Durante años la señora Scott recibía la misma llamada a la misma hora de la mañana. Aunque familiar, jamás supo de quién se trataba. Parecía claro que era un hombre cuyo timbre de voz sonaba distorsionado. Llamadas todas de unos pocos segundos, lo suficiente para saber que ese hombre tenía a su hija.

El cine de terror y suspense nos ha mostrado en muchas ocasiones cómo una simple llamada de teléfono puede ser el peor de los terrores psicológicos. Las hay de muchos tipos y probablemente las amenazantes bajo el amparo del anonimato sean de las más crueles. Por eso el caso real ocurrido en 1980 es todavía más perturbador. Una llamada que se repitió durante años y que no se dirigía a la víctima, sino a aquellos que sufrieron su desaparición.

Anaheim en 1890. Wikimedia Commons

En el estado de California, ubicada en el condado de Orange, se encuentra la ciudad de Anaheim. En términos de población estamos ante la décima ciudad de todo el estado y en ella destacan sobremanera sus numerosos parques temáticos, siendo referencia ineludible Disneyland desde 1955.

Advertisement

Advertisement

Fundada por 50 familias alemanas a mediados de 1800 (de ahí su nombre), a comienzos del siglo XX fue tristemente conocida por convertirse en la ciudad “hogar” del Ku Klux Klan, momento además donde el colectivo se encontraba probablemente en la cima de su influencia y popularidad en el país. Hoy, afortunadamente aquello es cosa del pasado y Anaheim es una ciudad eminentemente industrial.

Sin embargo, en la década de los 80 la ciudad fue azotada por dos noticias ciertamente extrañas y conectadas entre sí. En primer lugar se produjo una epidemia de insectos y bichos que azotó a toda la ciudad, una epidemia de enormes proporciones que ocasionaron graves daños a las hectáreas y áreas de cultivo de la colonia.

Y en segunda lugar, un caso de desaparición que aún hoy sigue sin resolverse. Un caso donde alguien quiso extender la psicosis y el terror psicológico durante mucho tiempo.

¿Está Dorothy en casa?

Dorothy Jane Scott. Wikia

No había ningún patrón que seguir, ni siquiera una hora o momento en el que pudiera estar atenta. Simplemente ocurría durante el día, cuando estaba trabajando y desde el teléfono de la empresa. Las últimas llamadas habían subido el nivel de violencia, tanto, que Dorothy acudió en busca de ayuda externa tras la última serie de mensajes:

Sponsored

Ok, lo haremos a mi manera, y cuando te tenga a solas, te voy a cortar en pedacitos y nadie te va a encontrar.

Como recordarían sus allegados, las llamadas telefónicas habían comenzado varios meses atrás. Al principio en un tono más “cordial”, una voz masculina claramente obsesionada con Scott que se revelaba como un ferviente admirador de la joven. Le decía que la quería conocer pero jamás daba el paso para pedirle una cita.

Un tipo que durante semanas llamaba unos segundos y le decía lo guapa que era para poco después cortar. Pasaron los días y lo que eran llamadas de adulación comenzaron a convertirse en una broma de mal gusto. A menudo con cierto contenido sexual, el hombre fue modificando su discurso pasando al resentimiento y la violencia verbal.

Advertisement

Advertisement

Finalmente las llamadas fueron realmente graves y dejaron a Scott en un clima de ansiedad. El tipo le decía que sabía cómo iba vestida ese día o las compras que había realizado en el supermercado el día anterior. Le hizo saber que dondequiera que fuese, él la iba a seguir. Tras el macabro mensaje final se alertó y comenzó a tomar clases de karate e incluso estaba pensando en comprarse un arma de fuego.

Vista aérea de la ciudad en 1922. Wikimedia Commons

Dorothy Jane Scott era una madre soltera de 32 años que vivía con su hijo de 4 años en la casa que le había dejado su tía en la ciudad de Anaheim. La chica trabajaba como secretaria para la tienda Swingers Psych, un establecimiento de artículos de segunda mano donde se podían encontrar todo tipo de rarezas y objetos que sus dueños cambiaban por dinero. Un local grande que en aquella época tuvo gran éxito y donde solían acudir tanto locales como turistas curiosos.

