Paradojas de la vida, Peter Pan nos cuenta la historia de un niño que no quiere crecer. El destino quiso que la obra sea la única en el mundo que se ha extendido por definición hasta la perpetuidad y cuyas ganancias han ido a parar siempre al mismo sitio, un hospital.

En el año 2002 saltaba una noticia que vendría a sacar a la luz uno de los casos de copyright más rocambolescos de la historia. Un hospital pediátrico de Londres, el Great Ormond Street, se enfrentaba en una batalla legal con una escritora canadiense que había publicado una historia basándose en los personajes originales de 1904. La razón: los derechos de autor del clásico de James M. Barrie, Peter Pan.

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¿Qué relación puede haber entre un hospital y una obra tan famosa como Peter Pan? O quizá la gran pregunta, ¿por qué reclama los derechos de autor de la misma? Para entender el contexto de lo que estaba ocurriendo tenemos que retroceder en el tiempo. Concretamente a comienzos del siglo XX.

Peter Pan, la obra de teatro

Imagen: Wikimedia Commons

Era un 27 de diciembre de 1904 cuando se estrenaba la obra de teatro Peter Pan y Wendy. Una obra creada por el escritor escocés James Matthew Barrie. La historia, de sobra conocida por las diferentes adaptaciones (Disney mediante), nos cuenta las aventuras de Peter Pan, el niño que no quiere crecer y que odia el mundo de los adultos, razón por la que termina junto a su hada en el país de Nunca Jamás.

La misma obra se convirtió en libro siete años más tarde, en 1911. Antes Barrie había retomado y publicado en 1906 parte del cuento en el libro Peter Pan en los Jardines Kensington. Más tarde, en 1928, Barrie publicaría por fin el guión completo de la obra. A partir de aquí podemos trazar una línea temporal enorme donde se juntan decenas de versiones, secuelas, precuelas y adaptaciones del mismo cuento.

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Imagen: Wikimedia Commons

Lo mismo ocurre con el cine. En 1924 es Paramount Pictures quien estrena la primera incursión de la obra de Barrie con una película muda. En 1953 fue Disney con la primera película animada y probablemente la que acabó dándole esa dimensión que tiene hoy el cuento. Pero es que tras Disney llegó una versión anime, Spielberg con una película, luego una tercera, más adaptaciones de Disney, novelas, cuentos…

Es inabarcable el número de adaptaciones, pero lo que si podría parecer claro es que, al menos durante un largo tiempo, el señor Barrie disfrutó en vida de unos largos y extensos derechos de autor de su obra original. Y así fue, aunque con más de una salvedad. Para empezar y dependiendo de donde se encuentre la adaptación, los derechos de autor variarán y mucho.

Peter Pan y los derechos de autor

Imagen: Peter Pan en los jardines Kensington / Wikimedia Commons

Empecemos por el Reino Unido. James Barrie moría el 19 de junio de 1937, pero varios años antes, en abril de 1929, especificó que los derechos de autor de la obra de Peter Pan debían ir destinados al principal hospital infantil de Londres, el Great Ormond Street. Se trataba de un regalo que el autor hacía al hospital de manera que este sería el encargado de dar los permisos para autorizar obras sobre Peter Pan.

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El hospital disfrutaría durante varias décadas del legado (y regalo) de Barrie y se ha estado financiando gracias al mismo. Lo que ocurrió en el Reino Unido fue que los derechos finalizaron en 1987, justamente a los 50 años de morir el autor. Un año después, en 1988, el gobierno del Reino Unido de la mano del ex primer ministro James Callaghan procede con una excepción, una variante única en el mundo del copyright por el que aprueba una extensión perpetua, aunque tan sólo sobre algunos de los derechos de la obra.

