Hubo un breve momento durante la gala de los Oscar en el que parecía que Mad Max: Fury Road iba en camino a conseguir el reconocimiento que se merece como la película que es. Arrolladora, disruptora e increíble en el plano visual. Alerta de spoilers: no, no lo consiguió.

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Como suele ocurrir a menudo con este género cinematográfico, Mad Max: Fury Road ganó un aluvión de premios de los de “detrás de las cámaras”, seis de los siete a los que estaba nominada, pero perdió mejor Director y Mejor Película. Aquí van la lista de lo que sí ganó:

  • Edición: Margaret Sixel
  • Diseño de Vestuario: Jenny Beavan
  • Maquillaje Lesley Vanderwalt, Elka Wardega y Damian Martin
  • Edición de sonido: Mark Mangini y David White
  • Mezcla de sonido: Chris Jenkins, Gregg Rudloff y Ben Osmo
  • Diseño de producción: Por Colin Gibson; decorado del set por Lisa Thompson.

Todas estas personas hicieron un trabajo increíble creando un milagro de película. Me alegra mucho de que se les haya reconocido su labor, como también me alegra que ninguna otra película haya ganado tantos Oscar como Mad Max: Fury Road. Aquí está, con todo, lo que me chirría: ¿Cómo es posible que haya ganado tantos premios secundarios en tantas categorías pero, en cambio, ni George Miller ni la película en sí hayan sido dadas como ganadores?

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Se puede razonar tranquilamente sobre la calidad relativa de las otras nominadas a Mejor Película. Ha sido un año muy grande para el cine. Pero Mad Max: Fury Road era una obra maestra. Es un homenaje al medio cinematográfico a-todos-los-niveles. Los Oscars deberían haberlo recompensado, y a George Miller también, por haber hecho absolutamente todo bien. Todo.

Fury Road es una película increíble, con un buen puñado de mensajes importantes sobre la autonomía, el sexismo, el cambio climático, la avaricia... Fury Road lo tiene todo, pero ejecutado con una gracia que asombra. La película hace que lo imposible parezca sorprendentemente sencillo. Incluso su propia historia de desarrollo: los años que Miller y compañía pasaron creando, bocetando y experimentando cómo hacerla, exhibe lo mejor de la pasión por hacer buen cine. No hay una sola cosa que los otros nominados hiciesen que Mad Max no tenga. Y de lo que tiene, normalmente lo hace mejor.

Enfadarse con los resultados de los Oscar es normalmente una tarea sin mucho sentido, especialmente porque es un evento sin mucho sentido. Al final que acaba contando es que Miller y todo el mundo que trabajó en la película consiguió hacer realidad el proyecto con el que soñaban. Y la gente lo vio, y les gustó. Es solo, que, maldita sea, habría sido genial para la gente que hizo una película tan buena un reconocimiento a su labor. Para animar a más productores y directores a llegar hasta donde ellos llegaron, a conseguir lo que parecía imposible.


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