Saltar al contenido
Ciencia

Adiós al IMC: los expertos abogan por un cambio importante para medir la obesidad

Un grupo internacional de expertos cuenta con apoyo y presiona a los médicos para que dejen de usar exclusivamente el IMC para decidir si alguien sufre de obesidad.
Por Ed Cara Traducido por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (0)

La tradicional concepción de la obesidad podría estar a punto de cambiar radicalmente. Un nuevo informe que se publicó esta semana muestra que un grupo de científicos que cuenta con amplio respaldo, impulsa cambios sustanciales en la forma de diagnosticar y clasificar la obesidad. 

Más de 50 expertos en obesidad de todo el planeta condujo el trabajo que forma parte de una comisión con apoyo de The Lancet. Entre otras recomendaciones el grupo indica que hay que eliminar el índice de masa corporal (IMC) como criterio único para diagnosticar la obesidad. También argumentan que la obesidad debería categorizarse en dos tipos diferentes, dependiendo del daño que esta condición podría causar en la persona. 

El objetivo específico de la comisión era el de establecer criterios objetivos, aunque con sus sutilezas, para diagnosticar la obesidad. Hoy la obesidad se diagnostica estrictamente según el IMC, calculado mediante el peso y la altura de la persona.. Quienes tienen IMC de más de 30 se consideran obesos, y la obesidad severa es la que supera el 40 (en algunas partes del mundo este límite es diferente porque hay diferencias en la altura promedio de los habitantes). 

Aunque el IMC es una medición fácil de obtener y rastrear, a menudo impide reflejar la imagen completa, según dicen los expertos y han expresado otros encargados de la salud pública.. El daño relacionado con la obesidad se debe principalmente al exceso de grasa corporal, y el IMC no siempre establece la relación correcta. Alguien en buen estado físico podría tener un IMC alto pero poca grasa corporal en tanto que otra persona con IMC “normal” podría tener exceso de grasa. La distribución de la grasa en exceso puede diferir de persona en persona, así como los riesgos para la salud que esa grasa acarrea.  Es más peligrosa la acumulación de grasa en torno a la cintura, o alrededor de órganos vitales como el hígado y el corazón, en comparación con la grasa que hay bajo la piel de los brazos o piernas. 

Un cambio radical

No es que los expertos quieran que los médicos abandonen del todo el IMC como herramienta de diagnóstico, sino que proponen su utilización junto a otras mediciones como la circunferencia de la cintura, o la medición de la proporción entre cintura y cadera, o cintura y altura. Los profesionales médicos deberían utilizar al menos dos mediciones corporales cuando sospechan que un paciente sufre de obesidad, indican los investigadores. El IMC, más al menos una medición adicional es lo que proponen. Como alternativa, pueden medir la grasa corporal con un estudio de densitometría ósea. Además, de todos modos puede suponerse que quien tenga un IMC muy alto (más de 40) tiene exceso de grasa corporal. 

En su e-mail a Gizmodo, Francesco Rubino, investigador y experto en obesidad del Kings College de Londres, que encabezó la comisión, dijo: “Si se implementa la gente con obesidad (con IMC indicador o superior) debería contar con al menos una medición más (circunferencia de cintura o densitometría, por ejemplo) para confirmar la detección precisa del exceso de grasa corporal, y eso confirmaría que en verdad sufre de obesidad y no es tan solo – digamos – alguien musculoso con IMC alto”. 

Quienes tienen obesidad preclínica de todos modos podrían estar en riesgo de sufrir problemas de salud en el futuro, aunque la distinción permite una atención más personalizada, según dice Rubino. En tanto que los que tienen obesidad clínica deben recibir tratamiento inmediato y efectivo para bajar de peso, que puede incluir drogas más nuevas como la semaglutida (ingrediente activo en Ozempic y Wegovy) o cirugía bariátrica. 

“Son estrategias que pueden ser tan simples como el monitoreo a lo largo del tiempo, y cambios en el estilo de vida que apunten a una pérdida de peso factible para quienes tienen bajo riesgo, o formas más activas de intervención si se evaluá que el riesgo es particularmente elevado (debido a otros factores adicionales como la historia familiar, la disposición abdominal de la grasa, peso extremo o la combinación de varios factores)”, explicó Rubino.

 

Compartir esta historia

Artículos relacionados