La inteligencia artificial ya no se limita a analizar datos o sugerir respuestas. Un grupo de científicos ha desarrollado un sistema capaz de participar de forma mucho más directa en el proceso de investigación.
Se llama Eve y combina inteligencia artificial con automatización de laboratorio para estudiar sistemas biológicos de forma autónoma. El proyecto fue desarrollado por investigadores de la Universidad Chalmers de Tecnología y la Universidad de Gotemburgo, en Suecia.
El sistema trabaja con Saccharomyces cerevisiae, la levadura utilizada habitualmente en la elaboración de cerveza y uno de los organismos modelo más importantes de la biología.
Un laboratorio capaz de trabajar en circuito cerrado
La principal diferencia de Eve frente a otras herramientas de inteligencia artificial es que no se limita a procesar información.
El sistema recibe datos científicos sobre el genoma, el metabolismo y estudios previos de la levadura, y a partir de ese conocimiento identifica preguntas relevantes que todavía pueden investigarse. Después diseña experimentos para responderlas, ejecuta esas pruebas mediante sistemas robotizados y analiza los resultados obtenidos.
Con esa nueva información, la inteligencia artificial puede modificar sus hipótesis y diseñar nuevos experimentos, creando un ciclo continuo de investigación.

La IA no solo analiza datos: también genera hipótesis
Uno de los principales desafíos de la ciencia moderna es la enorme cantidad de información disponible.
En campos como la biología molecular, un investigador puede enfrentarse a miles de genes, proteínas, rutas metabólicas y estudios previos que resultan imposibles de analizar simultáneamente.
Los desarrolladores de Eve sostienen que la inteligencia artificial puede explorar ese volumen de información y detectar relaciones que podrían pasar desapercibidas para un equipo humano. La diferencia es que, en este caso, el sistema no termina su trabajo con una predicción informática. Puede ponerla a prueba físicamente.
Un concepto parecido al de los coches autónomos
Los investigadores comparan el funcionamiento de estos laboratorios con el desarrollo de los vehículos autónomos.
Un coche autónomo recibe información de sensores, interpreta el entorno, toma decisiones y actúa. Eve hace algo parecido dentro de un laboratorio: recibe información científica, genera una explicación posible, decide qué experimento necesita y ejecuta esa prueba.
El resultado vuelve al sistema como nueva evidencia y el proceso comienza otra vez.
Podría acelerar enormemente la investigación biológica
Este tipo de plataformas podría ser especialmente útil para trabajos repetitivos en los que deben probarse cientos o miles de condiciones diferentes. La automatización permitiría realizar experimentos de manera continua y sistemática, reduciendo el tiempo necesario para explorar grandes espacios de posibilidades.
Según sus desarrolladores, esto podría acelerar investigaciones sobre metabolismo, genética, biotecnología y descubrimiento de nuevos compuestos.
La idea no es reemplazar a los científicos
Los responsables del proyecto insisten en que sistemas como Eve están pensados para complementar el trabajo humano.
Los investigadores seguirían definiendo grandes preguntas, interpretando implicaciones y tomando decisiones complejas, mientras los robots podrían encargarse de ciclos experimentales repetitivos y análisis de grandes cantidades de datos. El estudio fue publicado en Journal of The Royal Society Interface y presenta un paso más hacia los llamados laboratorios autónomos.
La gran diferencia es que la inteligencia artificial empieza a salir de la computadora.
Ahora también puede tocar el experimento.