Pero a Dorothy no la solían ver ninguno de los clientes, tan solo los trabajadores del local. Su oficina se encontraba en la trastienda, nada que ver con el ajetreado día a día del Swingers Psych abarrotado de gente de lo más variopinta. Sus compañeros decían que su trabajo era más “de telefonista” para responder a clientes o preguntas sobre el funcionamiento del negocio.

La mayoría de quienes la conocían hablaban de Scott en los mismos términos. Una joven que trataba de salir adelante con su hijo pequeño Shawn, una chica profundamente religiosa a la que muy pocas veces se le había visto de ocio por la ciudad. Rara vez tenía una cita y solía trabajar desde primera hora de la mañana hasta última hora de la noche, en la mayoría de ocasiones dejando a su hijo bajo el cuidado de sus padres. Muy trabajadora, se había ganado la confianza de los jefes. Era, sin ninguna duda, una mujer amable y luchadora a la que no se le conocía una relación turbia anterior. Quizá por ello, aquellas llamadas extrañaron tanto.

Advertisement

La pesadilla comenzó el miércoles 28 de mayo de 1980. El día había amanecido con lluvia y viento y como en otras ocasiones, Dorothy acudió a casa de sus padres para dejarles a Shawn. Ese día se había levantado un poco antes. Los jefes habían programado una reunión de la plantilla al completo antes de comenzar la jornada.

Vista érea de la ciudad junto a Disneyland en 1960. Wikimedia Commons

Scott llegó puntual y esperó sentada en una silla al comienzo de la reunión. Allí fue viendo pasar uno por uno al resto de los empleados que iban llegando. De repente se fija en su compañero Conrad Bostron. Su cara lo delataba, el chico debía estar enfermo o con alguna dolencia por la cara que traía. A mitad de la reunión Bostron decide que no puede más y comunica al resto de compañeros que se tiene que marchar.

Advertisement

Conrad se tambalea y Dorothy entonces se fija en su brazo. El chico tiene una pequeña inflamación, una línea marcada por el brazo que no pintaba nada bueno. Asustada al verla, Dorothy se ofrece a llevarle a emergencias para que le puedan evaluar cuanto antes. Junto a Dorothy se suma la compañera de ambos Pam Head. Las chicas convencen al joven y enfilan hacia urgencias.

Antes de llegar al hospital se paran fugazmente en casa de Dorothy (quedaba de camino) para comprobar que Shawn estaba bien. Poco después llegan a urgencias y los médicos comienzan la exploración de Conrad mientras Scott y Pam esperan en otra sala.

Advertisement

Cuando los médicos dan el parte los tres quedan sorprendidos. La infección que Conrad había sufrido se debía a la picadura de una araña, muy probablemente debido a la plaga que vivía la ciudad por aquellas fechas. Los médicos le piden reposo y unas horas más de observación mientras Pam y Dorothy deciden esperar al joven en la sala de espera del hospital.

Ambas charlan tranquilamente y luego se dedican a leer las revistas que tenían delante. Finalmente, llegada la noche, Conrad aparece por la puerta, cansado y aún preguntándose dónde y cómo pudo haberse encontrado con la araña. Bostrom aún estaba algo aturdido, así que Pam decide quedarse con él mientras Dorothy se dirige al coche para acercarlo hasta la entrada de urgencias.

Disneyland en Anaheim. Wikimedia Commons

Cuando los dos jóvenes salen por la puerta Dorothy ya se había perdido en el parking del hospital. Tras unos primeros minutos comienzan a estar inquietos. Dorothy no da señales con su coche. Se adentran un poco a la zona del parking y no ven el coche. El desconcierto se convierte en impaciencia para más tarde convertirse en preocupación… hasta que de repente parecen divisar el coche a lo lejos, parece que tiene los faros encendidos.

