Saltar al contenido
Tecnología

Europa acaba de lanzar uno de sus proyectos espaciales más ambiciosos frente al dominio de SpaceX. Dassault y OHB quieren construir un avión orbital reutilizable capaz de llevar carga y astronautas a estaciones espaciales

El programa VORTEX busca devolver a Europa capacidad propia de transporte orbital con retorno, justo cuando la Estación Espacial Internacional se acerca al final de su vida útil. El vehículo despegaría sobre un cohete y aterrizaría en pista como una aeronave convencional, permitiendo recuperar experimentos y materiales sensibles con mucha más precisión.
Por

Tiempo de lectura 4 minutos

Comentarios (0)

Durante años, Europa participó en la exploración espacial como socio tecnológico de primer nivel. Construyó módulos para la Estación Espacial Internacional, desarrolló sistemas científicos avanzados y entrenó astronautas que viajaron regularmente al espacio. Pero había una pieza clave que nunca controló del todo: el transporte orbital.

Mientras Estados Unidos consolidaba cápsulas reutilizables como Dragon y China construía sus propios sistemas autónomos, Europa quedó dependiendo de terceros para llevar y traer carga desde órbita baja. Ahora, con la ISS acercándose al final de su vida útil previsto para 2030, el continente parece haber decidido que ya no quiere seguir ocupando únicamente un papel secundario. Y ahí entra VORTEX.

La nueva alianza entre Dassault Aviation y OHB acaba de presentar uno de los proyectos espaciales más ambiciosos de Europa en décadas: un avión espacial reutilizable diseñado para viajar al espacio y regresar aterrizando sobre una pista convencional.

Sí, como una aeronave.

Europa quiere recuperar autonomía orbital en plena era SpaceX

Europa acaba de lanzar uno de sus proyectos espaciales más ambiciosos frente al dominio de SpaceX. Dassault y OHB quieren construir un avión orbital reutilizable capaz de llevar carga y astronautas a estaciones espaciales
© Dassault Aviation.

El proyecto nace en un momento bastante delicado para la industria espacial europea. SpaceX transformó por completo la economía orbital con Dragon y Starship, convirtiendo la reutilización en algo operativo y relativamente frecuente. La NASA ya depende de Dragon para transportar astronautas y carga hacia la ISS, mientras otras agencias internacionales terminaron adaptándose a esa nueva realidad. Europa quiere evitar quedarse fuera de la siguiente fase.

La Agencia Espacial Europea abrió en 2023 una competición destinada a desarrollar servicios europeos de transporte orbital capaces de operar antes del final de esta década. El objetivo es prepararse para el escenario posterior a la ISS, donde estaciones comerciales privadas podrían reemplazar gran parte de la actividad orbital actual. VORTEX aparece precisamente como respuesta a esa transición.

La idea es construir un vehículo reutilizable capaz de despegar montado sobre un lanzador, operar de forma autónoma en órbita baja y regresar aterrizando suavemente en una pista, en lugar de amerizar como hacen muchas cápsulas tradicionales. Y esa diferencia resulta mucho más importante de lo que parece.

Recuperar experimentos delicados podría convertirse en un negocio estratégico

Uno de los grandes problemas de las cápsulas espaciales es el retorno. Traer material científico desde órbita implica soportar reentradas violentas, desaceleraciones importantes y recuperaciones marítimas complejas. Para ciertos experimentos, materiales fabricados en microgravedad o componentes extremadamente sensibles, eso supone una limitación enorme.

VORTEX quiere jugar precisamente ahí. El vehículo está diseñado para ofrecer reentradas más suaves y aterrizajes controlados cerca de laboratorios e instalaciones científicas europeas. En otras palabras: no solo busca transportar cosas al espacio, sino recuperar rápidamente materiales valiosos de vuelta a tierra firme. Y eso podría convertirse en una pieza estratégica de la futura economía orbital.

Porque quien controle el transporte de ida y vuelta hacia estaciones espaciales probablemente controlará también buena parte de la investigación comercial en microgravedad durante las próximas décadas.

El proyecto comenzará con un demostrador hipersónico

Europa acaba de lanzar uno de sus proyectos espaciales más ambiciosos frente al dominio de SpaceX. Dassault y OHB quieren construir un avión orbital reutilizable capaz de llevar carga y astronautas a estaciones espaciales
© Dassault Aviation.

La hoja de ruta arranca con VORTEX-D, un demostrador tecnológico de cuatro metros y una tonelada financiado parcialmente por la Dirección General de Armamento francesa. Su primer vuelo suborbital está previsto para 2028.

El objetivo será validar tecnologías hipersónicas, aerodinámica y sistemas de control durante reentradas superiores a Mach 10. Y aquí aparece un detalle interesante: el demostrador incorporará motores desarrollados en España por una compañía de Castellón, señal de que el proyecto ya empieza a construir una cadena industrial europea alrededor del programa.

Después llegará VORTEX-S, la primera versión plenamente orbital. Esta variante podrá transportar hasta dos toneladas de carga y ocho metros cúbicos de volumen interno, además de acoplarse a estaciones espaciales y regresar con aceleraciones inferiores a 2 g, algo especialmente importante para experimentos sensibles.

Europa ya piensa incluso en futuras versiones tripuladas

Aunque el enfoque inicial está centrado en carga y logística orbital, la hoja de ruta va bastante más lejos. Los planes incluyen futuras variantes como VORTEX-C para carga pesada y VORTEX-H, una versión diseñada específicamente para vuelos con astronautas. Y ahí es donde el proyecto empieza a tocar un terreno simbólicamente enorme para Europa. Porque desarrollar un vehículo tripulado propio significaría dejar de depender completamente de plazas compradas a socios extranjeros para determinadas misiones espaciales.

Claro que todavía queda muchísimo camino. Certificaciones, financiación, pruebas orbitales y coordinación industrial harán falta durante años antes de convertir VORTEX en una realidad operativa. Y competir contra SpaceX no es precisamente sencillo. Pero el mensaje detrás del proyecto parece bastante claro.

Europa no quiere limitarse a observar cómo otras potencias construyen la próxima economía espacial. Quiere tener su propia nave en la pista cuando empiece la siguiente gran etapa de la órbita baja.

Compartir esta historia

Artículos relacionados