La datación con argón-argón es una técnica común que usan los científicos para averiguar cuándo sucedió un evento geológico como, por ejemplo, la erupción de un volcán. El problema está en que resulta difícil aplicarla a eventos recientes. Pero para resolver ese problema un equipo de investigadores utilizó el texto que escribió un antiguo autor romano.
En un trabajo que se publicó el viernes en Science Advances, los científicos utilizaron la datación con argón-argón para calcular la antigüedad de muestras de piedra pómez de la erupción del Monte Vesubio. Compararon la fecha con la histórica, que según Plinio el Joven fue el 24 de agosto del año 79 d.C., ya que él fue testigo de la tragedia a la distancia. Eso les permitió refinar el calibrado de la técnica con argón-argón. Su éxito en la aplicación del método de datación con argón-argón a un evento geológico relativamente reciente abre las puertas a la datación de otras erupciones volcánicas recientes, con implicaciones para los cálculos de futuros problemas.
“Queríamos ver cuán precisos eran nuestros cálculos en algo muy reciente”, le dijo a Gizmodo Paul Renne, autor principal del trabajo e investigación del Centro Geocronológico Berkeley. “Por eso, parte de este trabajo era tan solo ver si lográbamos igualar la edad histórica de la erupción del Vesubio que sepultó a Pompeya”. Renne explicó además que para la geocronología, el año 70 d.C. es “como si fuera ayer”.
Refinar la datación con argón-argón
No todos coinciden con la fecha de Plinio, porque hay historiadores que sostienen la teoría de que una moneda que se encontró en Pompeya solo podría haberse acuñado en septiembre de ese año, lo que significa que la tragedia tiene que haber ocurrido más tarde, en el otoño. Pero al comparar la moneda con otras monedas romanas de la época, Caroline Hasler, también investigadora del Centro Geocronológico Berkeley y coautora del trabajo, determinó que es probable que fuera acuñada antes de septiembre. Eso, junto a otras investigaciones, brindó mayor certeza de que la fecha del 24 de agosto del año 79 d.C. era un punto de referencia confiable.
Se efectuó entonces la datación con argón-argón. Los Investigadores saben que el isótopo (versión de un elemento) del potasio-40 en los minerales se transforma por radiactividad en el isótopo argón-40, a una tasa en particular. En cámaras de magma extremadamente caliente el argón sale en forma de gas de estos cristales minerales. Pero cuando el volcán entra en erupción y eyecta minerales que luego empiezan a enfriarse, el argón queda atrapado en el mineral y empieza a acumularse. Así, los investigadores pueden utilizar la acumulación de argón-40 para calcular cuándo ocurrió la erupción. Por eso es más fácil calcular la fecha de erupciones más antiguas, ya que hay más acumulación de argón para medir.

Partiendo de la fecha de Plinio el Joven, y con ocho muestras de material volcánico del Vesubio, el equipo pudo refinar la técnica de datación con argón-argón para calcular que el volcán había entrado en erupción en el año 87 d.C., con un margen de error de 13 años. Es decir que el método que calibraron se puede utilizar para poder calcular la fecha de algo tan “reciente” como la destrucción de Pompeya, con un margen de error de una década “y eso es bastante preciso”, como señaló Renne. Su logro además les permitió calcular con mayor precisión a qué ritmo se descompone el potasio-40 para formar argón-40.
Por qué importan las fechas
Las técnicas de datación necesitan ser confiables para que la ciencia investigue las consecuencias de eventos geológicos muy antiguos. Al buscar la relación entre dos eventos, como una erupción volcánica y la extinción masiva de animales, la evidencia más directa que se puede esperar es que haya un alineamiento cronológico.
Además, al poder echar luz sobre la historia eruptiva de un volcán, la ciencia puede predecir mejor futuras erupciones y mitigar los riesgos para las poblaciones cercanas. También se puede contribuir a la solución de otro problema geocronológico. Las dos técnicas de datación en este campo con la del argón-argón, y otro método similar que mira la transformación del uranio en plomo. Pero estos dos “relojes de rocas” no suelen dar como resultado la misma fecha para un mismo evento.
“Hay resultados similares, pero podríamos calcular fechas con mayor precisión”, dijo Renne. “Hemos intercalibrado los dos sistemas bastante bien pero siempre hay espacio para mejorar, y ahora esta pieza de evidencia en particular se puede utilizar para esa técnica”. El estudio podría también ayudar a poner en línea otros métodos de datación como el carbono-14 que se usa para calcular la antigüedad de material orgánico. Renne indicó que “es bueno que los diferentes relojes te brinden la misma respuesta”.