Advertisement

El vehículo se dirigía a la zona donde estaban ellos, pero había algo extraño. El coche va a una velocidad inusual, demasiado rápido como para parar. Cuando el coche ya está a pocos metros los focos ciegan a ambos jóvenes, no pueden reconocer quién va dentro pero Pam agita los brazos para que Dorothy detenga el vehículo. Lo último que pudieron percibir fue cómo el coche enfiló la recta del parking a gran velocidad para rápidamente desaparecer de la zona de aparcamiento con un giro final a la derecha.

Pam y Conrad se miran y no dan crédito. El acto reflejo de ambos es salir tras la estela del coche. Conrad a duras penas debido a su débil situación. En cambio, Pam llega rápidamente hasta la curva donde le perdieron la pista al coche pero al llegar allí ya no había rastro del vehículo. Pam vuelve hasta Bostrom y le dice: ¿Qué demonios acaba de pasar?

Advertisement

Lo primero que hacen es intentar darle algún sentido a lo que acaba de ocurrir. Piensan que quizás Dorothy había acudido a casa de sus padres tras una posible llamada. Quizás le había pasado algo a Shawn y volvería a por ellos más tarde.

Pero pasó una hora y no supieron nada de la joven. Pam decide llamar a los padres de Scott para preguntarles si Dorothy había pasado a recoger a Shawn. Ellos no la habían visto en toda la noche. Tras dos horas sin saber nada, los jóvenes acuden a la policía para notificar los hechos pero las autoridades no vieron motivo de alarma debido al poco tiempo que había pasado.

Advertisement

Sin embargo, 10 horas después de lo ocurrido en el parking, la policía encuentra el coche abandonado de Dorothy a 15 kilómetros del hospital en un callejón de Santa Ana. El coche estaba ardiendo y en el interior no había rastro de Dorothy.

Investigación

Mapa del posible paso de Dorothy según las investigaciones

En los días que siguieron la policía comenzó la investigación de la desaparición de la joven. Al mismo tiempo aconsejaron al padre de Dorothy, Jacob Scott, que mantuviera el silencio de cara a los medios de comunicación para que las labores de investigación no se entorpecieran.

Pero todo cambió una semana después de que Dorothy desapareciera. A primera hora de la mañana sonó el teléfono en casa de los Scott. Vera, la madre de Dorothy, se acerca al teléfono y cuando responde escucha al otro lado de la línea una voz masculina que dice:

Advertisement

¿Es usted pariente de Dorothy Scott? 

, responde Vera.

Advertisement

Pues sepa que yo la tengo, responde la otra voz para luego colgar el teléfono.

En aquel momento Vera y Jacob, quienes ya lidiaban con el dolor de la desaparición de su hija, acuden a la policía. Las autoridades deciden no darle mayor importancia creyendo que se trataba de un descerebrado con ganas de molestar. Pero a la semana siguiente volvió a sonar el teléfono a primera hora de la mañana, y entonces Jacob Scott ya no pudo aguantar más.

El hombre se puso en contacto con el diario Orange County Register comentándoles el caso de su hija. Se publicó un artículo posterior sobre su desaparición. El mismo día que al artículo vio la luz el editor del Santa Ana Register, Pat Riley, recibía también una llamada directa a su mesa. Una voz masculina que venía a decir lo siguiente:

Advertisement

Yo la maté. Maté a Dorothy Scott. Ella fue mi amante. Pero la vi haciendo trampa con otro hombre. Ella siempre negó que estuviera con otro, pero yo la maté.

Según explicaría Riley tras acudir a la policía, la persona que llamaba debía ser el auténtico secuestrador de Scott. De otra forma no se entendía que le ofreciera detalles que sólo él podría saber. Detalles que además no fueron publicados ni fueron hechos públicos como la bufanda roja que llevaba Dorothy la noche de su desaparición o la mordedura de araña de Bostron ese día. Según dijo el propio Riley, el hombre aseguró en la conversación que Dorothy le había llamado para decirle que estaba en el hospital.

Las colinas de Santa Ana y el este de Anaheim. Wikimedia Commons

Sin embargo, cuando la noticia llegó a oídos de la compañera de Dorothy, Pam Head, esta acudió a la policía para comunicarle que no podía ser. Según la joven, Dorothy nunca estuvo fuera de su radar en el interior del hospital excepto una vez para ir al baño, momento que además ocurrió justo antes de salir al parking, por lo que el secuestrador no tendría tiempo material para aparecer tras una eventual llamada de Scott.

