Ártico. Getty

Mientras que los gobiernos se ponen de acuerdo sobre cuál es el mejor plan para paliar el cambio climático y otros (como Estados Unidos) parecen tomar un camino contrario, un grupo de científicos ha presentado un plan de lo más salvaje para volver a congelar el Ártico: bombas eólicas sobre la capa de hielo.

La medida puede sonar desesperada e incluso bastante peliculera, pero tiene todo el sentido del mundo si analizamos lo ocurrido hace muy poco. En noviembre del año pasado se publicaba un informe sobre la Resiliencia del Ártico que ponía los pelos de punta. Sabíamos que el Polo Norte sufría un calentamiento, pero el 2016 arrojaba una cifra escalofriante: las temperaturas del Polo Norte se elevaron hasta 20 grados sobre el promedio de las registradas durante esa época (fue en otoño) en años anteriores.

En el informe había más datos para tener en cuenta. Por ejemplo la superficie helada en el Ártico alcanzó unos mínimos históricos en octubre de 6,6 millones de kilómetros cuadrados. No hace falta ser un genio para advertir que esto puede traer consecuencias catastróficas para el planeta.

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Aunque hoy no sepamos con exactitud el alcance mundial de los cambios en el Ártico, los científicos apuestan por una liberación masiva y natural de metano (un gas cuyo efecto invernadero es extremadamente más potente que el CO2), o que la tundra y su deshielo provocará un cambio en la vegetación que repercutirá en la pesca o los ecosistema septentrionales.

Desde que comenzaron a llegar las primeras señales de alarma los científicos han intentado convencer a los gobiernos de la necesidad de actuar cuanto antes. La última propuesta la ofrece el físico Steven Desch y su equipo de la Universidad de Arizona. En lugar de quedarse sentados y observar cómo el hielo marino desaparece de la región a un ritmo sin precedentes, apuestan por un plan inédito.

Ártico. Getty

Básicamente hablan de instalar 10 millones de bombas eólicas (energía renovable) sobre la capa de hielo para luego bombear el agua sobre la superficie (helada) del ártico en el invierno. En teoría, esa agua se congelaría antes de la llegada del verano. El investigador dice que las bombas podrían agregar casi un metro de grosor a la capa actual de hielo marino. Si el hielo es más grueso duraría más tiempo y reduciría el peligro de que el hielo desapareciera durante el verano. Según Desch:

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Con nuestro plan, un hielo más grueso significaría hielo más duradero. A su vez eso significaría que el peligro de que todo el hielo marino desaparezca del Ártico en verano se reduciría significativamente.

Obviamente el plan tiene un coste. Los investigadores calculan que el programa para volver a congelar el Ártico necesitaría 500 mil millones de dólares de financiación.

El resumen del documento de los científicos indica que el Ártico podría estar completamente desprovisto de hielo marino en el verano del 2030. Para Desch y sus colegas el acuerdo de París del 2015 tampoco será suficiente para detener las consecuencias del calentamiento global.

Es posible que un proyecto de esta magnitud jamás se lleve a cabo, pero las señales que está emitiendo el planeta nos indican que en algún momento habrá que tomar medidas más allá de acuerdos o recomendaciones sobre malos hábitos. Como dice Desch:

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Nuestra única estrategia en la actualidad parece ser decirle a la gente que deje de quemar combustibles fósiles. Es una buena idea, pero vamos a necesitar mucho más que eso para evitar que el hielo marino del Ártico desaparezca. [The Guardian]