La lucha contra el Alzheimer es, en esencia, una carrera contra el tiempo. Los síntomas visibles aparecen cuando el daño cerebral ya está avanzado. Por eso, cada avance que permita anticiparse a esos signos es un paso esperanzador. Un reciente descubrimiento sugiere que uno de los desencadenantes podría estar actuando mucho antes de que la enfermedad dé la cara.

Un descubrimiento clave en las primeras fases
Investigadores del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa han identificado un mecanismo que podría estar implicado en las primeras etapas del Alzheimer. La protagonista es una proteína llamada SFRP1, cuya acumulación en el cerebro podría estar relacionada con procesos inflamatorios crónicos y con el inicio silencioso de esta enfermedad neurodegenerativa.
Este fenómeno fue observado en un modelo con ratones, donde se detectó que ciertas células cerebrales, los astrocitos, producen esta proteína en exceso. Aunque durante años se pensó que estas células solo asistían a las neuronas, hoy sabemos que tienen un rol mucho más activo en la salud cerebral. El exceso de SFRP1 parecería interferir en la acción de una enzima llamada ADAM10, fundamental para mantener activas y saludables las conexiones neuronales.
Memoria en riesgo y una proteína como posible motor
Este bloqueo genera un desequilibrio que afecta directamente la plasticidad sináptica, es decir, la capacidad del cerebro para adaptarse, aprender y consolidar recuerdos. El equipo explica que la acumulación de SFRP1 daña un proceso crucial llamado “potenciación sináptica a largo plazo”, clave para reforzar las conexiones neuronales en el aprendizaje y la memoria.

Según los autores del estudio, publicado en la revista Cell Reports, este exceso de proteína no sería simplemente un acompañante de la degeneración, sino un posible desencadenante. Guadalupe Pereyra, una de las investigadoras, lo define como “un motor activo de la patología”.
Qué implican estos hallazgos para el futuro
Aunque el estudio se realizó en roedores, los investigadores advierten que es solo el inicio. Validar estos resultados en humanos llevará tiempo, pero podría abrir nuevas puertas para detectar la enfermedad antes de que cause daños irreversibles.
Además de una futura vía terapéutica, esta línea de investigación tiene un valor clave: entender cómo empieza realmente el Alzheimer. Y en esa comprensión, tal vez esté la posibilidad de frenar —o incluso evitar— sus efectos más devastadores.
Fuente: Xataka.