Los científicos conocían sólo dos grupos de animales que habitan el agua intensamente salada del Gran Lago salado de Utah, EE.UU. Pero eso cambió ahora.
Un equipo de investigadores confirmó que existe al menos un nemátodo antes desconocido en ese lago excepcionalmente salado, el Diplolaimelloides woaabi – wo’aabi es la palabra nativa que significa “gusano” – una criaturita pequeña que parece ser endémica en ese espejo de agua.
Los nemátodos son gusanos no segmentados que habitan en muchos lugares y abundan. Suelen comprender cerca del 80% de los animales de los suelos terrestres y casi el 90% del suelo oceánico. Hay más de 250.000 especies de nemátodos conocidas y no sorprende que los nemátodos puedan habitar el Gran Lago salado, porque existen en otros entornos extremos como el hielo polar y las chimeneas hidrotermales de la profundidad marina.
Los nemátodos del lago salado
En 2022 Julie Jung de la Universidad de Utah encabezó expediciones de campo que hallaron nemátodos en los microbialitos del Gran Lago Salado (son montículos de microbios en el fondo del lago). Su hallazgo fue la primera ocasión en que los investigadores registraron la existencia demostrada de nemátodos en el lugar, con lo que los gusanos se sumaron a los grupos ya conocidos de animales, conformados por camarones y moscas de agua salada.
“Pensamos que probablemente era una nueva especie de nemátodo, y a lo largo de tres años el trabajo taxonómico confirmó nuestra sospecha”, explicó en declaraciones de la Universidad de Utah Jung, coautora de un estudio que se publicó en noviembre del año pasado. Además, podría haber en las muestras otras especies de nemátodo no documentadas, según lo sugiere la evidencia genética.
Ahora el equipo se enfrenta a una pregunta interesante: ¿cómo llegaron allí esos diminutos nemátodos? Además del D. woaabi que acaban de identificar, los investigadores saben que hay solo un miembro de los Diplolaimelloides que existe fuera de las regiones costeras, y está en el este de Mongolia. El Gran Lago salado está a 1.287 kilómetros del océano más cercano y a 1.280 metros sobre el nivel del mar.
Michael Werner, autor principal del estudio y profesor de biología de la Universidad de Utah, dijo que hay dos hipótesis “un tanto alocadas”. Una es que los nemátodos hayan estado allí durante millones de años. El período Cretácico (145 a 66 millones de años atrás) fue el momento en que gran parte de lo que hoy es Utah estaba en las costas de un mar gigantesco que había en Norteamérica.
“Así que esto sería la playa. Esta zona formaba parte de esa costa y los ríos y arroyos que desembocaban en esa playa habrían sido un muy buen hábitat para este tipo de organismos”, explicó Byron Adams, coautor y especialista de la Universidad Brigham Young. “Al elevarse la planicie de Colorado se formó una gran cuenca y los animales quedaron atrapados allí. Es algo que hay que probar y estudiar, pero es lo que suponemos. La hipótesis es que están allí porque siempre estuvieron allí”.
Otra teoría, más alocada
La teoría tiene un obstáculo importante. El norte de Utah no era todo salado.
“Si el nemátodo era endémico desde hace 100 millones de años, sobrevivió a cambios drásticos de salinidad al menos una vez, o varias”, explicó Werner, señalando el obstáculo más importante que tiene la teoría. La otra “idea más loca”, según dijo, es que los nemátodos de los lagos de agua salada de Sudamérica tal vez viajaron en las plumas de aves que volaron al norte. “Tal vez las aves transportaban a pequeños invertebrados como los nemátodos, en sus vuelos de largas distancias. Resulta difícil de creer, pero una de las dos teorías tendría que ser la correcta”, prosiguió Werner.
Hay más misterios. Encontraron que las muestras tenían más nemátodos hembras que machos, tendencia que no se da en los cultivos de gusanos en el laboratorio, donde hay 50% y 50%. Según Werner, tiene que haber algo que sucede en el lago y no pasa en el laboratorio.
Los nemátodos tienen roles importantes en los muchos hábitats en los que se encuentran. Aunque no se sabe bien qué lugar ocupan en la cadena alimentaria, el hecho de que estén en el lago tan salado indica que es otro entorno en el que tienen un papel importante que cumplir.
Los nemátodos también pueden ser bioindicadores, lo que significa que los cambios en sus poblaciones o propagación pueden reflejar cambios ambientales. El D. woaabi podría ser útil para estudiar la actividad humana que afecta al Gran Lago salado, como factor de estrés ambiental.
“Si tienes un puñado de especies que logran persistir en esa clase de entornos y son realmente sensibles a los cambios, sirven como buenos centinelas y te indican cómo está la salud del ecosistema”.