Aunque a simple vista parezca que no pasa nada, el cielo este agosto nos ofrece un fenómeno poco común: la luna negra. Esta fase lunar, que muchos desconocen, no se distingue por su presencia, sino por su ausencia. Y precisamente por eso, los aficionados a la astronomía la celebran. Aquí te explicamos qué es, cuándo ocurre y por qué su «invisibilidad» es una gran noticia.
¿Qué es realmente una luna negra?
Una luna negra no es más que una luna nueva extra, es decir, la repetición de esa fase lunar en la que nuestro satélite se alinea con el Sol y queda completamente invisible desde la Tierra. A diferencia de la luna llena, que ilumina el cielo, la luna nueva lo oscurece, y cuando tenemos una luna negra, esa oscuridad adicional es perfecta para la observación astronómica.

Este fenómeno ocurre porque la Luna gira alrededor de la Tierra cada 27,3 días, mientras que nuestro calendario mensual tiene algo más de 30 días. Esa pequeña diferencia se acumula y, de vez en cuando, hace que tengamos una luna nueva adicional en un mismo mes o estación. La luna negra mensual ocurre cuando hay dos lunas nuevas en un solo mes, mientras que la estacional aparece cuando hay cuatro lunas nuevas en una estación y esta es la tercera.
Una oportunidad única para ver el cielo en calma
Este mes de agosto tendremos una luna negra estacional. Será el día 23 y marcará la tercera luna nueva del verano. Ya hemos tenido una el 25 de junio y otra el 24 de julio, y la cuarta llegará el 21 de septiembre, justo antes del otoño. Este fenómeno no se repetirá hasta 2027, por lo que estamos ante una ocasión especial.
La oscuridad que genera la luna negra es muy valorada por los astrónomos y amantes del cielo nocturno. Aunque las perseidas —la lluvia de estrellas más famosa del verano— alcanzarán su pico el 12 y 13 de agosto con un cielo bastante iluminado por la Luna, la luna negra ofrecerá varias noches posteriores de cielo más oscuro y limpio, ideal para observar meteoros rezagados o simplemente disfrutar de la Vía Láctea.

Una noche oscura, un cielo lleno de posibilidades
Si tienes la suerte de alejarte de la contaminación lumínica durante los días posteriores al 23 de agosto, podrás disfrutar de uno de los cielos más limpios del año. La luna negra no se ve, pero se siente: su ausencia de luz nos regala un firmamento espectacular. Una buena excusa para salir, tumbarse bajo las estrellas y reconectar con el universo.
Fuente: Hipertextual.