De este forma se crea un decreto que nombra al hospital como el poseedor de los derechos sobre cualquier puesta en escena y/o publicación del trabajo. Aunque, y aquí vienen las limitaciones, no estamos ante un derecho perpetuo en sí, es decir, el hospital no tiene control creativo ni tampoco el derecho a negar su permiso. Una extensión que quedaría reflejada de la siguiente forma bajo la Copyright, Designs and Patents Act de 1988:

Las disposiciones del Anexo 6 ​​tienen el efecto para reconocer un contrato en beneficio del Hospital para niños enfermos, Great Ormond Street, en Londres, para el derecho a un canon por la ejecución pública, publicación comercial, radiodifusión o inclusión en un servicio por cable de la obra “Peter Pan” de Sir James Matthew Barrie, O de cualquier adaptación de dicha obra, a pesar de que el autor de la misma expiró el 31 de diciembre de 1987.

Vale, esto afecta al Reino Unido, pero ¿qué pasa si, por ejemplo, quiero hacer algo con la obra y estoy en España? Fuera del Reino Unido hay dos escenarios muy diferentes frente a Peter Pan. En el caso de la Unión Europea, el Hospital también tiene los derechos completos de la obra. ¿Por qué? La razón la encontramos a raíz del cambio que se dio en los 90 con la extensión de los derechos de autor hasta 70 años después de la muerte de un creador.

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Con Peter Pan ocurrió algo muy curioso (o no tanto si nos fijamos en historias más terroríficas como la de Mickey Mouse). Cuando se “estandarizó” la extensión de los 70 años la obra ya se encontraba de dominio público en algunos sitios. Dio igual. Afortunadamente para el Hospital, el decreto se mantuvo en vigor.

Imagen: Wikimedia Commons

Luego está el caso que se da en Estados Unidos. Allí históricamente estamos hablando de “la NBA” en términos de copyright. Y se da la circunstancia de que dependiendo del lugar varían. Podemos encontrar sitios en donde las primeras versiones de Barrie son de dominio público y otros en los que esas mismas versiones no lo son. Lo mismo ocurre con elementos que se hayan añadido en ediciones posteriores.

La razón es que todas las obras que firmó Barrie hasta 1923 son de dominio público en Estados Unidos (ese año cambió la ley del copyright quedando toda obra anterior a esa fecha como dominio público), mientras que su obra de 1928 no lo es. Por tanto nos encontramos con un lío tremendo en un mismo país donde los mismos personajes pueden ser de dominio público o no dependiendo de la fecha en la que fueron publicadas las originales.

Sin ir más lejos Disney tiene sus propios derechos sobre el diseño de los personajes y las canciones de su dibujo animado del 53. No sólo eso, el Hospital del Reino Unido y (casualidad) Disney se reparten las extensiones de derechos proclamados por el Congreso de Estados Unidos (primero en el 78 y luego en el 98) actualmente hasta el 2023. Es todo tremendamente confuso y en parte gracias a eso se ha podido “jugar” y estirar las extensiones de los derechos de autor, con el siempre presente nombre de Mickey Mouse al frente como estandarte.

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Por tanto nos encontramos ante un caso inusual y único en el mundo que además plantea cuestiones mucho más grandes sobre el propósito de los derechos de autor y la función que deben tener. Desde luego se hace difícil ponerse en contra de una causa tan popular como la de un hospital para niños cuya financiación se apoya en el legado de Barrie. De hecho creo que la gran mayoría apoyaría este tipo de causas como fin del copyright perpetuo (o incluso aquel que no lo es).

En cualquier caso estamos ante una de las más grandes anomalías en torno a la historia de los derechos de autor. Y es que si obviamos el gesto de Barrie (y al hospital), para algunos puede resultar una ofensa el simple significado de unos derechos de autor perpetuos más allá de los 100 años. Y seguramente lo fuera si se tratara de mantener un control creativo durante siglos en lugar de apoyar una labor como es el hospital para niños. Afortunadamente se trata de una anomalía, que además en este caso apoya una buena causa, un hecho que no se suele dar cuando hablamos de autores, duración y derechos de autor.

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