Departamento 7A, dirigida por Natalie Erika James, toma la esencia de la icónica El Bebé de Rosemary y la lleva en una dirección más íntima. En lugar de explorar una conspiración mundial como en la original, esta película nos presenta la caída de Terry Gionoffrio, una joven que aspira a triunfar como bailarina en 1965. Si bien el Bramford, ese edificio siniestro de Nueva York, sigue siendo el escenario central, la historia se enfoca en cómo Terry, interpretada por Julia Garner, enfrenta un destino trágico en su intento de cumplir sus sueños.
El diseño de producción logra mantener una conexión visual con la película de 1968 sin caer en una simple copia. Desde las paredes delgadas hasta los detalles arquitectónicos, la atmósfera opresiva sigue presente. Pero lo que realmente destaca en Departamento 7A es la capacidad de contar una historia de ambición, soledad y manipulación sin necesidad de grandes sorpresas. Aunque ya conocemos el destino de Terry, la forma en que se narra su descenso es lo que cautiva.

Terry: un personaje con matices y sombras
Terry Gionoffrio es mucho más que un peón en los planes de los Castavet. En esta precuela, se nos presenta como una joven luchando por mantenerse a flote tras una lesión que arruina su carrera de baile. La vulnerabilidad que Julia Garner aporta a su personaje la convierte en alguien con quien es fácil empatizar. La presión de cumplir con expectativas inalcanzables y el creciente sentimiento de fracaso llevan a Terry a aceptar la ayuda de los misteriosos Minnie y Roman Castavet, interpretados por Dianne Wiest y Kevin McNally.

Sabemos que aceptar la generosidad de los Castavet es un error, pero la película nos hace comprender las decisiones desesperadas de Terry. A medida que avanza la trama, la vemos atrapada en una red de manipulaciones y abusos que se hacen más evidentes con el tiempo. La tensión crece en cada escena, mientras Terry, al igual que Rosemary en su momento, intenta juntar las piezas de un oscuro rompecabezas.
Un terror más íntimo y emocional
A diferencia de El Bebé de Rosemary, donde el espectador se siente atrapado en un complot global, Departamento 7A reduce el escenario a lo personal. La historia de Terry se siente más pequeña, pero no por eso menos aterradora. Aquí no se trata de una conspiración apocalíptica, sino de los costos devastadores de los sueños rotos y la confianza traicionada.
Las comparaciones con la original son inevitables, pero Departamento 7A tiene su propia voz. Mientras que El Bebé de Rosemary nos hacía dudar de la seguridad del mundo entero, esta precuela nos hace temer por una joven atrapada en una situación que parece escapársele de las manos. La película introduce una decisión argumental clave que crea una separación interesante entre la historia de Terry y la de Rosemary, aportando una nueva capa de intriga.
Un cambio de perspectiva en el cine de terror
Al igual que The First Omen, Departamento 7A es una película dirigida por una mujer que reinterpreta un clásico creado por un hombre. Este cambio de perspectiva es notable, sobre todo en un género donde los cuerpos femeninos suelen ser tratados como objetos de posesión. En Departamento 7A, vemos una representación más matizada de los horrores que enfrentan las mujeres, tanto físicos como emocionales.

El resultado es una precuela que, aunque no era necesaria, se siente como una adición fresca al universo de El Bebé de Rosemary. Con una historia atmosférica y personajes complejos, Departamento 7A logra mantener al espectador al borde de su asiento sin necesidad de grandes giros argumentales.
Departamento 7A ya está disponible en Paramount+ y se podrá adquirir digitalmente a partir del 27 de septiembre.