Imagen: Andrew Bret Wallis / Shutterstock

Monsanto trabaja en un método para mantener frescas las flores recién cortadas, de manera que luzcan más tiempo en el jarrón (o en la tienda). La multinacional que creó el maíz resistente al glifosato —y que es el blanco de las campañas antitransgénicos— ahora quiere cultivar la rosa que no se marchita.

El método viene detallado en una solicitud de patente publicada por la Oficina de Patentes y Marcas de los Estados Unidos. A diferencia del maíz o la soja transgénica, cuyo genoma fue modificado permanentemente, la planta se rocía o se alimenta a través de sus raíces con unas moléculas de ARN que modifican de manera temporal la función de ciertos genes vinculados con el envejecimiento.

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En concreto, estas moléculas bloquean la capacidad de las flores frescas de producir gas etileno. El gas etileno es la hormona de crecimiento natural que hace que las manzanas se pudran y los pétalos de las rosas se caigan (también se comercializa para que los agricultores aceleren la maduración de la fruta). Todas las plantas dañadas producen gas etileno, por eso las flores cortadas se marchitan —están dañadas.

Monsanto ha conseguido interferir en el proceso y lo ha probado con la rosa. Los científicos Jill Deikman y Nicholas Wagner pusieron las rosas en jarrones y mezclaron el agua con las moléculas de ARN que bloquean la producción de gas etileno. A las dos semanas estudiaron la evolución de las flores, con puntuaciones que iban desde “floración ideal, sin defectos físicos” hasta “completamente desecada”.

La idea puede tener un impacto importante en la industria de la floricultura. Estados Unidos importa el 80% de las flores frescas que vende. Ecuador y Colombia son dos de los países con más exportaciones en un mercado dominado por Holanda. El transporte de las flores recién cortadas depende de aviones y toneladas de químicos tóxicos para evitar que se marchiten.

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[MIT Technology Review]


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