Imagen: AP Photo/Paul Sancya

Ayer Elon Musk nos sorprendió (a nosotros y a todo el mundo) tuiteando su apoyo a Rex Tillerson, antiguo CEO De ExxonMobil y probable Secretario de Estado bajo la administración de Trump. Hemos conversado con él por Twitter para aclarar una postura que, de entrada, resulta chocante.

La imagen pública de Elon Musk es la de un magnate usando su influencia para innovar hacia un futuro tecnoutópico alimentado por energía renovable y con ciudades en Marte. ¿Qué podría tener en común con alguien que hizo su fortuna exprimiendo al máximo los recursos de la Tierra?

La conversación con Musk se produjo vía mensaje privado de Twitter. Sus respuestas a nuestras preguntas están reproducidas más abajo y reproducidas sin ningún tipo de énfasis.

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Muchos ven el nombramiento de un magnate como un emblema del capitalismo cerrado. ¿Qué le hace creer que es competente? Tillerson también afirmó a Bloomberg el año pasado que no le acaban de convencer los coches eléctricos, precisamente a lo que se dedica Tesla. ¿Han llegado a un acuerdo en tal materia? ¿Están tus opiniones sobre Tillerson influenciadas en modo alguno por tu posición sobre las políticas de Trump?

Mis tweets hablan por sí mismos. Por favor léanlos exactamente tal y como fueron escritos. Tillerson hizo, obviamente, un trabajo competente cuando llevó las riendas de Exxon, una de las compañías más grandes del mundo. En esa posición, está obligado a hacer avanzar la causa de los Estados Unidos y sospecho que probablemente lo hará. Además, ha admitido públicamente durante años que un impuesto al carbono probablemente tiene sentido. No hay mejor persona para convertir eso en una realidad que Tillerson. Esto es lo que importa más que gaseoductos o abrir reservas de petróleo. Esa externalidad sin precio debe ser tasada.

Tillerson tiene, en efecto, un historial apoyando un impuesto al carbono como mínimo desde 2007, indicando su preferencia por tal regulación sobre iniciativas de comercio de derechos de emisión que se hicieron populares entre ecologistas y conservadores del libre mercado en los 80 pero cuya eficiencia ha sido objeto de debate desde hace mucho tiempo. Muchos expertos están de acuerdo en que un impuesto al carbono es necesario, aunque hay que ser cautos a la hora de atribuir dichos hechos a Tillerson.

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Antes que impulsar políticas que reduzcan las emisiones de carbono, ExxonMobil, bajo la tutela de Tillerson y sus predecesores, donó más de $3,6 millones al American Enterprise Institute de 1998 a 2012, una organización que ha ayudado a distorsionar los hechos sobre el cambio climático y a rebajar la confianza pública en el impacto de las emisiones. Todo esto a pesar del hecho que los propios científicos de Exxon conocían desde 1977 que los combustibles fósiles contribuían al cambio climático.

¿Podría clarificar que quiere decir con “esa externalidad sin precio debe ser tasada”? Si no me equivoco, esa externalidad es la polución producida por el carbono. Eso sugiere que dicha polución es una práctica de negocios aceptable mientras los propietarios de los negocios paguen cierta deuda a cambio. No puedo estimar un impuesto al carbono lo suficientemente alto como para que tenga un impacto razonable en las prácticas actuales que alimentan el cambio climático.

El CO2 no es exactamente polución, pero causa calentamiento y una ligera acidificación del agua si cantidades muy grandes se extraen del subsuelo y añadidas al ciclo de la superficie. El problema es la vieja tragedia del bien común. El bien común consumido es la capacidad atmosférica y oceánica al carbono, que actualmente tiene un precio de zero. Eso da como resultado un error en las señales de mercado y se produce mucho más CO2 del que se debería. No vamos a llegar nunca a cero CO2, pero la tasa a lo largo del tiempo debería bajar mucho.

Conviene añadir que el CO2 fue clasificado como contaminación durante la administración de Obama con el Clean Power Plan, actualmente envuelto en una larga batalla legal por su supervivencia. Está entre las muchas leyes que el Presidente Donald Trump quiere eliminar. Una cuestión de semántica, quizá, pero el grueso del argumento de Musk aquí es firme: debería haber un coste asociado a las emisiones sin control de carbono a la atmósfera. La cuestión es si ese coste alguna vez será lo suficientemente elevado.

Eso no clarifica cómo de severo debería ser ese impuesto al carbono para reducir de manera significativa y contener el cambio climático.

Comencemos lento e incrementemos hasta que se obtenga el resultado. Esto puede compensarse con una reducción en otros impouestos, como impuesto de ventas, que bastante regresivo. Resulta análogo a poner más impuestos a los cigarrillos y el alcohol más que a las frutas y a los vegetales, algo que a todo el mundo le parece que tiene sentido. Deberíamos tener impuestos más altos en las cosas que la ciencia dice que probablemente son malas para nosotros que en esas que dice que probablemente son buenas.

La mayoría de personas están de acuerdo en la premisa detrás de impuestos más altos a los cigarrillos. En una situación ideal, la ciencia guiaría nuestros mejores intereses y la economía iría detrás. Obviamente, en el mundo de hoy, hay otras realidades políticas que deben considerarse.

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Incluso si Tillerson, a la luz de su retirada de la industria del petróleo, decidiese poner su dinero en el mismo lugar que están sus declaraciones y presionara a Donald Trump para poner un impuesto al carbono, no dirigirá la EPA (la Agencia de Protección Ambiental)que es la que se encarga de tales menesteres. Ese dudoso honor corresponde a Scott Pruitt. Pruitt niega que los humanos causasen el cambio climático, era un ejecutivo de la Republican Attorney General’s Association, que recibió una cantidad considerable de fondos de ExxonMobil, y ha demandado a la agencia que está a punto de dirigir 14 veces con respecto a la regulación ambiental.

Y por supuesto, poner a dirigir una administración ambiental a un negacionista del cambio climático es un movimiento de Trump que a menudo ha tuiteado algo y claro describiendo el cambio climático como una “mentira”. En menos de una semana desde la toma de poder, la administración Trump ha congelado todos los fondos a la EPA (la Agencia de Protección Ambiental) y ha indicado que va a “depurar” la posición sobre el cambio climático de la agencia un poco, algo que no inspira confianza, exactamente. Más allá del campo de la resolución teórica del problema, las posibilidades de un Tillerson reformado votando para que salga adelante cualquier legislación limitando nuestro impacto en el clima parecen muy pequeñas.

¿Piensa que tal política [como un impuesto al carbono] tendrá cabida en una administración presidida por Donald Trump, a pesar de que se ha referido al cambio climático como una “farsa”?

Ese no es el punto. Hay algo que necesitamos conseguir y cuantas más voces razonables a las que el presidente escuche, mejor. Atacándolo no vamos a conseguir nada. ¿Recuerdas algún caso en el que Trump haya hecho caso a las protestas o a los ataques de los medios? Más allá de eso hay canales abiertos de comunicación.

Tiene razón, por supuesto. Trump no es conocido por su espíritu cooperativo y a menudo a desechado las opiniones de sus consejeros más cercanos.

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Una vez más, la libertad de prensa y la habilidad para manifestarse son dos de las protecciones más sagradas de las que disfrutamos bajo una estructura democrática, dos caminos para que nuestros políticos escuchen las voces del electorado. Si Trump no escucha a su propia gente ¿En qué tipo de líder le convierte eso?