Corman produjo esta primera película dirigida por Peter Bogdanovich, quien se convertiría en un destacado miembro del movimiento Nuevo Hollywood. Bogdanovich Más tarde dirigió varios clásicos, entre ellos El último programa de fotos y Luna de papel.
Alexandr Wang, fundador de Scale AI, aseguró que prefiere retrasar la paternidad hasta que interfaces cerebro-computadora como Neuralink estén listas. Su argumento apunta a la neuroplasticidad infantil, pero también abre una discusión inquietante: qué pasa cuando la tecnología deja de ser una herramienta y empieza a imaginarse como parte del desarrollo humano.
Un equipo de investigadores desarrolló un chip capaz de detectar gases liberados por alimentos frescos, productos en descomposición y frutos secos alergénicos. La tecnología combina sensores diminutos con inteligencia artificial para reconocer patrones de olor invisibles para el olfato humano, abriendo nuevas posibilidades para la seguridad alimentaria.
La escena parece cotidiana: un padre revisa el móvil mientras su hijo intenta hablarle. Pero un nuevo estudio sugiere que esa distracción repetida puede tener más peso del que parece. Los adolescentes que perciben a sus cuidadores como ausentes por culpa del teléfono muestran más señales de apego inseguro.
Midjourney, la empresa conocida por generar imágenes con inteligencia artificial, acaba de dar un salto inesperado hacia la salud. Su nuevo proyecto es un escáner corporal por ultrasonido que funciona dentro de una tina de agua y promete mapear músculos, grasa, huesos y órganos en apenas 60 segundos.
Un equipo del Instituto de Ciencias Básicas de Corea del Sur desarrolló una red neuronal capaz de aprender de dos familias de catalizadores distintas: los catalizadores monoatómicos sobre carbono y los óxidos de tipo perovskita. El sistema predijo una nueva clase de materiales híbridos para mejorar la reacción de evolución de oxígeno, uno de los grandes obstáculos de la electrólisis del agua.
En Silicon Valley, algunos jóvenes fundadores están dejando el alcohol para entrar en una cultura de productividad extrema: jornadas de 80, 90 e incluso 92 horas semanales, networking sin copas y ocio convertido en estrategia profesional. La tendencia encaja con la caída del consumo de alcohol entre jóvenes, pero también abre otra pregunta incómoda: ¿qué pasa cuando la sobriedad se convierte en una excusa para trabajar hasta romperse?