No es un volcán cualquiera. Bajo la superficie de Yellowstone duerme uno de los supervolcanes más poderosos del planeta. Aunque ha permanecido inactivo durante milenios, nuevas observaciones han revelado que su cámara magmática está lejos de estar vacía. Y si despertara, sus efectos no se limitarían a Estados Unidos: la vida moderna entera se vería alterada.
Una cámara de magma más activa de lo esperado

Científicos del USGS utilizaron mediciones eléctricas del subsuelo para crear una imagen en 3D del sistema magmático de Yellowstone. Gracias a la conductividad de la roca fundida, lograron identificar bolsas de magma que ocupan hasta un 30 % del volumen bajo la caldera. La mayor concentración, de entre 400 y 500 km³ de riolita, se encuentra justo bajo el noreste del parque.
Este volumen supera al de la histórica erupción de hace 1,3 millones de años. Según el análisis, ese punto específico sería el candidato más probable para una futura erupción. El problema es que no sabemos si ocurrirá en cien años, mil… o nunca.
Una explosión capaz de detener la vida cotidiana

La erupción comenzaría con una explosión ensordecedora. En minutos, una columna de ceniza y piedra pómez ascendería hasta la estratósfera, oscureciendo el cielo. Luego vendrían los flujos piroclásticos: avalanchas letales de gas, ceniza y roca incandescente que arrasarían todo en un radio de 100 kilómetros. Nada sobreviviría allí.
En menos de un día, la ceniza se esparciría por Norteamérica. El transporte se detendría, los cultivos morirían, las redes eléctricas colapsarían y el agua potable se contaminaría. En zonas como Chicago o San Francisco podrían caer hasta 3 cm de ceniza, mientras que Denver o Salt Lake City quedarían enterradas bajo capas mucho más gruesas.
Señales que podrían no llegar a tiempo

Yellowstone presenta actividad constante: pozas de barro burbujeante, aguas termales y pequeños temblores. Pero eso no significa que una erupción sea inminente. Estudios sobre otros supervolcanes, como el Monte Toba en Indonesia, indican que incluso los eventos catastróficos pueden ocurrir con muy pocas señales previas.
Aunque algunos científicos esperan que una supererupción esté precedida por eventos menores, la realidad es que solo se sabrá si fue “la gran erupción” después de que haya terminado. Y entonces, ya será demasiado tarde para actuar.