Cada año mueren en Estados Unidos 33.000 personas por arma de fuego. Treinta y tres mil. La cifra ya de por sí es terrorífica, pero ¿cómo se desglosa? FiveThirtyEight ha elaborado un gráfico interactivo que arroja unas cuantas luces y no pocas sorpresas sobre la facilidad para hacerse con un arma en el país y sus desastrosas consecuencias.

Los datos del gráfico proceden de la base de datos del Centro de Control e Enfermedades de Estados Unidos, que pese a su nombre también se encarga de registrar todas las defunciones por arma de fuego en el país. No hay una base de datos más exhaustiva al respecto. También extrae datos del FBI, de la base de datos global sobre terrorismo de la Universidad de Maryland y de Mother Jones. El gráfico completo está en este enlace.

El primer dato sorprendente es que, aunque los medios de comunicación se centran siempre más en los casos de tiroteos, terrorismo o violencia policial, lo cierto es que la mayor parte de muertes (casi dos tercios) no son otra cosa que suicidios. El perfil típico de persona que acaba con su vida a punta de pistola o escopeta es el de un varón de 45 años.

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De las 12.000 muertes que no son suicidio, sino homicidio, la mitad son jóvenes y dos tercios son afroamericanos. La violencia doméstica tambiñen se lleva su parte en esta siniestra cuenta. El resto son muertes debidas a accidentes con armas de fuego. No son los niños los que más protagonizan estos accidentes, sino la franja de edad entre 15 y 64 años. Quizá Estados Unidos debería replantearse de nuevo la conveniencia de permitir que sus ciudadanos porten armas como quien tiene un florero en casa. [vía FiveThirtyEight]


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