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Ciencia

¿Una nueva era para el párkinson? Lo que revelan dos ensayos clínicos que pocos esperaban

Dos estudios revolucionarios publicados en Nature plantean una vía prometedora en la lucha contra el párkinson: trasplantes de células que no han sido rechazadas por el organismo y que ofrecen signos de mejora motora. ¿Estamos ante un giro médico histórico o ante un avance aún prematuro?
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Durante décadas, el párkinson ha sido un desafío constante para la medicina, especialmente por la degeneración neuronal progresiva que lo caracteriza. Aunque existen tratamientos que alivian los síntomas, ninguno ha logrado revertir el daño. Ahora, dos estudios recientes sugieren una posibilidad audaz: reemplazar las neuronas perdidas con células nuevas implantadas en el cerebro. A continuación, te contamos qué se descubrió, cómo se logró y por qué esto podría cambiar el futuro del tratamiento neurológico.

Un tratamiento que va más allá de los medicamentos tradicionales.
© valelopardo

Un tratamiento que va más allá de los medicamentos tradicionales

El párkinson se produce por la degeneración de las neuronas que generan dopamina, lo cual afecta funciones motoras y causa temblores, rigidez y problemas de movimiento. El tratamiento más habitual, la L-Dopa, puede mejorar los síntomas en fases iniciales, pero con el tiempo pierde efectividad y puede causar efectos adversos como movimientos involuntarios. Ante este escenario, la comunidad científica ha empezado a investigar enfoques que no se limiten a paliar los síntomas, sino que intenten recuperar funciones perdidas.

Dos investigaciones independientes, una desde Japón y otra desde Estados Unidos, han puesto a prueba la implantación de células dopaminérgicas en zonas clave del cerebro afectado. Lo novedoso es que ambas usaron tipos distintos de células madre —una de origen embrionario y otra inducida en laboratorio— y obtuvieron resultados esperanzadores en cuanto a seguridad y leves mejoras en síntomas motores.

De Japón a Nueva York: lo que probaron y cómo respondieron los pacientes

El primer ensayo, llevado a cabo en Kioto, implantó células dopaminérgicas derivadas de células madre pluripotentes inducidas en siete pacientes entre 50 y 69 años. Durante los dos años de seguimiento, no se registraron rechazos ni tumores, y algunos pacientes mostraron mejoras sin necesidad de medicación.

En paralelo, en Nueva York, un segundo equipo liderado por Viviane Tabar trató a 12 personas utilizando células derivadas de embriones humanos. Los pacientes fueron divididos en dos grupos con diferentes dosis implantadas en el putamen, región clave para el control motor. Durante 18 meses, no se observaron efectos secundarios graves y se detectaron mejoras moderadas en la movilidad, tanto en los que recibieron dosis bajas como altas.

¿Esperanza real o avance incipiente?

A pesar del entusiasmo que genera este tipo de terapias, las expertas consultadas insisten en mantener la cautela. Rosario Sánchez Pernaute, investigadora del Instituto Biobizkaia, destaca que aunque los estudios son sólidos y realizados por equipos con gran trayectoria, el número reducido de pacientes y el corto tiempo de observación aún no permiten sacar conclusiones definitivas. Además, señala que la mejora en los síntomas fue limitada y que posiblemente se administraron dosis insuficientes debido a la baja supervivencia celular reportada en ensayos previos.

No obstante, el consenso es claro: estos trabajos constituyen un paso adelante. Son, en palabras de los propios investigadores, una base sólida para seguir explorando y afinando una estrategia terapéutica que, aunque en pañales, podría redibujar el futuro de una de las enfermedades neurodegenerativas más complejas.

Fuente: El Español.

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