Durante años, los expertos en ciberseguridad advirtieron que la inteligencia artificial podía convertirse en una herramienta para los atacantes. La pregunta era cuándo dejaría de ser una ayuda para hackers humanos y pasaría a hacer el trabajo casi por su cuenta. Un caso documentado en octubre sugiere que ese momento ya llegó.
Según la empresa de seguridad noruega NorForge, un único operador, al parecer de habla china, usó agentes de IA autónomos para atacar más de 1.200 sitios web en Estados Unidos, Canadá, Australia y Japón, y logró comprometer más de un centenar. Todo por unos 5.000 dólares en costos de uso de modelos de lenguaje.
Cómo se descubrió
El hallazgo fue casi accidental. Snorre Fagerland, investigador principal de amenazas de NorForge, rastreaba en internet copias expuestas de Cairn, una herramienta de código abierto que permite darle a agentes de IA un punto de partida y un objetivo para que avancen paso a paso. Desde comienzos de octubre encontró unas dos docenas de paneles de control de Cairn usados con fines maliciosos, según el reporte difundido por la prensa especializada.
Muchos de esos paneles estaban abiertos, sin contraseña. Mostraban los objetivos, los avances de cada ataque en tiempo real y hasta credenciales robadas. NorForge vinculó 14 de ellos a un mismo actor, al que denominó AIA0001, con más de 1.100 proyectos de ataque. La campaña habría comenzado el 25 de septiembre.
Las empresas afectadas
El informe de NorForge no nombró a las víctimas, pero periodistas de la agencia Reuters identificaron algunas al revisar los registros expuestos del atacante. Deere, el fabricante de maquinaria agrícola, dijo que tomó medidas y que no encontró indicios de acceso a información sensible. SharkNinja, la empresa de electrodomésticos, explicó que el ataque afectó a un sitio independiente de soporte de productos y que la amenaza fue contenida. Cummins, fabricante de motores, indicó que investigaba un posible ataque al sitio de uno de sus proveedores.
El objetivo principal parecían ser tiendas en línea con entre 200.000 y 1,5 millones de visitantes, buscando un acceso duradero a sus sistemas de compra y pago. Un sistema automatizado seleccionaba los sitios y comprobaba que pudieran procesar pedidos. Todavía no se sabe cuántos datos, si es que alguno, llegaron a robarse.
Un hacker que casi no trabaja
Lo más inquietante es lo poco que tuvo que intervenir el atacante. Según NorForge, sus instrucciones a los agentes cabían en menos de 100 caracteres chinos. Los ataques exitosos tardaron en promedio algo menos de 23 horas, y la tasa de éxito rondó el 10%. Fagerland estimó un costo de unos 50 dólares por cada intrusión lograda.
Las tareas se ejecutaban bajo un nombre que sugiere la combinación de una herramienta de programación con IA de Anthropic, Claude Code, con un modelo de la empresa china DeepSeek. Ni NorForge ni Reuters pudieron confirmar qué modelos se usaron realmente. El autor de Cairn aseguró que la herramienta fue creada para pruebas de penetración autorizadas, no para ataques.
Fagerland admitió que suponía que los agentes de hackeo todavía necesitaban supervisión humana constante. Esta campaña demostró lo contrario.
Un patrón que se repite
No es un caso aislado. En septiembre, la empresa Gambit Security describió otra campaña que combinaba varias herramientas de IA, incluida Cairn, y que habría comprometido al menos 27 organizaciones y copiado más de 600.000 registros de tarjetas de pago. Demis Hassabis, director de Google DeepMind, calificó los recientes ataques con agentes como «primeras señales de advertencia».
Para los defensores, el mensaje es claro: los ataques ya no dependen de cuántos hackers expertos haya, sino de cuánto cómputo se pueda pagar. Y a 50 dólares por intrusión, el precio de entrada es muy bajo. NorForge colabora para avisar a las víctimas y pidió a los proveedores de alojamiento que den de baja los paneles expuestos.