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Tecnología

Una IA ya puede mirarte, interrumpirte y hacerte creer que es humana. NVIDIA demuestra que la ilusión todavía tiene grietas

Tavus dice que Griffin-Lite confundió al 48% de las personas que hablaron con ella por videollamada. NVIDIA confirma que es la IA audiovisual más natural que ha probado, pero los humanos todavía ganan.
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Una videollamada parecía conservar una última barrera frente a la inteligencia artificial. Una cosa es intercambiar mensajes con un chatbot y otra bastante distinta ver un rostro que te mira, escucha mientras hablas, asiente, espera cuando dudas y deja de hablar cuando lo interrumpes.

Esa barrera acaba de hacerse considerablemente más pequeña.

Tavus presentó Griffin-Lite, una IA capaz de mantener conversaciones audiovisuales en tiempo real. La compañía reunió a 54 personas para una prueba de un minuto y no les dijo que hablarían con una máquina. Al terminar, 26 participantes (el 48%) dijeron creer que su interlocutora había sido una persona real. Tavus considera que eso convierte a Griffin en la primera IA que supera un “test de Turing en vídeo”.

El resultado es espectacular. La afirmación necesita un asterisco bastante grande.

El 48% creyó que había una persona del otro lado

Una IA ya puede mirarte, interrumpirte y hacerte creer que es humana. NVIDIA demuestra que la ilusión todavía tiene grietas
© Tavus AI.

Griffin no funciona simplemente como ChatGPT pegado a un avatar. Es un sistema full-duplex: mientras habla, continúa viendo y escuchando al usuario. Cada fracción de segundo decide si debe responder, esperar, asentir o detenerse ante una interrupción. El rostro, la voz y los movimientos se generan al mismo tiempo, permitiéndole reaccionar a lo que aparece ante la cámara.

En el experimento, los participantes creían que serían emparejados con otra persona para conversar durante un minuto sobre aquello que esperaban con ilusión durante el año. Solo después se les preguntó si habían sospechado que su interlocutor podía no ser humano.

El salto frente a la tecnología anterior de Tavus es enorme: con Phoenix-4.5, solo 1 de 41 participantes, un 2,4%, cayó en la misma ilusión. Con Griffin-Lite fueron prácticamente la mitad. Pero fue una prueba organizada y publicada por la propia empresa, con apenas 54 participantes. Además, no existe un protocolo universalmente aceptado llamado “test de Turing en vídeo”.

El famoso experimento de Alan Turing ni siquiera contemplaba caras o voces: precisamente intentaba eliminar esas pistas mediante conversaciones escritas.

NVIDIA lo probó y encontró algo todavía más interesante

Una IA ya puede mirarte, interrumpirte y hacerte creer que es humana. NVIDIA demuestra que la ilusión todavía tiene grietas
© Tavus AI.

Aquí entra la evidencia externa.

NVIDIA incluyó Griffin-Lite en VideoFDB, un benchmark construido a partir de 237 fragmentos de videollamadas reales y 11 dinámicas conversacionales. Evalúa cosas como fluidez, interpretación de gestos, momentos adecuados para hablar y naturalidad de las respuestas. Griffin-Lite quedó primera entre las IA evaluadas. En percepción obtuvo 3,73 puntos sobre 5, frente a 3,44 del siguiente sistema y 4,20 de los humanos. En generación audiovisual consiguió 3,83, extraordinariamente cerca del 3,92 de la referencia humana.

Es decir: NVIDIA confirma que Tavus ha construido algo excepcionalmente convincente. Pero también demuestra que todavía existe una distancia medible frente a una conversación humana real. Y eso expone otro problema con decir simplemente que una IA “pasó el test de Turing”.

Este mismo año, un estudio revisado por pares publicado en PNAS utilizó un protocolo completamente diferente. Los participantes conversaban por escrito durante cinco minutos con un humano y una IA simultáneamente. GPT-4.5, cuando recibía instrucciones para adoptar una personalidad humana, fue identificado como la persona el 73% de las veces.

Dos IA pueden, por tanto, “pasar el test” obteniendo porcentajes completamente distintos porque en realidad están jugando juegos diferentes.

El auténtico problema empieza cuando nadie sabe que está hablando con una IA

Tavus reconoce precisamente ese riesgo. Griffin-Lite todavía no está disponible para clientes y permanece limitado a testers seleccionados mientras la empresa desarrolla mecanismos para informar claramente de que existe una IA del otro lado.

En Europa eso ya no es solamente una cuestión ética. Desde agosto de 2026, el AI Act exige que los sistemas diseñados para interactuar directamente con personas informen de que son inteligencia artificial, salvo que resulte evidente por el contexto. Porque quizá la pregunta interesante ya no sea si Griffin ha superado exactamente el experimento imaginado por Turing hace más de 75 años.

Es otra mucho más inmediata: ¿qué ocurre cuando una máquina puede mirarnos a los ojos durante una videollamada y casi la mitad de nosotros deja de darse cuenta de que es una máquina?

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