda la comunidad
La pira requirió de un grupo para la construcción y también, para mantener el fuego encendido. Al año siguiente las excavaciones arrojaron más resultados, con más huesos de la misma mujer, que tenían un color diferente a los de la pira. Se entiende que el cuerpo fue movido durante la cremación.
El análisis microscópico de las muestras de cenizas de la pira incluyó hongos ennegrecidos, tierra de color rojo a causa de termitas, y restos vegetales. Se calculó que para la pira se necesitaron unos 30 kg de leña, manteniendo el fuego durante varias horas o días.
Supimos que no se trataba del único fuego del sitio Hora 1. Lo que había parecido una única pila de cenizas, era en realidad una serie de capas con evidencia de cremaciones. Mediante la datación de radiocarbono las muestras de cenizas mostraron que esa comunidad ya usaba el lugar para encender fuego hace 10.240 años. Y cientos de años después, volvieron a construir piras de cremación. Una tras otra, las piras fueron dejando evidencia de cenizas, en microscópicas capas.

Flora Schilt
Unos siglos después, en el mismo lugar se construyó otra fogata, aunque no hay evidencia de cremación. El hecho de que volvieran a encender fuego durante generaciones en un mismo lugar habla de su importancia en la memoria colectiva.
Antiguas cremaciones, vistas con ojos nuevos
¿Qué nos dice todo esto sobre los cazadores-recolectores de la región?
Por un lado, que las comunidades participaban del espectáculo mortuorio a escala extraordinaria, ya que la pira puede requerir de más de un día de atención continua para que se reduzca un cuerpo entero. El olor de la leña y los restos quemados sería imposible de ocultar.
No esperábamos hallar un esfuerzo funerario a tal escala en este lugar, ni correspondiente a esa época. Los registros africanos de rituales mortuorios en general no se relacionan con la vida de los cazadores-recolectores.
Además, se entiende que el ritual dependía de los roles sociales, porque en el sitio Hora 1 se hallaron restos de hombres, mujeres y niños sepultados hace 16.000 años. De esos restos se tomó ADN que evidenció que todos pertenecían a un grupo local durante generaciones. Las sepulturas y las que luego siguieron, no requirieron de una ceremonia tan prolongada y cuidada.
¿Por qué fue diferente con esta mujer? ¿Era forastera, o alguien importante en la comunidad? ¿Había alguna esperanza de vida después de la muerte, o el ritual fue por algo que ella hizo cuando estaba viva? Con más excavaciones y datos de la región quizá entendamos mejor el por qué de la cremación de esta persona, y qué significó el ritual para su comunidad.
Más allá de su identidad, su muerte fue importante, no solo para los que construyeron y atendieron la pira sino para las generaciones siguientes.
Jessica C. Thompson, Profesora adjunta de antropología de la Universidad de Yale; Elizabeth Sawchuk, curadora de evolución humana del Museo de Historia Natural de Cleveland y profesora adjunta de investigación de antropología en la Universidad Stony Brook (Universidad Estatal de Nueva York), y Jessica Cerezo-Román, profesora adjunta de antropología de la Universidad de Oklahoma.
Artículo republicado desde The Conversation bajo licencia Creative Commons. El artículo original está disponible aquí.
Este artículo ha sido traducido de Gizmodo US por Romina Fabbretti. Aquí podrás encontrar la versión original.