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Ciencia

Un paleontólogo se metió con neopreno y snorkel en una cueva inundada de Texas. El fondo estaba cubierto de fósiles que no encajan con el clima que creíamos que tenía la región

Una cueva atravesada por un arroyo subterráneo conservó restos de mamuts, mastodontes, perezosos gigantes y un pariente enorme del armadillo. Algunos podrían tener alrededor de 100.000 años.
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John Moretti esperaba encontrar fósiles cuando aceptó explorar Bender’s Cave, en el centro de Texas. Lo que no esperaba era tener que buscarlos arrastrándose por el fondo de un arroyo subterráneo con neopreno, gafas y snorkel. Mucho menos descubrir que prácticamente estaban por todas partes.

Entre marzo de 2023 y noviembre de 2024, el paleontólogo de la Universidad de Texas en Austin y el espeleólogo John Young realizaron seis expediciones a esta cueva situada en una propiedad privada del condado de Comal. Era la primera investigación paleontológica sistemática realizada en una cueva de agua de Texas. Y bastaba mirar hacia abajo para encontrar restos de la Edad de Hielo.

Por cierto, no se trata de una cueva «submarina»: Bender’s Cave forma parte de un sistema kárstico atravesado por agua subterránea dulce. Durante las expediciones, el arroyo apenas tenía unos pocos pies de profundidad en muchos sectores, lo suficiente para obligar a los investigadores a trabajar con el rostro sumergido.

Había huesos de mamuts, camellos y perezosos gigantes tirados por el fondo

Un paleontólogo se metió con neopreno y snorkel en una cueva inundada de Texas. El fondo estaba cubierto de fósiles que no encajan con el clima que creíamos que tenía la región
© John Moretti.

El equipo dividió el recorrido en 21 zonas y fue recuperando fósiles directamente del lecho del arroyo. Aparecieron restos de mamuts, bisontes, caballos, camellos, mastodontes, ciervos, felinos de dientes de sable y del perezoso gigante Megalonyx jeffersonii.

Sin embargo, dos animales cambiaron la historia del yacimiento.

Los investigadores identificaron fragmentos de caparazón de una tortuga gigante del género Hesperotestudo y placas de la armadura de Holmesina septentrionalis, un pampaterio emparentado con los armadillos que podía alcanzar aproximadamente dos metros de longitud. Ambos representan los primeros registros conocidos de estos animales en el Pleistoceno tardío de la meseta de Edwards, en el centro de Texas.

El problema es que esos animales cuentan una historia climática bastante distinta de la que se esperaba encontrar allí.

El «armadillo» gigante no encaja demasiado bien con un Texas frío y seco

Un paleontólogo se metió con neopreno y snorkel en una cueva inundada de Texas. El fondo estaba cubierto de fósiles que no encajan con el clima que creíamos que tenía la región
© John Moretti/The University of Texas at Austin.

La mayoría de los yacimientos regionales estudiados corresponden a etapas relativamente frías de la última glaciación, cuando el centro de Texas habría estado dominado por pastizales abiertos, secos y de clima fresco.

Pero Holmesina parece haber necesitado ambientes relativamente cálidos y húmedos. Las tortugas gigantes estaban igualmente condicionadas por temperaturas elevadas. A eso se suman el mastodonte y Megalonyx, asociados a vegetación leñosa y entornos más boscosos.

En conjunto, la fauna se parece mucho más a la de otros yacimientos texanos correspondientes a períodos interglaciares o interestadiales más cálidos. Una posibilidad particularmente interesante es que algunos restos pertenezcan al último interglacial, hace aproximadamente 100.000 años, una ventana de la historia natural prácticamente desconocida hasta ahora en esta parte de Texas.

Eso todavía no está demostrado.

Los fósiles presentan superficies pulidas, redondeadas y una mineralización rojiza similar, señales de que el agua pudo arrastrarlos hasta la cueva. El estudio también advierte de que el conjunto podría mezclar restos de distintas épocas. Además, la única datación radiométrica disponible presenta problemas de contaminación y no permite resolver con seguridad su antigüedad.

La propia agua que los escondió también complica averiguar cuándo vivieron

Los investigadores creen que los huesos llegaron a Bender’s Cave a través de sumideros durante antiguos episodios de erosión e inundaciones. Después quedaron acumulados en el sistema subterráneo durante miles de años. Eso explica por qué hoy pueden recogerse prácticamente del fondo del arroyo, pero también elimina parte del contexto geológico que normalmente permite fechar un fósil con precisión.

La siguiente tarea será precisamente determinar si todos aquellos animales vivieron juntos o si la corriente mezcló distintas comunidades separadas por decenas de miles de años. Porque, si la hipótesis del período interglacial termina confirmándose, Bender’s Cave no será únicamente una cueva llena de fósiles. Será la primera ventana conocida a un Texas central mucho más cálido, húmedo y boscoso del que los paleontólogos habían podido reconstruir hasta ahora.

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