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Ciencia

La burbuja protectora de la Tierra no se ha podido observar jamás, pero una nueva misión intentará que eso cambie

La misión SMILE pasará tres años estudiando la interacción de la magnetósfera del planeta con el clima solar
Por Ellyn Lapointe Traducido por

Tiempo de lectura 3 minutos

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En la noche del lunes el cohete Vega C de la Agencia Espacial Europea despegó desde Kourou, Guyana Francesa, llevando una nave espacial que promete mejorar significativamente lo que comprendemos del clima espacial. La misión, desarrollada en conjunto por la ESA y la Academia China de Ciencias, se ha estado desarrollando durante más de una década.

El explorador SMILE (Solar wind Magnetosphere Link Explorer) es un satélite de sensores remotos diseñado para captar las primeras imágenes globales de la burbuja magnética que rodea a la Tierra. La región, llamada magnetósfera, actúa como un escudo contra la radiación solar y de partículas cósmicas. Cuando el sol emite estallidos de radiación como llamaradas solares o eyecciones de masa coronal, las partículas cargadas pueden interactuar con la magnetósfera, creando tormentas geomagnéticas.

Son tormentas que pueden interferir en las redes eléctricas, las comunicaciones satelitales y otros sistemas de los que depende la vida moderna. Con su capacidad de visión sin precedentes, SMILE ayudaría a la ciencia a entender mejor estas tormentas para poder pronosticar sus impactos.

“Estamos a punto de ser testigos de algo que nunca antes se ha visto: la invisible armadura de la Tierra en acción”, dijo en un comunicado el Director General de la ESA Josef Aschbacher. “Con SMILE, estamos corriendo los límites de la ciencia para poder responder a grandes preguntas que son un misterio desde hace más de setenta años cuando se descubrió que la Tierra está protegida por una gigantesca burbuja magnética”.

Ver la Tierra desde un mirador nuevo

La nave SMLE se separó de la cuarta etapa del Vega C unos 57 minutos después del despegue, y desplegó con éxito sus paneles solares, según SpaceNews. El cohete ubicó a la nave en una órbita a unos 706 km por sobre la Tierra, pero en el próximo mes quemará unos 1.350 kg de propelente para ascender a una órbita científica altamente elíptica, informó SpaceNews.

En su máxima altitud el satélite estará a más de 121.200 km sobre el Polo Norte, y alcanzará ese punto una vez cada dos días, según la ESA. Es un tercio de la distancia promedio entre la Tierra y la Luna.

Desde ese punto SMILE podrá efectuar observaciones globales continuas  de la magnetósfera, captando imágenes de auroras y tomando mediciones in situ de los vientos solares y los campos magnéticos simultáneamente. La cámara de rayos X del satélite producirá las primeras imágenes de rayos X de la magnetósfera, revelando cómo las partículas cargadas del viento solar perturban el escudo magnético de la Tierra. Mientras tanto, la cámara ultravioleta de SMILE observará continuamente las auroras durante 45 horas cada vez.

“Por primera vez podremos entender la causa y el efecto”, dijo en una conferencia de prensa previa al lanzamiento la directora de ciencias de la ESA Carole Mundell, según SpaceNews. “Es de suma importancia científica, porque hoy la vida moderna depende mucho de nuestra infraestructura en el espacio”.

Un trabajo muy largo

SMILE debía lanzarse en 2021, pero la misión se postergó varias veces debido a inconvenientes técnicos y al impacto de la pandemia de COVID-19, según Space.com.

Ahora que el satélite está en órbita, empezará  a recoger datos a partir de julio. En las próximas semanas el equipo desplegará los dispositivos e instrumentos, abrirá las cubiertas de las cámaras y probará que todo funcione como se planeó.

La sociedad depende cada vez más de tecnologías que son vulnerables al clima espacial, por lo que entender estas tormentas adquiere cada vez más importancia. Si SMILE logra su cometido, la ciencia podrá predecir mejor las tormentas y prepararse adecuadamente para sus impactos.

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