Advertisement

Advertisement

Los investigadores comenzaron a investigar a su círculo más cercano. Revisaron los movimientos del padre de Dorothy, pero este tenía una coartada que lo dejaba libre de cualquier sospecha. El hombre se encontraba esa noche en Missouri. Luego pasaron a investigar a los empleados y círculos de la tienda donde trabajaba Dorothy.

Tampoco hallaron nada y llegaron al consenso de que, dado que Scott trabajaba en el interior en una oficina, fuera de la vista al público, era muy poco probable que el secuestrador fuera un cliente habitual o casual.

La investigación entonces pasó a estudiar casos de acosadores en activo de la zona, delincuentes sexuales que estuvieran libres y vivieran en el radar o cercanías de la ciudad. Nada. Más tarde sondearon su círculo social buscando posibles enemigos potenciales o simplemente, conocidos cuyo comportamiento pudieran ser cuestionable. Nada tampoco.

Advertisement

Con el paso del tiempo los padres de la joven estaban desesperados. Comenzaron a acudir a terceros; primero a un psíquico, luego a contratar detectives externos… Los intentos fueron en vano y la investigación se fue enfriando con el paso de los meses.

Vista de las colinas desde el campo de golf de la ciudad. Wikimedia Commons

En cambio, lo que no paró fueron las llamadas telefónicas a casa de los Scott. Llamadas cada vez más amenazantes. Llegados a unas fechas, cada una de estas llamadas comenzó a seguir un patrón. El miércoles por la mañana de cada semana y durante 4 largos años el teléfono volvía a sonar. Y lo hacía siempre cuando Vera estaba sola en casa y su marido estaba en el trabajo. La persona al otro lado de la línea volvía a preguntar: ¿Está Dorothy Scott en casa?, o en el peor de los casos decía Yo la tengo.

Durante todo este tiempo la policía pinchó los teléfonos del hogar de los Scott y la voz de la persona que llamaba fue grabada. Jamás pudieron reconocerla, principalmente porque hacía uso de algún tipo de distorsión de la misma. Además, la localización de las llamadas fue imposible debido al poco tiempo que estaba en línea.

Advertisement

Advertisement

En abril de 1984 las llamadas se detuvieron. La última de ellas cuando Jacob Scott, en vez de Vera, respondió a la misma. Quien quiera que fuera ese día cambió el patrón y llamó por la noche. Tras este mensaje la tortura psicológica para los Scott terminó y los investigadores especularon con que la persona que llamaba podría haber supuesto que habían nuevos inquilinos en la casa.

En agosto de ese mismo año, tres meses y medio después de la última llamada, un trabajador de la construcción se encontró con los restos óseos de lo que parecía un animal en las cercanías de las colinas de Santa Ana en Anaheim. Se trataba de los restos de un perro, pero debajo de dichos restos y cubiertos ligeramente con un plástico, había algo más.

Eran huesos humanos. Una pelvis, un brazo, dos muslos y un cráneo. Junto a los huesos se encontraba un anillo y un reloj que se había parado a las 12:30 am del 29 de mayo de 1980.

Advertisement

Rápidamente y tras investigar posibles desapariciones, Vera Scott acudió a la policía e identificó el anillo como perteneciente a su hija dorothy. Una semana más tarde los restos fueron identificados positivamente como los de Dorothy Scott. Una noticia de la que se hicieron eco los medios de comunicación y que ponía fin a parte del calvario que habían vivido los Scott desde entonces.

Ni Vera ni Jacob supieron jamás quién o quienes habían matado a su hija. Jacob murió en 1994 y Vera en el año 2002. Posiblemente el último día que escucharon la voz de este psicópata ocurrió dos días después de que los medios publicasen la identificación de los restos de su hija. Ese día y cuando ya estaban acostados, recibieron una última llamada que fue denunciada a la policía. Una llamada y una voz tristemente familiar que preguntaba por última vez:

¿Está Dorothy en casa?