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Ciencia

A través de estudios en huesos, logran revelar cómo hacían los primeros humanos para conseguir carne

Los hallazgos destacan formas y matices de cómo se alimentaban los humanos en la antigüedad
Por Gayoung Lee Traducido por

Tiempo de lectura 3 minutos

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Por razones dietarias y ambientales estamos repensando nuestro consumo de carne. Sin embargo, para los humanos del pasado distante, consumir carne parecía ser algo esencial aunque no fuera algo que comprendieran del todo como aporte a la evolución. Un nuevo estudio ofrece novedosos datos sobre los matices de la práctica.

En Proceedings of the National Academy of Sciences se publicaron hoy los resultados que describen que la evidencia fósil de huesos animales y restos de homínidos sugiere que los primeros integrantes del género Homo utilizaban diferentes patrones del uso de las carcasas para poder consumir carne. Según el autor principal del trabajo, Francis Forrest, los investigadores consideran que comer carne fue un gran punto de inflexión en la evolución.  Sin embargo, no se sabía con claridad cómo accedían a la carne los primeros humanos. ¿Recogían sobras, o cazaban y carneaban de manera más activa?  Los recientes hallazgos apuntan a que se trataba de una mezcla de ambas cosas, según le dijo a Gizmodo Forrest, antropólogo biológico de la Universidad Fairfield.

“Es importante entender la práctica de recolección de los primeros humanos porque nos muestra cómo lidiaban nuestros ancestros con los problemas reales de la supervivencia”, añadió Forrest. “Debían encontrar alimento, evitar los peligros, competir con otros animales, y adaptarse cuando cambiaban las condiciones. No son detalles menores, sino parte de la historia de cómo los humanos lograron ser tan adaptables”.

Indicios del consumo de carne

Descubrimientos Huesos
© Forrest et al., 2026

El equipo investigó huesos de animales para determinar si las marcas que exhibían podían revelar algo significativo de cómo se produjeron. Para el estudio los investigadores analizaron un conjunto de huesos fósiles de 1,6 millones de años de la Formación Koobi Fora de Kenia.

Eso incluye tomar datos geológicos, antiguos fósiles de dientes de homínidos, y restos esqueléticos de bóvidos de pastura en general. El equipo también comparó la evidencia analizada con los conjuntos de fósiles de otras regiones buscando patrones de la conducta humana de la época.

“Queríamos saber si los rastros del uso de carcasas que observábamos eran ejemplos aislados o evidencia de una estrategia más consistente y extendida”, explicó Forrest. “Analizamos los huesos utilizando varias líneas de evidencia como marcas de corte con herramientas de piedra, marcas de percusión de rotura de huesos para obtener el tuétano, marcas de dientes de carnívoros, representación de la parte esquelética y la fragmentación”.

Las marcas en los huesos

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© Forrest et al., 2026

Las improntas brindan indicios de cómo accedían los primeros humanos a las carcazas de animales y qué partes del esqueleto trasladaban y procesaban, añadió Forrest. El análisis reveló un nivel de detalle sorprendentemente rico. Por ejemplo, existe la probabilidad de que los primeros humanos consiguieran las carcasas cuando todavía los huesos tenían mucha carne, en oposición a que las recolectaran mucho después de que otros depredadores se llenaran comiendo.

Además parecería que las partes más carnosas también se trasladaban a otro lugar  para procesarlas y consumirlas. Luego se partían los huesos para obtener el tuétano. Había algunos huesos de animales con cortes dispersos hechos por humanos, lo que sugiere que los homínidos sí eran recolectores de tanto en tanto, según este estudio.

En general, los hallazgos arrojan luz sobre el avance, firme y persistente, de la conducta humana, según Forrest. La mayoría de los estudios de la evolución humana suelen centrarse – y con razón  – en los fósiles humanos y las herramientas de piedra. Pero también se puede obtener información a partir de los restos de las criaturas que coexistían con los humanos, explicó.

Forrest le dijo a Gizmodo que todavía hay que seguir trabajando en el análisis de los fósiles de este estudio, y que habrá otro estudio para ver cómo fue que se formaron los conjuntos de fósiles. En el futuro, sin embargo, habrá que responder preguntas sobre la disponibilidad, tamaño, uso del hábitat y vulnerabilidad de los animales que fueron dando forma a la conducta humana.

“Eso puede ayudar a que la discusión deje de ser solo sobre si cazaban o recolectaban, para pasar a una imagen más realista de las condiciones ecológicas que tuvieron influencia en la conducta de recolección. Eso importa porque los humanos no están limitados a un único ambiente, ni a un estilo de vida único. Sobrevivimos porque aprendimos, cooperamos, fabricamos herramientas y cambiamos nuestra conducta cuando cambian las circunstancias”.

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