Mantener el calor en el interior no es tarea fácil

El exterior de la estación soporta rápidos cambios de temperatura a medida que orbita la Tierra, pasando de la luz del sol a la oscuridad cada 45 minutos. En el interior, el calor no aumenta o circular como lo hace bajo la gravedad de la Tierra. Por lo tanto, la ISS se basa en un sofisticado sistema de control térmico para gestionar estas variaciones de temperatura y garantizar un entorno estable. Su complejidad sistema de control térmico Estabiliza estos extremos utilizando un circuito de agua interno para absorber el calor de la cabina, los experimentos y el equipo. Este calor luego se transfiere a un circuito externo lleno de amoníaco a través de intercambiadores de calor. Dentro de la ISS, las temperaturas se mantienen entre 64 y 73 grados Fahrenheit (18 a 23 grados Celsius), garantizando un entorno (razonablemente) confortable para los astronautas y la seguridad de los equipos a bordo.