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Un romance que nació delante de las cámaras

Ana Mena y Óscar Casas se han convertido en una de las parejas españolas más comentadas del momento. Su historia de amor comenzó durante el rodaje de Ídolos, la película dirigida por Matt Whitecross que llega a los cines este viernes 23 de enero.
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Lejos de ser un flechazo artificial para la promoción, ambos han reconocido que la conexión surgió de forma natural durante las grabaciones, hasta el punto de que parte del equipo acabó ejerciendo de improvisado “celestino”.

Una historia de ambición, motos y sentimientos

Ídolos narra la historia de Edu, un joven obsesionado con el motociclismo cuyo gran sueño es competir en MotoGP. Para lograrlo, deberá enfrentarse a su pasado y aceptar entrenar bajo las órdenes de su padre, un expiloto con el que mantiene una relación rota.

En medio de ese camino marcado por la exigencia extrema y la obsesión por ganar, aparece una joven con la que inicia un romance que se verá puesto a prueba por la dureza del mundo del motor y la presión constante por llegar a la cima.

“Fue algo que se alimentó orgánicamente”

Con motivo del estreno, ambos protagonistas han hablado con SensaCine sobre la experiencia. Los dos coinciden en que aceptar el proyecto fue un “sí” inmediato, ya que reunía todos los ingredientes para funcionar.

“La química fue algo muy bonito, fácil, natural y divertido”, explica Ana Mena. “Fue algo que se alimentó orgánicamente y ayudaba mucho a la película”.

Óscar Casas refuerza esa idea y destaca la libertad creativa del director: “Matt es muy libre y nos dejaba improvisar. Casi todas las escenas las íbamos encontrando sobre la marcha, creando un vínculo real. Cuando hay energía entre dos personas, se nota”.

El papel más exigente en la carrera de Óscar Casas

Para Casas, Ídolos ha supuesto uno de los mayores retos de su trayectoria. El actor se preparó durante más de un mes y medio entrenando con motos y conviviendo con pilotos reales, incluidos nombres tan conocidos como Marc Márquez o Jorge Martín.

“Lo que más me llamó la atención fue la obsesión que tienen”, explica. “Solo hablan de motos, viven por y para ellas. Se juegan la vida cada fin de semana, y esa pasión fue clave para construir el personaje”.

Rodar en los grandes templos del motociclismo

La película se rodó en algunos de los circuitos más importantes del mundo, como Austin, Misano, MotorLand Aragón, Montmeló, Jerez, Motegi o Valencia. Un rodaje tan ambicioso como arriesgado, con tiempos muy limitados y tensión real en el ambiente.

“Estar en la parrilla de salida minutos antes de que los pilotos salgan disparados es algo que ahora parece irreal”, recuerda Casas.
“Sentíamos mucha responsabilidad”, añade Ana Mena. “Nosotros éramos casi una distracción en un momento de máxima concentración para ellos”.

Una química que traspasa la pantalla

Las escenas íntimas entre ambos actores destacan por una naturalidad poco habitual. Según Ana Mena, el ambiente de trabajo fue clave: “Me encontré con un compañero súper profesional, que escuchaba y generaba buen rollo desde que entraba en la habitación. Eso es fundamental”.

Casas lo resume de forma sencilla: “A veces tienes suerte y haces ‘click’. Y aquí pasó”.

Mucho más que una película de motos

Tanto Ana Mena como Óscar Casas insisten en que Ídolos no está pensada solo para fans del motociclismo. “No hace falta que te gusten las motos”, afirma la actriz. “Es una película familiar, aspiracional y muy emocional”.

Casas la compara con Karate Kid: “No te tiene que gustar el karate para disfrutarla. Aquí pasa lo mismo”.

Un mensaje aspiracional para el público

Ambos coinciden en que el espectador sale del cine con una sensación clara: ganas de luchar por sus propios sueños.
“Sales con energía”, dice Ana Mena.
“Y con felicidad y amor”, remata Óscar Casas.

Una película donde la ambición, la adrenalina… y el amor van a toda velocidad.

Fuente: SensaCine.

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